Un estudio liderado por investigadores del Colegio Universitario de Londres junto con la Universidad de Cambridge han puesto sobre la mesa una respuesta que para muchas de las personas apasionadas de la paleontología y de los dinosaurios en general, nos ha tenido en ascuas. Se trata de la verdadera razón por la que los Tyrannosaurus tenían los brazos cortos y es que, a pesar de su gran tamaño y sus mandíbulas gigantes, este depredador del Cretácico es conocido por sus diminutas extremidades.
La respuesta más corta es la evolución, por supuesto pero ¿por qué sacrificar un par de herramientas que podrían haber sido útiles para la caza y la defensa de otros depredadores?
Publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B, la investigación analizó 85 especies de terópodos —el gran grupo de dinosaurios bípedos, mayoritariamente carnívoros— y llegó a la conclusión de que la reducción de las extremidades delanteras fue una solución que la naturaleza "inventó" al menos cinco veces por separado, en tiranosaurios, abelisaurios, carcarodontosaurios, megalosaurios y ceratosaurios.
El dato más sugerente que arrojó el análisis es la correlación entre el poder masticador y el tamaño de las extremidades: cuanto más imponente el cráneo y más devastadora la mordida, más reducidos los brazos.
Y la correlación aguantó incluso al controlar por tamaño corporal. Por ejemplo, el Majungasaurus, depredador de Madagascar de hace 70 millones de años que apenas superaba la tonelada y media, seguía el mismo principio: cráneo monumental, brazos casi decorativos.
La constante es que esta distribución del cuerpo era característico de grandes depredadores. Derribar y neutralizar semejantes criaturas habría puesto toda la presión selectiva sobre las mandíbulas, no sobre las garras. Al mismo tiempo, sostener una cabeza colosal y unos brazos musculosos habría sido un lujo energético difícil de sostener: si los brazos ya no decidían la cacería, la evolución los fue recortando sin miramientos.
Por eso, aunque la imagen del T. rex con sus bracitos resulte muy chistosa conviene no subestimarlos del todo, ya que, algunas estimaciones apuntan a que aún eran capaces de levantar más de 100 kilos, suficiente para sujetar una presa ya sometida por la mordida, o simplemente para levantarse del suelo. Pero al final de todo ¿quién hubiera querido un abrazo del Tyrannosaurus Rex?