La febrícula todavía sigue en el aire tras la participación de Bad Bunny en el el show del medio tiempo durante la edición LX del Super Bowl y aunque el mensaje de una América unida” se maximizó por la naturaleza mediática del evento, esto no es un mensaje reciente; de hecho desde hace siglos se ha hecho un llamado a la unidad como región. Tal vez el sueño aún no esté del todo cercano, pero no es tan lejano como lo que alguna vez soñaron José Martí, Simón Bolívar o José de Martín.
La historia latinoamericana nos ha mostrado a lo largo de los años, que la idea de una región integrada ha surgido de contextos distintos, impulsada tanto por proyectos políticos concretos como por reflexiones culturales y literarias. Estas voces, separadas por siglos y circunstancias, coinciden en la necesidad de pensar América Latina como un espacio común frente a las fuerzas externas y proteccionistas que la fragmentan.
Francisco de Miranda y la primera idea continental
Mucho antes de que las guerras de independencia se consolidaran, el venezolano Francisco de Miranda ya había concebido un proyecto de integración continental. Desde finales del siglo XVIII, imaginó una Hispanoamérica emancipada y articulada bajo un mismo esquema político. En 1790 redactó un plan detallado para establecer un gobierno libre e independiente en la América meridional, con una estructura que superara las divisiones heredadas del orden colonial.
Esa visión reapareció en 1797 con el Acta de París, documento en el que se proponía la creación de un cuerpo representativo continental. Aunque nunca se materializó, la idea de Miranda sentó una base conceptual para los debates posteriores sobre unidad regional.
Simón Bolívar y la unidad como defensa
Simón Bolívar es, quizá, el nombre más asociado al ideal de una América Latina unida. Su proyecto partía de un diagnóstico político: las nuevas repúblicas, frágiles y sin experiencia institucional, enfrentaban el riesgo constante de nuevas formas de dominación extranjera.
Esa convicción lo llevó a impulsar el Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826, un intento por articular una confederación de Estados latinoamericanos. Para Bolívar, la unidad era una condición necesaria para la supervivencia política de la región.
José Martí y la defensa de “Nuestra América”
A finales del siglo XIX, el político cubano retomó el ideal integracionista desde una perspectiva intelectual y antiimperialista. Su noción de “Nuestra América” se construyó como una respuesta directa al creciente expansionismo de Estados Unidos y a las formas de dominación cultural y política que comenzaban a consolidarse en el continente.
Martí propuso una unión basada en la soberanía de los pueblos latinoamericanos, en el reconocimiento de sus realidades históricas y en la necesidad de pensar la región desde sí misma, no desde modelos impuestos desde el exterior.
José de San Martín y la cooperación entre naciones
Aunque su enfoque difería del de Bolívar, José de San Martín también defendió la necesidad de una cooperación estrecha entre las nuevas naciones del sur. Para él, la independencia solo podía sostenerse mediante alianzas políticas y estratégicas que evitaran el aislamiento de los Estados recién formados.
Su visión, menos centralista y más pragmática, subrayó la importancia de la colaboración regional como garantía de estabilidad y continuidad del proyecto emancipador.
Salvador Allende y la unidad como acto político
«¡Viva México! ¡Viva Chile! ¡Viva Latinoamérica unida!». Esta fue una de las frases más memorables del presidente chileno el 2 de diciembre de 1972 durante un histórico discurso ante estudiantes de la Universidad de Guadalajara, México. Este llamado representa su lucha por la soberanía, la dignidad, la justicia social y la unión de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo.
El mensaje de Allende se inscribió en un contexto marcado por la Guerra Fría y por la intervención directa de potencias extranjeras en los procesos políticos de la región. En ese escenario, la unidad latinoamericana adquirió un sentido urgente y profundamente político.
Octavio Paz y la unidad desde la lengua
La idea de América Latina como espacio común también encontró una formulación desde la literatura. En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1990, Octavio Paz reflexionó sobre las lenguas europeas transplantadas en América y su transformación en territorios ajenos a su origen.
Para Paz, las literaturas americanas no se limitaron a reproducir modelos europeos, sino que los negaron, replicaron y transformaron, dando lugar a una tradición propia. Desde esta perspectiva, la unidad latinoamericana no se define solo por la política, sino por una experiencia cultural compartida que atraviesa fronteras nacionales.
Lula da Silva y la integración en el presente
En el escenario contemporáneo, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha vuelto a colocar la integración latinoamericana como un eje central de su política exterior en 2025 y principios de 2026. Lula ha descrito el estado actual de la región como uno de sus mayores retrocesos, señalando una América Latina más volcada hacia intereses externos que hacia sus propias dinámicas internas.
Su propuesta apunta a la construcción de un bloque regional sólido, con autonomía política y capacidad de incidencia en el escenario internacional, en un contexto global cada vez más marcado por disputas geopolíticas y económicas.