Ahora, una investigación del Imperial College London y la Human Genetics Foundation ha encontrado una serie de sitios en el ADN sanguíneo que se convierten en objetivos químicos como resultado del hábito de fumar.
De acuerdo con el estudio, fumar dejar marcas en la superficie del ADN pero sin cambiar la secuencia del código genético, modificaciones epigenéticas que se conservan a pesar de que la persona deje el cigarrillo (distinguiéndose siempre su ADN del de un no fumador).
Para James Flanagan, co-autor de la investigación, este hallazgo podría servir para elaborar una prueba que, con base en la información epigenética a nivel molecular, detecte con mayor detalle el riesgo de cáncer asociado con el consumo de tabaco, todo esto examinando nada más que una muestra de sangre.
Asimismo, el estudio podría extenderse a otras adicciones como el alcoholismo para conocer a fondo sus consecuencias en la salud humana.
[Wired]