¿La carne de burro entra a los asados argentinos?

Desde Alaska hasta Tierra del Fuego, la hermana República de Argentina goza de la fama que le han dado sus cortes de carne y la calidad de sus asados. Tira, matambre, vacío, bife de chorizo, entraña, cuadril, son muchos los cortes que han hecho a la comunidad argenta merecedora de tan alta distinción, pero al ser un pueblo tan profundo, no puede quedar de lado también la profunda crisis económica por la que atraviesa y eso se ve reflejado en los bolsillos del día a día y también en las propuestas de algunos personajes políticos afines al gobierno de Javier Milei.

En la provincia de Chubut, la aparición de carne de burro en el mercado local se ha convertido en un síntoma del deterioro económico que atraviesa el país. Lejos de representar una innovación productiva, esta alternativa surge en un contexto donde amplios sectores han quedado fuera del acceso a la carne de res, un alimento central en la dieta argentina.

El proyecto, impulsado por el productor Julio Cittadini, comenzó a venderse en abril de 2026 en la ciudad de Trelew. Con un precio de alrededor de 7 mil 500 pesos por kilogramo, la carne de burro se presenta como una opción “más accesible”, aunque evidencia la pérdida del poder adquisitivo frente a los cortes tradicionales, cuyo costo se ha vuelto inalcanzable para muchas familias.

Cabe mencionar que para muchas argentinas y argentinos, este tipo de medidas no responden a una diversificación planificada del consumo, sino a una adaptación forzada ante la crisis. La sustitución de la carne vacuna por productos antes marginales expone un cambio regresivo en los hábitos alimentarios, asociado al aumento de la pobreza y a la presión inflacionaria que persiste en el país.

El emprendimiento busca el aval del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), pero ha generado cuestionamientos tanto por su viabilidad como por el mensaje que envía en términos de política económica. Para distintos sectores, normalizar este tipo de consumo implica aceptar una caída en las condiciones de vida.

Sin embargo, hay voces como la de la pastora evangélica y senadora de la Libertad Avanza, Vilma Bedia, que defienden el consumo de la carne de burro al considerarla  –en un claro y muy improvisado argumento para mimetizar el golpe que esto representa– una especialidad gastronómica.

“Poder incorporar al burro como una carne magra, así como la llama… Usted va a un restaurante de la capital a pedir un bife de burro o de llama, realmente es una especialidad para la gente europea. Es un plato fino. Quizás nosotros los argentinos, generalmente los provincianos, no sabemos valorar lo que tenemos", dijo la legisladora. 


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