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Las dinámicas de poder detrás de «Sugar Killer», la nueva entrega de Mireia Yévenes (ENTREVISTA)

Libros

Por: Yael Zárate Quezada - 08/17/2026

Una conversación con Mireia Yévenes sobre las relaciones de poder en épocas del neoliberalismo sexual.

"¿Y yo, cómo me relaciono? ¿Qué dinámicas de poder tengo?" Estas son algunas de las preguntas que Mireia Yévenes quiere sembrar en quienes se atrevan a leer Sugar Killer, su primera novela publicada bajo este título y con la que decidió llevar al papel una investigación que comenzó, años atrás, como su proyecto final de carrera en Bellas Artes.

En Pijama Surf tuvimos la oportunidad de conversar con la autora española sobre el proceso detrás de Macarena, la protagonista de esta historia, y las razones por las que decidió abordar un tema que –señala–, sigue sin tener un lugar reconocido en la literatura.

Sugar Killer sigue a Macarena, una estudiante de Bellas Artes de 27 años que de noche ejerce secretamente como sugar baby de hombres mayores y adinerados, cambiando de identidad con cada uno para narcotizarlos y robarles. Esta doble vida se complica cuando un policía la presiona para infiltrarse en la mansión de Johannes Klaus, un inversor tecnológico vinculado a la desaparición de dos escorts, y Macarena empieza a sospechar que él sabe de ella mucho más de lo que aparenta.

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Macarena, capitalismo erótico y neoliberalismo sexual

Antes de ser un personaje de ficción, Macarena fue una performance. Yévenes, quien se especializó en educación sexual y estudió Bellas Artes, explica que la creó originalmente para su proyecto final de carrera, una investigación sobre el capital erótico y el neoliberalismo sexual que derivó en una subasta performática de sí misma, pagada no con dinero sino con aplausos.

"Yo ya tenía ese personaje súper bien definido para poder personificarlo, por lo tanto Macarena ya estaba creada cuando ideé Sugar Killer", cuenta Yévenes. 

Le parecía injusto que esa historia quedara reducida a un ejercicio universitario, así que decidió extenderla al mundo a través de la novela.

Un thriller para indagar en los claroscuros

Yévenes eligió el thriller psicológico como género porque, dice, es el más indicado para explorar la psicología de las personas sin caer en juicios fáciles. Quería que los personajes tuvieran matices, no que fueran completamente buenos ni completamente malos.

"Me pareció muy interesante poder mostrar esos matices en los personajes, que no fuera todo blanco o negro, sino que tuvieran muchísimos colores", explica. Su interés no está en señalar a quienes participan en dinámicas de sugar dating, sino en entender qué estructuras sociales y económicas perpetúan este tipo de relaciones de poder.

Sin caer en la moralina, surgió la pregunta sobre si ella aprobaría o desaprobaría las decisiones de Macarena.

"No sé si aprobar es la palabra, pero la entendería. Entiendo por qué lo hace, entiendo desde dónde lo hace".

En este caso, uno de los hallazgos más reveladores de la charla fue el proceso detrás de la voz narrativa. Yévenes intentó escribir la novela en primera persona —su formato preferido, dice, porque permite que el lector se meta en la cabeza del protagonista— pero no logró sostenerlo.

"Me daba tanto asco de escribir en primera persona lo que Macarena era capaz de hacer con esa frialdad, que no era capaz de seguir", confiesa. Por eso, cambiar a la tercera persona, más clásica del género, le dio la distancia necesaria para completar la historia.

 

¿Qué viene después de "Sugar Killer"?

Mireia Yévenes confirma que existe ya un borrador para una segunda parte de la novela, aunque no hay fecha definida para su publicación. Mientras tanto, seguirá dedicada a divulgar a través de la ficción temas vinculados con las sexualidades, un terreno que considera aún muy amplio por explorar, y no descarta que Macarena vuelva a ser la protagonista de esas historias. Mientras tanto nos deja una reflexión: 

"Me gustaría muchísimo que (las y los lectores) se pregunten cómo generan intimidad con sus vínculos [...] si sus relaciones son horizontales y equitativas [...] y hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para pelear por poder".


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