Más de la mitad de los habitantes de la CDMX vive sin tiempo libre

"El hombre ha nacido para jugar, no para trabajar".

Byung-Chul Han.

Aunque los indicadores económicos muestran una disminución en la pobreza de ingresos, la Ciudad de México enfrenta otro tipo de carencia menos visible pero que afecta de igual manera. Se trata de la pobreza del tiempo libre y según el Consejo de Evaluación de la Ciudad de México (Evalúa CDMX), el 57% de los capitalinos carece del tiempo necesario para descansar, convivir o realizar actividades recreativas.

Durante la presentación del informe sobre la reducción de la pobreza en la capital, la jefa de gobierno, Clara Brugada, señaló que entre 2018 y 2024 alrededor de 850 mil personas superaron la pobreza económica y que la pobreza extrema disminuyó de 19% a 9%. Sin embargo, el informe también reveló que el bienestar no puede medirse únicamente en términos de ingresos, ya que una parte importante de la población vive atrapada en una rutina sin espacio para el descanso o el placer.

¿Qué es la pobreza de tiempo libre?

La llamada pobreza de tiempo libre describe la falta de horas disponibles para el ocio, el autocuidado o la convivencia familiar. Este fenómeno afecta la salud mental, física y emocional, y refleja un problema estructural que trasciende el ámbito económico.

Las causas se relacionan con la sobrecarga laboral, los largos trayectos en transporte público y el desequilibrio en la distribución del trabajo no remunerado, que impacta con mayor fuerza a las mujeres. A menudo, las decisiones sobre cómo usar el tiempo dependen de presiones sociales, necesidades económicas o de la falta de servicios públicos que faciliten el cuidado de menores y personas dependientes.

En este sentido, el tiempo se ha convertido en un lujo y con ello, se genera una forma de desigualdad que no siempre se visibiliza, pero que define la calidad de vida en las grandes ciudades.

¿Cómo combatir la pobreza de tiempo libre?

Para enfrentar este problema, el gobierno capitalino ha implementado políticas orientadas a devolver tiempo a la ciudadanía. Entre ellas destaca el Sistema Público de Cuidados, que busca redistribuir las responsabilidades domésticas y de cuidado, así como las inversiones en movilidad que reducen las horas perdidas en el transporte.

“La pobreza de tiempo también se combate con infraestructura”, dijo al señalar la importancia de la expansión de cablebuses y el fortalecimiento del transporte público con el objetivo de disminuir los trayectos de hasta cinco horas que muchas personas destinan cada día para desplazarse.

No obstante, la responsabilidad no recae únicamente en el Estado. Las empresas deben asumir un papel fundamental en el bienestar de sus trabajadores, promoviendo esquemas laborales más flexibles, jornadas justas y políticas que prioricen la salud mental y el equilibrio entre la vida profesional y personal.

Ya lo había advertido el filósofo coreano, Byung-Chun Han sobre dejar de definirnos como seres que trabajan para ser entes que juegan (Homo ludens). 


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Imagen de portada: Matt Mawson 

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