De la riqueza más promisoria a la bancarrota más absoluta: el caso de Andrew Fashion

Hasta hace unos años Andrew Fashion era una de las personalidades más representativas de la carrera meteórica que puede realizarse por medio de Internet. Su talento para comprender el universo de la data informática le permitió fundar tres compañías cuyas ganancias mensuales rondaban los 100,00 dólares. Así, a los 21 años  pudo presumir que contaba con una fortuna de 2 y medio millones de dólares. ¿Cómo? “Programando como un loco cada segundo del día y bebiendo decenas de latas de refresco diarias”.

Con semejante presupuesto no dudó en viajar, adquirir coches de lujo “algunos de ellos para amigos”), apostar, visitar clubes nocturnos de renombre y, en fin, darse una vida acorde a su edad y su chequera.

Al final, sin embargo, la factura fue costosa, pues este que podríamos llamar, como antaño, un estilo de vida “disipado”, propició su bancarrota casi absoluta: ni mujeres ni vino ni canto. Sus compañías desaparecieron de la Red dejando a cambio el arrepentimiento por los excesos cometidos (un cliché que brinca donde menos se le espera).

Desde hace un par de años se aferró a una tabla de salvación que llamó BeModel.com, una red social exclusiva para el mundo del modelaje.

Pero quizá la pregunta obligada, basada en su propio ejemplo de vida, sería si esta época no es lo suficientemente volátil como para que las recetas probadas hace poco dejen de servir en este preciso momento.

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