De Saint-Exupéry murió en la Segunda Guerra Mundial cuando su avión fue abatido y cayó al mar sin que sus restos pudieran ser recuperados, el 31 de julio de 1944. En el marco de los festejos por su obra, el mexicano Raymundo Isidro Alavez ha traducido su libro icónico, El Principito, al otomí, lengua hablada discontinuamente en el centro de México, es decir, sólo en algunos parajes en donde se encuentran asentamientos indígenas otomíes.
El título del libro se nombró Ra zi ts’unt’u dänganda. Está dirigido, sobre todo, a los otomíes que habitan el valle del Mezquital. Isidro Alavez también había traducido antes la arrobadora obra de Juan Rulfo El llano en llamas. Traducir los clásicos a lenguas nativas es una manera de acercar la literatura universal a cosmogonías ancestrales y distintas pero que, ineludiblemente, también se identifican con los temas humanos como la vida y sus expresiones más ubicuas como el amor, la belleza, el misticismo...