Los sollozos se mezclaban con las consignas. Entre las veladoras, las fotografías y las mantas que cargaban los rostros de quienes siguen ausentes, una madre repetía lo mismo que miles de familias en México han dicho durante años: ella sólo quería encontrar a su hijo.
La noche del 10 de junio, cerca de dos mil familiares de personas desaparecidas y colectivos de búsqueda provenientes de distintos estados del país marcharon sobre Calzada de Tlalpan con la intención de llegar a las inmediaciones del Estadio Azteca, hoy denominado Estadio Ciudad de México para efectos de la Copa Mundial de Futbol 2026. Ahí planeaban realizar una velada para recordar a las más de 133 mil personas desaparecidas en México y aprovechar la atención internacional que concentra el torneo para visibilizar una crisis que sigue creciendo.
La movilización avanzó de forma pacífica desde las inmediaciones de la estación Registro Federal del Tren Ligero. Conforme el contingente avanzaba sobre Calzada de Tlalpan, el Servicio de Transportes Eléctricos suspendió por completo la operación del Tren Ligero, afectando todas las estaciones de la línea durante varias horas. Mientras miles de usuarios buscaban rutas alternas para desplazarse por la zona sur de la ciudad, un amplio dispositivo de seguridad acompañaba la marcha. Sin embargo, las familias nunca lograron llegar a su destino.
A la altura de Calzada del Hueso y de la estación Textitlán, donde comenzaba la llamada "última milla", las autoridades instalaron una extensa valla metálica y un cerco conformado por cientos de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Ahí, el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto, informó que no se permitiría el acceso más allá de ese punto. La respuesta de las madres fue sencilla: querían llegar hasta donde terminaba el bloqueo para realizar una velada por sus desaparecidos y recordar que la crisis que atraviesa el país no puede quedar fuera de la conversación pública.
La escena dejó una imagen difícil de ignorar. De un lado se encontraban familias sosteniendo retratos de hijos, hermanas, padres y amigos cuyo paradero sigue siendo desconocido. Del otro, una larga valla metálica respaldada por un muro humano de policías que impedía el paso hacia el estadio. La barrera física terminó convirtiéndose también en una imagen simbólica: la distancia entre quienes buscan respuestas desde hace años y unas instituciones que, a juicio de los colectivos, siguen sin responder con la misma contundencia que muestran para resguardar un evento internacional.
El país que quiere mostrarse al mundo
Las consignas que acompañaron la marcha no estaban dirigidas contra el futbol. Tampoco contra quienes esperan con entusiasmo el inicio del torneo. El reclamo apuntaba hacia otro lugar.
Los colectivos denunciaron que el Mundial se ha convertido en una oportunidad para mostrar una versión ordenada y festiva del país mientras miles de familias siguen enfrentando una emergencia humanitaria que rara vez recibe la misma atención institucional.
La contradicción resultó especialmente dolorosa para quienes llevan años buscando a sus seres queridos. Porque mientras las autoridades desplegaban cientos de elementos para proteger la imagen de un estadio, esas mismas madres continúan denunciando la falta de personal especializado, presupuesto suficiente y mecanismos eficaces para localizar a quienes desaparecieron.
"Así como organizan el Mundial, podrían disponer de herramientas eficaces para buscar a los que nos faltan", reclamaron durante la movilización.
La frase sintetiza una molestia acumulada durante años. Muchas de las mujeres presentes han tenido que asumir tareas que corresponden al Estado. Han recorrido caminos, tocado puertas, revisado expedientes y organizado brigadas de búsqueda mientras esperan respuestas que pocas veces llegan.
La indignación de la noche nació precisamente de esa disparidad. Porque mientras el Estado mostraba toda su capacidad para impedir que las madres llegaran al estadio, miles de familias siguen esperando que esa misma voluntad se traduzca en acciones efectivas para encontrar a quienes faltan.
Las que buscan donde nadie más busca
Durante años, las madres buscadoras han recorrido desiertos, montes, terrenos baldíos y fosas clandestinas. Han aprendido a identificar indicios, a organizar brigadas y a escarbar la tierra con sus propias manos cuando las investigaciones oficiales se estancan.
Lo hacen impulsadas por una pregunta que sigue sin respuesta: ¿dónde están?
Detrás de cada fotografía que apareció durante la marcha existe una historia interrumpida. Nombres como Jenyfer Román, Armando Reyes, Guillermo López, Karla Tela, Brayan Torres, Ignacio Santiago, Luis Daniel Nicolás o Ximena López representan apenas una parte de una cifra que continúa creciendo y que, para muchas familias, no refleja la dimensión real del problema.
Por eso, para quienes participaron en la movilización, el bloqueo no fue únicamente una medida de seguridad. También fue un recordatorio de los obstáculos que han enfrentado durante años para ser escuchadas. La sensación de que el dolor puede quedar relegado cuando existen otros intereses que proteger y otras imágenes que preservar.
México se prepara para recibir visitantes, cámaras y reflectores de todo el mundo. Sin embargo, las madres buscadoras recordaron que también existe otro país. Uno que no aparece en los promocionales turísticos ni en las campañas de imagen; un país atravesado por la ausencia, donde miles de familias siguen esperando noticias de quienes desaparecieron.
Una pregunta que sigue esperando respuesta
Aunque se registraron momentos de tensión cuando un pequeño grupo intentó agredir a funcionarios y causar daños a algunas patrullas, los colectivos de búsqueda se deslindaron de esos actos y reiteraron el carácter pacífico de la movilización. Su objetivo, insistieron, era visibilizar la crisis de desapariciones y recordar que detrás de cada número existe una persona que no ha regresado a casa.
Al final de la noche, frente al cerco policial que les impidió continuar su camino, las madres encendieron veladoras y pronunciaron una consigna que atravesó la celebración inminente y recordó aquello que sigue faltando.
"El balón regresa a casa".
Desde el contingente llegó la respuesta.
"¿Y nuestros desaparecidos cuándo?".