«Engendro»: Lo aterrador de la maternidad

El cine ha retratado la maternidad de muchas maneras. Las historias más comunes —o al menos las más recordadas— suelen presentar a madres amorosas y cuidadoras, o a aquellas cuyo amor llega a convertirse en una sobreprotección que parece asfixiar a sus hijos. Sin embargo, cuando el miedo nace de la propia madre hacia su hijo, la narrativa cambia por completo.

Eso es precisamente lo que plantea la cineasta Hanna Bergholm en Engendro, su primer largometraje en inglés.

La historia sigue a Saga y Jon, interpretados por Seidi Haarla y Rupert Grint. La pareja decide mudarse a la casa donde Saga pasó su infancia, ubicada en un bosque finlandés. Ambos se muestran emocionados ante la idea de formar una familia, aunque en el rostro de Saga se percibe un anhelo mucho más intenso.

Tras el nacimiento de su hijo, algo parece no estar bien con el bebé, aunque únicamente Saga parece percibirlo. Un pelaje que recuerda más al de un animal, un llanto ensordecedor que parece buscar llevarla al límite y una inquietante sed de sangre convierten al pequeño en una presencia cada vez más perturbadora.

La película admite dos lecturas. La más evidente presenta al hijo como una criatura poseída que busca acabar con la vida de su madre, quien simplemente tuvo la desgracia de cruzarse con ella.

La otra lectura resulta mucho más interesante. Puede entenderse como una analogía sobre el miedo a la maternidad y sobre el momento en que la idealización de formar una familia se enfrenta a la realidad. La realidad de hacerse cargo de un ser que transforma por completo tu vida y también tu cuerpo; un cuerpo en el que muchas veces dejas de reconocerte. Una etapa en la que la madre parece quedar relegada a un segundo plano, mientras toda la atención gira alrededor del bebé. Una experiencia que algunas mujeres atraviesan y de la que pocas veces se habla: aquella donde, lejos de sentir un vínculo inmediato, aparece el desconcierto e incluso cierto rechazo al no comprender del todo a ese nuevo ser.

Y aquí aparece una de las mayores debilidades de la película. Aquello que puede interpretarse como una metáfora del terror que algunas mujeres experimentan durante la maternidad termina por volverse completamente literal. En consecuencia, la cinta reduce el espacio para que el espectador construya sus propias interpretaciones. En varios momentos parece insinuar que todo ocurre únicamente en la mente de Saga, ya que nadie más percibe lo que ella ve. Sin embargo, poco después suceden acontecimientos demasiado evidentes como para que el resto de los personajes los ignore. Esa ambigüedad termina jugando en su contra.

El mejor ejemplo es Jon. Su personaje representa una paternidad ausente y emocionalmente distante, una idea que funciona dentro del discurso de la película. Sin embargo, también presencia situaciones que resultan demasiado claras como para justificar su indiferencia, lo que provoca que, por momentos, parezca más ciego que ausente.

El bosque se convierte en el elemento más inquietante desde los primeros minutos. Más allá de su atmósfera misteriosa y del diseño sonoro, destacan los troncos con formas que evocan siluetas humanas y despiertan la sensación constante de que alguien permanece oculto entre los árboles. Es un recurso sencillo, pero tremendamente efectivo para generar tensión.

Con Engendro, Hanna Bergholm deja claro que posee una voz propia dentro del cine de terror. Aunque la película tropieza al explicar demasiado aquello que funcionaba mejor desde la sugerencia, su mirada resulta fresca y demuestra que el cine finlandés todavía tiene propuestas capaces de sorprender al público internacional.

© 2017 - pijamasurf.com Todos los derechos reservados