¿Qué informará Calderón?

Estamos a una semana de que Felipe Calderón emita su tercer informe sobre el estado que guarda la nación. El hecho de que suceda a mitad se sexenio y después de unas elecciones castigadas para el partido en el gobierno hacen de éste un ritual especialmente difícil y delicado que implica que cada palabra que diga el presidente sea cuidadosamente pensada y redactada.

Elaborar el mensaje de un informe presidencial es una tarea pesada, ingrata y agotadora donde el escritor responsable tiene una idea clara y racional sobre lo que el mandatario tiene que decir y el resto de los personajes que intervienen en su redacción piensan en sentido contrario. Uno de los factores que intervienen en el discurso final, por supuesto, es el perfil psicológico de quien lo dice: sus obsesiones, sus inseguridades y sus fantasmas personales; el segundo en importancia son los instrumentos que miden el pulso de la opinión de la sociedad: qué es lo que los mexicanos quieren escuchar y cómo hay que decirlo. No se debe menospreciar la influencia de quienes le hablan al oído: su staff, su esposa, los secretarios que buscan sacar algún partido de la relevancia que el presidente otorgue a lo hecho en sus respectivas carteras y sus amigos íntimos; por último, pero no en menor importancia está la presión de la agenda de los medios: su registro de la coyuntura y de las críticas y alabanzas de los diferentes grupos de interés.

Por la intervención de todos estos imponderables el mensaje va adoptando la estructura de un Frankenstein que el escritor responsable trata de ir adecentando y de darle la estructura de un texto coherente, con el ritmo y la lógica de un escrito que pueda ser escuchado con atención y entendido por la mayoría.

Esto en cuanto a la forma, en cuanto al contenido el tercer informe es el más difícil de todos, ya que se agotó el tiempo de gracia que los ciudadanos le otorgan al presidente para que pruebe su eficacia para dirigir al país y se emite en pleno periodo de desencanto.

En su tercer informe Fox optó por defender su mayor logro y el signo distintivo de su gobierno: la creación de instituciones que contribuyeran a la consolidación de la democracia y la construcción de una atmósfera favorable a la difusión de los valores democráticos. Sin grandilocuencias y aceptando el fallo ciudadano en las urnas, el presidente intentó –con poco éxito-- extender la mano a los legisladores y hacer un llamado al acuerdo.

¿Qué es lo que dirá Calderón en esta ocasión que guarda una buena semejanza con la de hace seis años? Es complicado predecirlo ya que lo que fueron sus dos grandes temas de campaña, empleo y seguridad, ahora resultan fracasos de gobierno y ya que la estrategia de campaña del PAN y la de comunicación social de Los Pinos ha sido la de apostarle todo a la seguridad, al presidente no le queda el mismo margen de maniobra que a su antecesor. Ojalá y los responsables de la redacción del mensaje nos sorprendan con un texto profundo y original que dé la sensación de que el mandatario entiende la situación del país y comparte las preocupaciones de la ciudadanía. Yo lo dudo, pero tengo la esperanza de equivocarme.

Yolanda Meyenberg Leycegui es columnista invitada de Pijamasurf. Es investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

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