Esta es la conclusión obtenida por Ray Moynihan, un investigador de la Universidad de Newcastle en Australia, quien afirma que las grandes compañías farmacéuticas han invertido monumentales cantidades en busca del equivalente femenino del Viagra, sin éxito, pero en el camino han generado un enorme bullicio artificial en torno a esta supuesta disfunción.
Empleados corporativos trabajaron con médicos que son líderes de opinión en distintas especializadas y realizaron encuestas enfocadas en legitimar este problema como algo común e incluso crearon instrumentos para diagnosticar y convencer a mujeres de que sus síntomas sexuales debían ser etiquetados desde una perspectiva médica. Sin embargo, la vida sexual de las mujeres es mucho más compleja y sofisticada que la de los hombres y por ello el estrecho enfoque industrial con el que se aborda esta problemática psicosocial, y hasta espiritual, más que fisiológica, está destinada a fracasar por más que se le inviertan grandes cantidades de dinero.
De acuerdo con la Mayo Clinic, la definición de una disfunción sexual femenina es la siguiente: "Si experimentas problemas persistentes con tu respuesta sexual o tu deseo, y si este problema te ocasiona estrés o problemas con tu pareja, lo que estás experimentando se conoce médicamente como una disfunción sexual femenina".
[ Independent]