Comienza la cacería de lobos con la anuencia del Congreso estadounidense

Hace unas semanas el Congreso estadounidense retiró al lobo de la lista de especies en peligro de extinción, particularmente en los estados de Montana y Idaho, con lo cual se retiró también la protección que el gobierno federal brinda a dichas especies.

La resolución abrió la puerta para la cacería prácticamente indiscriminada del cánido, que comenzó a finales del otoño pasado y terminará hasta bien entrada la primavera. El Departamento de Pesca y Juego de Idaho estima que en total se acabará con la vida de aproximadamente 750 lobos tan solo en su estado, al menos legalmente, con lo cual se espera que la población se vea reducida hasta menos de 150 especímenes (en caso contrario, las autoridades estatales dispondrán francotiradores aéreos para matar los que hagan falta). En Montana, por otra parte, se espera que los lobos ultimados sean más de 200 (de los casi 550 que habitan en sus fronteras).

David Allen, president de la Rocky Mountain Elk Foundation, particularmente poderosa en la zona, asegura que la labor de los cazadores no basta para diezmar el número de lobos y llama a imitar las medidas tomadas por el estado de Idaho y “prepararse para métodos más agresivos de control de lobos, quizá al principio del verano de 2012”.

Esta situación se repite en otros estados aledaños como Wyoming, donde su gobernador acordó rescatar entre 100 y 150 lobos en el Parque Nacional Yellowstone, apenas un 20% de la población total; el resto será tratado como plaga nociva y, como tal, exterminado.

Por esto hay quienes piensan que lo que se libra contra los lobos no es una cacería simple, sino una guerra abierta e injusta en la que, se dice, podrían utilizarse incluso los aviones no tripulados que la CIA y la Fuerza Aérea han empleado en conflictos armados notablemente distintos.

Sin negar que la población de lobos y la humana pueden entrar en conflicto y en riesgo mutuo —algo que ha sucedido desde tiempos inmemoriales— cabría preguntarse cuál de las dos está obligada a guardar la compostura y no convertirse en esa bestia brutal y salvaje, ávida de saciar su sed de crueldad y alegría ante el sufrimiento ajeno, que aparece retratada en diversos relatos al respecto.

[LA Times]

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