LOTO: Las resistencias hacia nuevas masculinidades

Pensar en cómo ser hombre o cómo ser mujer en nuestro tiempo implica no sólo el apego a las normas de género, a su cumplimiento o no. Es decir, muchas de las veces pensamos los temas relativos a las cuestiones de género como una especie de construcción social que se inscribe sobre un cuerpo “en blanco”, el cual ha nacido con una distinción de órganos y gónadas sexuales. En función de ello se definirá el género: hombre o mujer.

Visto de manera simple e ilustrativa es así en algún sentido; sin embargo, lo que señalan investigaciones con perspectiva de género y nuevas masculinidades desde la teoría social es que hay múltiples manifestaciones, cambios, apropiaciones o reapropiaciones de lo que podría entenderse como un rol de género. Incluso lo más adecuado en este contexto sería pensar en subjetividades generizadas, que no están adaptadas necesariamente a una sola forma de identidad o representación de género.

El punto es importante porque, si consideramos la discusión acerca de las masculinidades, tendríamos asimismo que incluir aquellas formas de ser hombre que no están necesariamente adscritas a las maneras en que se ejerce la masculinidad hegemónica.

A pesar de que en nuestros días las muestras que se dan en la esfera pública sí refieren ante todo a un tipo de masculinidad beligerante y en ese sentido de dominación, como lo interpreta el sociólogo Pierre Bordieu cuando analiza en su texto clave La dominación masculina qué elementos son los que constituyen este tipo de dominación, es preciso señalar que otras formas de ser hombre complejizan la cuestión: sea porque posean rasgos de masculinidad hegemónica o lo sean en una buena medida, o bien, porque estén en la búsqueda de opciones de otras formas de situarse en la realidad y construir espacios más amigables con la vida y su entorno.

Se ha de resaltar a este respecto que incluso aquellas búsquedas de construcciones diversas están cruzadas por los fenómenos de poder, en su dimensión prácticamente capilar, como señalaba Michel Foucault respecto de las múltiples maneras en que el poder se manifiesta y se ejerce.

Y si pongo en escena la cuestión es porque llama la atención cómo, en prácticas dadas en diversos espacios sociales, incluso entre quienes conceden cierto margen a la discusión sobre perspectivas de género, en cuanto existen referencias a esas otras maneras de construir las masculinidades muestran resistencias. No es una cuestión menor o solamente de acalorados o polémicos debates: más bien encontramos que se produce una férrea defensa de las formas de ejercer la autoridad, de las visiones heteronormativas y ya no digamos de otros modos de relacionarse con las/os otros; como si se pensara que dar cabida al reconocimiento de la diversidad de condiciones en que las personas pueden manifestar su devenir genérico supusiera el arrebato de un lugar asegurado. ¿Asegurado por quién?

Es interesante la cuestión porque se podría afirmar que es asegurado por el mismo orden de dominación masculina. Y quizás esta es una de tantas razones por las que vemos el auge de la machósfera, de las manifestaciones misóginas en el espacio público y el consecuente auge de posturas de extrema derecha… aún en países de condiciones precarizadas en diversos ámbitos de la vida, como el nuestro. 

Conceder una apertura, una mirada hacia condiciones o modos de existir plurales parece ser una afrenta para estas posturas que, desafortunadamente, dada la complejidad de los fenómenos políticos, comienzan a traducirse en posturas extremistas.

Aquéllas tienen implicaciones que alimentan el odio y la animadversión hacia diversos sectores. Bajo este escenario, cabría hacernos la pregunta de qué necesitamos para derribar esas resistencias, o por lo menos atenuarlas para que la idea del buen vivir sea pensada para todo el conjunto social. 


Alicia Valentina Tolentino Sanjuan es socióloga y Maestra en Filosofía por la UNAM, doctorante en Humanidades (línea Filosofía Moral y Política, UAM) y editora en Viceversa. Investiga sobre subjetividad a partir del cambio tecnológico; también sobre feminismos y literatura. Es miembro activo de la Red Mexicana de Mujeres Filósofas y miembro de la Revista de filosofía Reflexiones Marginales Saberes de la Frontera de la UNAM. 


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