"El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente".
Lord Acton.
En apenas dos días, el escenario internacional pasó de las audiencias relacionadas con los llamados archivos Epstein a una crisis militar de gran escala en Medio Oriente. La sucesión de eventos nos hace pensar que ¿dos guerras en dos días mientras figuras clave del poder estadounidense enfrentaban interrogatorios por el caso Epstein?
19 de febrero: el príncipe Andrés, ex duque de York fue detenido en medio de las investigaciones sobre su relación con Jeffrey Epstein, acusado durante años de operar una red de explotación sexual de menores con vínculos en las élites políticas y económicas.
24 de febrero: el multimillonario Bill Gates pidió disculpas públicas por sus vínculos con Epstein y por haberse reunido con él después de que el caso ya era conocido públicamente.
26 de febrero: Hillary Clinton compareció para testificar sobre su posible conocimiento de las actividades de Epstein y su red de contactos. Ese mismo día también se anunció la renuncia del presidente del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), Børge Brende, tras revelarse sus vínculos y reuniones con Epstein.
27 de febrero: el expresidente Bill Clinton también fue llamado a testificar. Mientras los ojos del mundo se centraban en Washington, ese mismo día Pakistán lanzó un ataque contra Afganistán.
28 de febrero: Un día después, tras un bombardeo contra Teherán, se informó que el líder supremo de Irán, Ali Jamenei, murió en una operación atribuida a Israel y los Estados Unidos
Cabe mencionar que, ese mismo día, la empresa OpenAI, creadora de ChatGPT, anunció un acuerdo multimillonario con el Departamento de Defensa de Estados Unidos para proveer tecnología destinada a la gestión de archivos clasificados en la nube. Este contrato llamó mucho la atención porque coincidió con el aumento de tensiones militares y con el resurgimiento del debate sobre documentos sensibles dentro del gobierno estadounidense.
La secuencia de acontecimientos se amplía si se observan otros episodios recientes como el asesinato de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, y la detención del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero tras una incursión militar estadounidense.
Sonando un poco conspirativos, la coincidencia temporal de estos eventos sugiere la posibilidad de estrategias coordinadas que buscan impactar escenarios clave para la geopolítica y los intereses estratégicos de Estados Unidos. Bajo esa lectura, los conflictos internacionales y las operaciones de alto perfil funcionarían también como mecanismos para desplazar la atención pública de temas incómodos, entre ellos el alcance real de los archivos Epstein.
Trump es un psicópata: Epstein
El periodista Témoris Grecko retomó este debate en una columna publicada en el diario Milenio, donde recupera conversaciones incluidas en los documentos del caso Epstein.
En 2018, cuando Donald Trump enfrentaba su primer proceso de destitución mientras el fiscal especial Robert Mueller investigaba su entorno, Epstein sostuvo una conversación por iMessage con una persona cuyo nombre fue ocultado en los informes oficiales, aunque se cree que el interlocutor podría ser el estratega político y ultraconservador, Steve Bannon.
Epstein ahondó sobre la posibilidad de que Trump recurriera a una acción militar para distraer la atención pública en caso de verse acorralado políticamente. El ataque reciente contra Teherán volvió a poner en circulación esas conversaciones, incluidas en el documento EFTA01211330.pdf por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.
Este es un fragmento de la conversación sostenida el 20 de diciembre de 2018:
La cortina de humo
La sucesión de detenciones, testimonios y revelaciones vinculadas con el pederasta, Jeffrey Epstein parecía abrir una etapa de mayor escrutinio sobre redes de poder que durante años permanecieron protegidas por el silencio institucional.
Sin embargo, el ascenso de conflictos internacionales y otros acontecimientos de alto impacto mediático cambió el foco de la conversación pública. La agenda informativa pasó de las acusaciones de explotación sexual, pederastia y manipulación vinculadas al caso Epstein a los conflictos militares y a las disputas por el control energético en el Estrecho de Ormuz.
Esa transición nos recuerda una vez más que si los grandes escándalos no pueden desaparecer, la forma más efectiva de neutralizarlos puede ser enterrarlos bajo una crisis aún mayor.
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