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La propuesta de renombrar el Paso de Cortés se suma a una serie de decisiones con las que el gobierno ha buscado resignificar símbolos coloniales en el espacio público

Lo que se nombra importante y lo que permanece intacto, sin que nadie lo cuestione, también es cierto, un discurso. Por ello, el pasado 9 de agosto, la presidenta Claudia Sheinbaum planteó cambiar el nombre del Paso de Cortés, el corredor ubicado entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, por el de Paso de los Pueblos Indígenas.

La propuesta se dio a conocer durante el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y busca visibilizar a las comunidades que habitaron y cruzaron ese territorio mucho antes de que el conquistador Hernán Cortés lo hiciera en su camino hacia Tenochtitlan.

La mandataria planteó la iniciativa como una invitación abierta: dejar de nombrar el paso en honor al conquistador español y reconocer, en su lugar, a quienes ocuparon esas tierras generaciones atrás.

Un patrón anticolonialista 

La medida se suma a una serie de decisiones tomadas en los últimos años por distintos niveles de gobierno, todas orientadas a remover o resignificar símbolos vinculados a la Conquista y al periodo colonial:

  • El 10 de octubre de 2020, el gobierno capitalino retiró la estatua de Cristóbal Colón de Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, uno de los símbolos más visibles y discutidos de esta política. Hoy se conoce como la glorieta de "Las mujeres que luchan", donde se erige "La Monumenta"
  • El 27 de julio de 2021, la Plaza del Árbol de la Noche Triste, en la colonia Popotla, fue rebautizada como "La Noche Victoriosa", invirtiendo la narrativa tradicional sobre la derrota española de 1520.
  • Menos de un mes después, el 13 de agosto de ese año, el Puente de Alvarado cambió su nombre a Calzada México-Tenochtitlan.
  • Ese mismo día, la estación Zócalo de la Línea 2 del Metro pasó a llamarse Zócalo-Tenochtitlan, sumando la ciudad mexicana al nombre de la estación más emblemática del centro histórico.

Vistas en conjunto, estas decisiones trazan una política sostenida de revisión simbólica del espacio público capitalino, con la Conquista como eje común.

El Paso de Cortés, de concretarse el cambio, se sumaría a una lista que ya incluye monumentos, plazas, calles y estaciones de transporte, todos ellos puntos donde la memoria histórica y la geografía urbana se cruzan todos los días con millas de personas que, muchas veces sin saberlo, caminan sobre nombres que alguna vez fueron una forma de negar lo que estuvo antes.


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