Cuando se habla del crecimiento del fútbol femenil en México, la conversación suele empezar con la profesionalización, las ligas actuales o las futbolistas que hoy juegan en Europa. Sin embargo, décadas antes de que existiera ese panorama, un grupo de mujeres logró algo que todavía sorprende: llenar el Estadio Azteca, romper récords de asistencia y convertir un torneo no oficial en uno de los momentos más importantes para el deporte practicado por mujeres.
A más de 50 años de aquella historia, varias integrantes de la Selección Mexicana Femenil que fue subcampeona del Mundial de 1971 siguen diciendo lo mismo: el reconocimiento institucional nunca llegó.
Su historia vuelve a tomar fuerza mientras México se prepara para recibir el Mundial de 2026, porque detrás de la fiesta futbolera que está por venir existe otra conversación pendiente sobre quienes ayudaron a construir el camino mucho antes.
El Mundial de 1971 que hizo historia y casi desapareció de la memoria
En 1971, México organizó un Mundial Femenil que no fue reconocido oficialmente por FIFA, pero que logró algo que pocos esperaban. Durante semanas, el país vivió un entusiasmo poco común alrededor del futbol practicado por mujeres.
Hubo campañas publicitarias, mercancía oficial, patrocinadores internacionales, transmisiones y estadios llenos. La mascota del torneo era Xóchitl, una futbolista con los colores mexicanos, y alrededor del evento se vendían camisetas, revistas, bolsas y recuerdos que reflejaban la dimensión comercial que alcanzó el campeonato.
El torneo aprovechó la fiebre futbolera que había dejado el Mundial varonil de 1970 y consiguió atraer multitudes históricas. Cerca de 80 mil personas asistieron al partido entre México e Inglaterra y la final disputada en el Estadio Azteca reunió a más de 110 mil aficionados, una cifra que permaneció durante años como récord mundial de asistencia para un partido de futbol femenil.
Mientras en otros países el futbol femenil seguía enfrentando restricciones y prohibiciones, México se convirtió por unas semanas en el centro de un fenómeno deportivo inesperado.
Cómo nació aquella selección mexicana
A finales de los años sesenta empezaban a surgir ligas femeniles en distintos espacios del país. Muchas jugadoras competían en canchas sencillas, con recursos limitados y prácticamente sin apoyo institucional.
Yolanda Ramírez, exportera del equipo, recuerda que la convocatoria para formar la selección llegó de manera simple: elegir a las mejores futbolistas de cada club hasta reducir el grupo, más de 50 jugadoras participaron en el proceso y solamente 16 viajaron.
Lo hicieron impulsadas principalmente por las ganas de jugar, pocas imaginaban que terminarían representando al país frente a miles de personas o que su participación terminaría marcando un antes y un después para generaciones futuras.
Del Azteca a las canchas de tierra
Aunque el torneo mostró que existía público, interés y talento, el impulso no logró sostenerse.
Las ex jugadoras recuerdan que, tras aquella exposición mediática, el fútbol femenil volvió a perder espacios y visibilidad. Varias de ellas pasaron de jugar frente a estadios repletos a regresar a torneos modestos y canchas de tierra.
Para Lupita Tovar, una de las figuras de aquella generación, resulta difícil entender que, pese al impacto que tuvieron, la Federación Mexicana de Futbol nunca les otorgó un reconocimiento forma, ni cuando regresaron de competir, ni durante los años posteriores.
Los homenajes llegaron desde otros espacios. Algunas integrantes fueron incorporadas al Salón de la Fama, aparecieron en documentales, inspiraron libros y proyectos audiovisuales que buscaron rescatar una historia que durante mucho tiempo quedó fuera de la conversación futbolística, aún así, muchos consideran que sigue existiendo una deuda histórica.
Las semillas que terminaron creciendo
Hoy el panorama es distinto; la Liga MX Femenil llena estadios, exporta talento y genera referentes para niñas y adolescentes que crecieron viendo futbol practicado por mujeres desde edades tempranas.
Ese legado puede verse en escuelas, equipos amateurs, torneos infantiles y en futbolistas profesionales que reconocen públicamente a quienes estuvieron antes.
Las pioneras recuerdan con emoción momentos recientes en los que jugadoras actuales y figuras del futbol mexicano se acercaron a agradecerles por abrir camino. Para ellas, esos gestos tienen un peso especial porque representan algo que durante décadas parecía ausente: memoria.
Con el Mundial 2026 cada vez más cerca, sus nombres vuelven a circular otra vez.
Y quizá esa sea una de las conversaciones más importantes rumbo al torneo: entender que antes del futbol femenil que hoy celebramos, hubo mujeres que jugaron sin estructuras, sin reconocimiento y, aun así, lograron llenar el estadio más grande del país.