¿Podría la FIFA multar al pato Merlín? Esto dice la legislación

Los grandes eventos deportivos suelen llegar acompañados por una identidad diseñada hasta el último detalle: logotipos, canciones, uniformes, patrocinadores y personajes capaces de convertirse en mercancía. El Mundial 2026 tiene tres mascotas oficiales cuidadosamente desarrolladas para representar a sus países anfitriones. Sin embargo, en México apareció una cuarta figura que nadie incluyó en el plan: un pato llamado Merlín.

El ave de dos años se volvió viral después del triunfo de México ante Sudáfrica en el partido inaugural. Mientras miles de aficionados celebraban sobre Paseo de la Reforma, Merlín caminaba entre la multitud con una pequeña camiseta verde de la Selección Mexicana y protectores en las patas. La escena parecía construida para internet, aunque surgió de manera completamente espontánea.

Merlín acompaña habitualmente a Carla Gómez y a su hijo Cristian durante su jornada de venta de aguas embotelladas en la zona de la Alameda Central. Su presencia ya era conocida entre clientes y transeúntes, pero el Mundial lo convirtió en un fenómeno internacional. Los videos llegaron a medios nacionales y extranjeros, la Selección Mexicana lo llamó su “patito incondicional” y una cuenta oficial dedicada a la Copa del Mundo compartió sus imágenes.

En cuestión de horas, la afición comenzó a tratarlo como la verdadera mascota mexicana del torneo.

La popularidad alcanzó otro nivel cuando la familia reveló que había sido contactada por representantes de FIFA para sostener una reunión en el Fan Festival del Zócalo. El propósito del encuentro no fue informado públicamente, lo que provocó versiones sobre posibles restricciones, reclamos legales e incluso una prohibición para presentarse en eventos oficiales.

Hasta ahora, ninguna de esas medidas ha sido confirmada por FIFA. Tampoco existe un comunicado oficial que describa a Merlín como una “mascota pirata” o anuncie sanciones contra su familia. La organización pidió una reunión y sus propietarios reconocieron que desconocían el motivo. Presentar el contacto como una prohibición consumada sería adelantarse a los hechos.

Lo que sí existe es una frontera comercial clara. Las mascotas oficiales del Mundial 2026 son Maple, el alce canadiense; Zayu, el jaguar mexicano, y Clutch, el águila estadounidense. Sus nombres, imágenes y productos forman parte de los activos protegidos por FIFA, junto con los emblemas, lemas y otros identificadores de la competencia.

Las políticas de protección de marca buscan impedir que empresas o vendedores utilicen esos elementos para establecer una asociación comercial sin licencia. También regulan la publicidad oportunista, las mercancías falsificadas y ciertas actividades promocionales dentro de estadios, Fan Festivals y las llamadas Zonas Limpias.

A partir de esas normas, Merlín podría enfrentar límites si fuera presentado comercialmente como personaje oficial del Mundial o si su imagen se explotara junto con marcas registradas de FIFA sin autorización. Su condición de mascota familiar y fenómeno popular, por sí misma, no equivale a una infracción.

El caso resulta especialmente interesante porque muestra dos maneras de construir un símbolo. Zayu fue creado para representar la fuerza del jaguar y su importancia dentro de las culturas mesoamericanas. Merlín llegó desde la calle, acompañando el trabajo cotidiano de una familia, y fue adoptado mediante videos, memes, ilustraciones y afecto colectivo.

Su éxito tampoco significa que pueda exponerse sin límites. La fama repentina atrae multitudes, cámaras y compromisos que pueden resultar estresantes para cualquier animal. Su familia asegura que fue acostumbrado progresivamente al ruido urbano y que utiliza protectores para evitar lesiones en las patas. La prioridad tendría que seguir siendo su bienestar, incluso si el pato termina participando en actividades relacionadas con el Mundial.

Tal vez FIFA quiera aclarar las reglas, explorar una colaboración o simplemente conocer al personaje que eclipsó por unos días su estrategia de marketing. Cualquier conclusión tendrá que esperar a que se conozca el resultado de la reunión.

Mientras tanto, Merlín ocupa un lugar que ninguna licencia puede fabricar: el de mascota espontánea de la afición. Su historia recuerda que la cultura popular suele producir sus propios símbolos, muchas veces desde los márgenes del espectáculo oficial. En un Mundial organizado alrededor de derechos comerciales multimillonarios, un pato que acompaña un puesto de aguas terminó representando algo difícil de planear: la simpatía inmediata de la calle.


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Imagen de portada: Especial

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