Antes de que las ciudades quedaran dominadas por avenidas, automóviles y sistemas de transporte masivo, la bicicleta abrió la posibilidad de desplazarse con autonomía, rapidez y a bajo costo. Por eso, cada 3 de junio se conmemora el Día Mundial de la Bicicleta, una fecha que invita a mirar más allá del vehículo de dos ruedas para entender el profundo impacto que ha tenido en la historia contemporánea.
Su origen se remonta al siglo XIX, cuando distintos inventores europeos desarrollaron los primeros modelos que permitían recorrer mayores distancias sin depender de animales de carga o de complejas infraestructuras. Aquella innovación transformó la manera en que millones de personas se relacionaban con el espacio público. Por primera vez, sectores amplios de la población pudieron acceder a una movilidad relativamente independiente, ampliando sus horizontes laborales, educativos y sociales.
La bicicleta también sentó las bases tecnológicas de una revolución mayor. Muchos de los avances en materiales, sistemas de transmisión, neumáticos y manufactura que surgieron de la industria ciclista fueron posteriormente incorporados por las motocicletas y, más tarde, por los automóviles. Antes de convertirse en un símbolo ambiental o deportivo, la bicicleta fue una de las primeras herramientas de democratización de la movilidad moderna.
Más de un siglo después, sigue ocupando un lugar singular en la vida pública. La bicicleta es una forma de disputar el espacio urbano, reducir desigualdades y replantear la relación entre los ciudadanos y las ciudades que habitan.
La bicicleta como un salvavidas ante el Covid-19
La pandemia de Covid-19 recordó la importancia social de la bicicleta. Mientras el transporte público era percibido por muchos como un espacio de riesgo sanitario, miles de personas encontraron en las dos ruedas una alternativa para continuar con sus actividades cotidianas.
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), durante agosto de 2020 se fabricaron en México 111 mil 695 bicicletas, un incremento anual de 21 por ciento. Fue la primera ocasión en ese año que la producción mensual superó las 100 mil unidades.
Se trató además del mayor volumen registrado para un mes de agosto en ocho años y del crecimiento más importante para cualquier mes desde junio de 2018. Detrás de esos números existía una realidad evidente: ante una crisis sanitaria sin precedentes, la bicicleta volvió a demostrar su capacidad para responder a necesidades urgentes de movilidad.
Lo que para algunos era una actividad recreativa se convirtió para otros en una herramienta indispensable para acudir al trabajo, realizar compras o mantener una distancia física razonable durante los desplazamientos diarios.
Mujeres en dos ruedas
Hay una imagen que vale la pena detenerse a considerar: una mujer de finales del siglo XIX, con falda larga y corsé, intentando pedalear. Era, en términos prácticos, imposible. Y esa imposibilidad se volvió, paradójicamente, una palanca de cambio social.
Cuando las bicicletas empezaron a popularizarse en Europa y Estados Unidos, las mujeres que querían usarlas se toparon con un problema de diseño que era también un problema político: la ropa que se suponía debían usar no era compatible con pedalear. La solución no fue abandonar la bicicleta, sino cambiar la ropa. Así llegaron los pantalones bombachos, la ropa "racional" y una pequeña revolución en el vestuario femenino que anticipó décadas de transformaciones más profundas.
La activista estadounidense Susan B. Anthony reconoció esa transformación en una entrevista publicada por el New York Sunday World en 1896: “Creo que la bicicleta ha hecho más para emancipar a las mujeres que nada en el mundo. Me levanto con regocijo cada vez que veo a una mujer paseando sobre ruedas… la imagen de una feminidad libre y sin trabas”.
El entusiasmo fue tan amplio que para 1898 el ciclismo se había convertido en una actividad masiva en Estados Unidos. El New York Journal of Commerce llegó a señalar que la popularidad de este medio de transporte provocaba pérdidas millonarias para restaurantes y teatros, debido a que cada vez más personas preferían pasar su tiempo recorriendo caminos y carreteras.
Al mismo tiempo, la industria ciclista se consolidó como uno de los sectores más innovadores de la economía estadounidense. Cerca de una tercera parte de las solicitudes de patentes estaban relacionadas con bicicletas, impulsando desarrollos tecnológicos que posteriormente influirían en la industria automotriz.ç
Una herramienta para democratizar las ciudades
La relevancia política de la bicicleta permanece vigente porque su uso plantea preguntas fundamentales sobre quién tiene derecho a ocupar las calles y bajo qué condiciones.
En ciudades diseñadas durante décadas para favorecer al automóvil, la bicicleta propone una distribución más equitativa del espacio público. Su presencia reduce la dependencia de los vehículos motorizados y favorece entornos urbanos donde peatones, ciclistas y usuarios del transporte colectivo pueden convivir en mejores condiciones.
También funciona como un mecanismo de igualdad social, pues mientras el automóvil suele asociarse con diferencias económicas y símbolos de estatus, la bicicleta elimina muchas de esas barreras. Sobre ella coinciden estudiantes, trabajadores, profesionistas y comerciantes que comparten la misma infraestructura y enfrentan retos similares durante sus trayectos.
Su accesibilidad económica representa otro factor clave. Para millones de personas, la bicicleta ofrece independencia sin requerir grandes inversiones ni gastos permanentes de combustible, mantenimiento o estacionamiento.
Por ello, el ciclismo urbano ha sido adoptado por movimientos ciudadanos en distintas partes del mundo como una forma de activismo cotidiano. Pedalear se ha convertido en una manera de exigir calles más seguras, reducir emisiones contaminantes y cuestionar modelos de desarrollo urbano centrados exclusivamente en el automóvil.
A más de cien años de su expansión global, la bicicleta sigue siendo una de las tecnologías más sencillas y, al mismo tiempo, más transformadoras de la vida moderna. También. marcado por una crisis climática, la desigualdad urbana y la búsqueda de ciudades más habitables, las dos ruedas son una respuesta vigente a problemas profundamente contemporáneos como la desigualdad, la apropiación del espacio público por la ciudadanía y la clase obrera, sin mencionar el impacto positivo al medioambiente que esto puede generar.