En la costa sur de Mahahual se está decidiendo algo que rebasa por mucho la construcción de un nuevo atractivo turístico. La aprobación de Perfect Day Mexico, el megaproyecto de Royal Caribbean, encendió una discusión que toca una herida conocida en el Caribe mexicano: hasta dónde puede seguir estirándose la idea de desarrollo antes de romper el territorio que la sostiene.
Mahahual es un poblado de poco más de tres mil habitantes en la Costa Maya de Quintana Roo. Durante años ha conservado un ritmo distinto al de otros destinos del estado. Su verdadero valor no está sólo en sus playas, sino en su cercanía con el Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo arrecife de coral más grande del mundo, un ecosistema del que dependen peces, tortugas, mantarrayas, manatíes y buena parte de la vida marina de la región.
Un proyecto gigantesco en un ecosistema frágil
Royal Caribbean plantea un parque acuático, infraestructura turística y un espacio pensado para recibir hasta 21 mil visitantes diarios.
La cifra por sí sola ya genera inquietud, pero el punto que más ha encendido las alertas está en el impacto ambiental.
De acuerdo con la Manifestación de Impacto Ambiental del propio proyecto, la obra contempla desmonte de vegetación costera y afectación directa de manglares. No es un detalle menor. Los manglares rojo, blanco y botoncillo presentes en la zona están catalogados bajo protección ambiental en México.
La revisión de organizaciones ambientales ha sido todavía más dura. Mientras la documentación presentada por la empresa identificó 39 especies en el predio, Greenpeace reportó al menos 306 especies de flora y fauna, de las cuales 45 se encuentran en alguna categoría de riesgo.
Ese contraste es uno de los puntos que más indignación ha provocado.
El peso real del manglar y del arrecife
Los manglares son barreras naturales frente a huracanes, filtran sedimentos, protegen la calidad del agua y funcionan como zonas de crianza para múltiples especies marinas. Sin ellos, el arrecife recibe más presión, más contaminación y más vulnerabilidad.
Y en Mahahual esa relación importa todavía más porque el proyecto se ubica a muy poca distancia de la Reserva de la Biosfera Caribe Mexicano.
También preocupa la omisión sobre especies especialmente sensibles. Colectivos ambientales han señalado que la documentación del proyecto no dimensiona con claridad el impacto potencial sobre tortugas marinas y zonas de anidación. En un ecosistema así, el problema no suele aparecer de golpe. Se acumula. Y cuando se vuelve visible, muchas veces ya es demasiado tarde.
Un modelo que puede dejar fuera a Mahahual
Perfect Day Mexico no está pensado para integrar al visitante con la vida local, sino para concentrar el consumo dentro de un complejo privado. El pasajero baja del crucero, permanece dentro del circuito de la empresa y vuelve al barco.
Eso significa que miles de turistas pueden llegar todos los días sin que esa presencia se traduzca realmente en beneficio para pescadores, restaurantes, guías o pequeños comercios.
En una comunidad de tres mil habitantes, recibir hasta 21 mil visitantes diarios también implica presión sobre agua, residuos, movilidad y vivienda. En otros puntos del Caribe mexicano esa fórmula ya produjo una consecuencia conocida: suben precios, se saturan servicios y la población local empieza a quedar desplazada.
Más que un parque acuático
La molestia creció todavía más cuando, tras una serie de recursos legales y suspensiones temporales, un tribunal federal desechó uno de los amparos por cuestiones de plazo procesal. En los hechos, eso permitió que el proyecto siguiera avanzando.
Lo que muchos habitantes, científicos y organizaciones están cuestionando no es únicamente una obra. Lo que están poniendo sobre la mesa es un modelo que insiste en vender crecimiento inmediato incluso cuando el costo ambiental puede ser irreversible.
Entonces, queda preguntarse, ¿cuánto vale un arrecife?, ¿Cuánto vale un manglar?. Y cuánto tiempo puede sobrevivir una comunidad cuando el desarrollo llega con la promesa de prosperidad, pero empieza por rediseñar el territorio sin pedirle permiso a quienes lo habitan.