Bajo la gruesa atmósfera tóxica de Venus, donde la temperatura alcanza unos 465 grados Celsius y la presión aplastaría casi cualquier nave en minutos, científicos encontraron algo que vuelve a poner al planeta bajo discusión: 741 enormes estructuras circulares repartidas por toda su superficie que podrían revelar que su interior sigue mucho más activo de lo que imaginábamos.
Durante años, estas formaciones fueron vistas como marcas geológicas aisladas. Ahora, una investigación presentada en la Asamblea General de la Unión Europea de Geociencias 2026 plantea otra posibilidad: estas estructuras podrían estar conectadas con procesos internos complejos que siguen modificando al planeta desde abajo.
Los enormes anillos que cubren Venus
Estas estructuras son conocidas como coronas o coronae. Se trata de enormes sistemas de fracturas y deformaciones del terreno que forman patrones circulares visibles desde el espacio. Algunas miden apenas decenas de kilómetros, mientras otras superan los 2 mil kilómetros de diámetro.
Para estudiarlas, investigadores encabezados por Anna Gulcher, científica planetaria de la Universidad de Friburgo, recurrieron a información obtenida por la misión Magellan de la NASA, una nave que orbitó Venus entre 1990 y 1994 y logró mapear casi toda la superficie del planeta usando radar capaz de atravesar su espesa atmósfera.
Décadas después, esos datos siguen ofreciendo respuestas nuevas.
La pista apunta al interior del planeta
La explicación más sólida hasta ahora señala que estas coronas serían la huella visible de material extremadamente caliente ascendiendo desde el interior venusiano.
Este proceso, conocido como convección del manto, ocurre cuando material rocoso profundo sube lentamente, empuja la corteza y provoca deformaciones gigantescas en la superficie. Los modelos tridimensionales desarrollados por el equipo detectaron posibles columnas de material caliente bajo 52 coronas, lo que sugiere que Venus podría seguir siendo geológicamente activo.
Además, las diferencias entre unas coronas y otras indican que no todas se forman igual. Algunas parecen responder a mecanismos internos distintos, lo que vuelve mucho más compleja la dinámica del planeta.
Lo que Venus podría decir sobre la Tierra
El hallazgo importa porque Venus y la Tierra son parecidos en tamaño y composición, pero evolucionaron de formas completamente distintas.
Mientras la Tierra desarrolló tectónica de placas y océanos capaces de reciclar carbono y regular procesos internos, Venus parece haber tenido una evolución mucho más limitada. Comprender estas coronas podría ayudar a responder cómo funcionan los planetas rocosos sin placas tectónicas activas y qué condiciones hacen posible que un mundo evolucione de forma tan diferente.
Las próximas misiones, como VERITAS y EnVision, buscarán observar el subsuelo venusiano con más detalle. Hasta entonces, estos 741 círculos gigantes siguen planteando una pregunta interesante: ¿qué tanto desconocemos todavía del planeta más parecido a la Tierra?.