La complejidad del mundo en extremo globalizado, las relaciones y fenómenos surgidos por y desde esta última forma del capitalismo financiero -que diversos teóricos/as han llamado de maneras diferentes: capitalismo de las plataformas, capitalismo digital, capitalismo informático, etc.- a su vez ha causado que diversos grupos y poblaciones en todo el globo se yergan en protestas para detener y, en el mejor de los casos, eliminar las exclusiones y el sistema de muerte que a su vez produce el régimen del capital.
En oposición, desde las posturas más conservadoras, esas que precisamente intentan mantener esquemas de dominación políticos, económicos, sociales y de la vida en general, se ha puesto en escena un discurso que llama de manera peyorativa a los primeros “woke”. En la pretensión de descalificar sus lógicas y protestas, el discurso conservador y ultraconservador trata de mantener una visión bélica, racista y xenófoba, que menosprecia a quienes denomina “woke”, tildándolos muchas veces de frágiles, superficiales, o de pertenecer a la “generación de cristal”.
No obstante, ante la rebatinga de discursos, lo cierto es que quienes experimentamos este mundo y las maneras en que está constituido, no podemos pasar por alto la pobreza, el crimen organizado, la rapacidad de ciertos gobiernos, la precariedad de los empleos, la falta de reconocimiento de los derechos sociales y humanos históricamente ganados, la profunda desigualdad que siguen padeciendo ciertos grupos y, en general, toda la violencia que la organización de este sistema-mundo representa para los individuos y sociedades enteras; que se traduce en el impedimento del desarrollo de la vida. Un sistema-mundo más inclinado a propinar y establecer formas mortíferas, que ya han dicho autores como Bobby Banerjee (2008), con su idea de necrocapitalismo, basándose el concepto de necropolítica de Achille Membe.
En suma: la realidad por la que pujan los sectores conservadores en superponer a través de discursos, tendencias y esferas aisladas en la red, no encaja para nada con la turbulenta y criminal realidad de la que somos testigos día con día: el ver cómo la realidad que produce el sistema-mundo engulle todo a su paso, cuerpos, vidas, trayectorias, en suma, potencialidades que podrían aprovecharse para beneficio propio y ajeno, es tragado por estos esquemas de la explotación y muerte.
Ante ello y, sobre todo, ante la apabullante confección de discursos de odio ultraconservadores que intentan construir enemigos imaginarios, es oportuno y necesario hacernos siempre la pregunta de si aquello que leemos tiene que ver con la realidad que observamos y, de manera deseable, esgrimir de aquella pregunta un posicionamiento propio.
Pensamiento crítico le llaman ahora y no es una cuestión de moda: ante la sobreinformación, mucha de la cual no es verificada ni proviene de fuentes confiables, es muy fácil ser presa de posturas radicales que intentan explicar desde el odio y la violencia fenómenos que, paradójicamente, se han producido desde ese sistema-mundo mortífero que propina aniquilación. Cambiar la dirección y creer en que “el mundo está como está” porque las nuevas generaciones “ya no aguantan nada” es conceder la legitimación de una visión que ha permitido que las formas de la violencia, el racismo, la xenofobia, sumadas ahora la acumulación y el hiperconsumo continúen no sólo con sus raíces intactas, sino cada vez más extendidas en nuestro pensamiento y entendimiento del mundo.
Valentina Tolentino Sanjuan es socióloga y Maestra en Filosofía por la UNAM, Doctora en Humanidades (línea Filosofía Moral y Política, UAM) y editora en Viceversa. Investiga sobre subjetividad a partir del cambio tecnológico; también sobre feminismos y literatura. Es miembro activo de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas y miembro de la Revista de filosofía Reflexiones Marginales Saberes de la Frontera de la UNAM.