Diego Luna regresó al Festival de Cannes después de 16 años con Ceniza en la boca, una película que lo coloca nuevamente detrás de la dirección y que abre una conversación íntima sobre las ausencias, la migración y las fracturas familiares. La proyección especial terminó convertida en uno de los momentos más comentados del certamen, con una ovación prolongada y la presencia de figuras como Alfonso Cuarón, Marina de Tavira y Gael García Bernal.
Un regreso que carga memoria
Antes de la función, Thierry Frémaux, delegado general del festival, comentó que el comité de selección había visto la película meses atrás y que desde entonces se había quedado presente en su memoria. Esa reacción anticipaba el tipo de recepción que tendría la obra en la sala Buñuel, donde el ambiente estuvo marcado por la expectativa y la emoción contenida.
Un discurso entre el francés y la intimidad
Diego Luna apareció visiblemente conmovido. Inició su presentación en francés, idioma que dijo haber aprendido con ayuda de su hijo, y después continuó en español. Ahí describió el proceso de la película como una experiencia de libertad completa, desde el inicio hasta el final. También agradeció a las productoras Inna Payán y Valérie Delpierre por acompañar el proyecto desde su desarrollo.
En su intervención también recordó su paso por Cannes en 2010 con Abel, su debut como director. Aquella película también giraba en torno a la figura paterna, lo que volvió inevitable la comparación emocional entre ambas experiencias.
La paternidad como centro emocional
El momento más personal llegó cuando habló de su familia. Luna dedicó la película a sus hijos presentes en la sala y también a la memoria de su padre. En ese gesto se concentró parte del sentido del filme, una reflexión sobre lo que se hereda, lo que se repite y lo que se intenta evitar.
Ceniza en la boca aparece atada por esa idea. La historia observa la paternidad desde la ausencia y desde la duda, como una pregunta constante sobre los modelos que se repiten o se rompen con el tiempo.
Migración y desplazamiento
La película también se mueve en el terreno de la migración. No desde el dato duro, sino desde la experiencia emocional de quienes dejan un lugar para intentar reconstruirse en otro. Luna señaló que le interesaba que la historia no se quedara únicamente en la emoción, sino que abriera preguntas sobre lo que implica partir, sostenerse lejos y enfrentar lo que queda atrás.
Un elenco que acompaña el viaje
Adriana Paz, parte del elenco, celebró su regreso a Cannes con una película que describió como una experiencia profundamente significativa. También participan Anna Díaz, Teresa Lozano e Irene Escolar, en una producción realizada entre México y España bajo el sello de La Corriente del Golfo, la compañía fundada por Luna y Gael García Bernal.
Recepción en la sala Buñuel
Tras la proyección, el ambiente se mantuvo en una mezcla de emoción y reconocimiento. Alfonso Cuarón destacó que la película lo había sorprendido y le había gustado mucho. Gael García Bernal explicó su papel como productor desde el acompañamiento creativo, cuidando que la visión del proyecto se desarrollara con libertad.
Una historia que cruza fronteras
La película, conocida internacionalmente como Ashes, ya tiene asegurada su distribución global tras la adquisición de Netflix para América Latina, España y Portugal. Su estreno en plataformas llegará después de su paso por salas en 2027.
Basada en la novela de Brenda Navarro, la historia sigue a Lucila, una joven que viaja a España junto a su hermano en busca de su madre. Ese reencuentro se convierte en el punto de partida de una exploración sobre el duelo, la identidad y el desarraigo.
En Cannes, la película encontró un espacio donde esas tensiones personales y sociales se volvieron visibles para una audiencia internacional, dejando una conversación abierta sobre lo que significa buscar un lugar propio en medio del movimiento constante.