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A 81 años de Hiroshima, los Hibakusha —sobrevivientes de las bombas atómicas— enfrentaron discriminación, enfermedades y un reconocimiento oficial que tardó más de una década en llegar.

Cada 6 de agosto, se conmemora el Día de la Paz en Hiroshima, el lugar donde cayó la primera de dos bombas nucleares que cimbraron la vida de miles de japoneses. Pero todo fuera como que los estragos y dolor terminaran con la explosión. Las secuelas de este ataque perpetrado por los Estados Unidos continuaron durante décadas en los cuerpos y las biografías de quienes sobrevivieron, un grupo al que Japón nombró Hibakusha, literalmente "persona bombardeada".

Tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, el gobierno japonés reconoció oficialmente a 650 mil Hibakusha, aunque ese reconocimiento no se tradujo de inmediato en apoyo. 

Durante décadas, estas personas cargaron con el estigma social del miedo infundado a que sus heridas fueran contagiosas o a que transmitieran malformaciones genéticas, lo que las alejó de la posibilidad de casarse o conseguir trabajo. En 1957 –12 años después– el Parlamento japonés aprobó la Ley de Resarcimiento a los Supervivientes de las Bombas Atómicas, que les garantizó atención médica gratuita de por vida.

Shunkichi Kikuchi / Harumi Tago

Hoy la comunidad hibakusha se reduce año con año. A marzo de 2024, el gobierno tenía registrados a 106 mil 825 sobrevivientes, aunque otras estimaciones hablan de hasta 140 mil personas vivas.

Uno de los casos más documentados es el de Tsutomu Yamaguchi, la única persona reconocida oficialmente por Japón como sobreviviente tanto de Hiroshima como de Nagasaki. Tras vivir dos veces el horror nuclear, dedicó el resto de su vida a la promoción de la paz y el desarme atómico, por lo que se convirtió en un testimonio vivo de que la guerra nuclear no distingue ni perdona.

Tsutomu Yamaguchi

Los estragos de la guerra

Las secuelas médicas de la radiación marcaron a los Hibakusha mucho después del estallido. La leucemia figuró entre las enfermedades más frecuentes, junto con un incremento sostenido de cánceres de tiroides, pulmón y mama, entre otros tipos. Muchas mujeres sobrevivientes sufrieron abortos espontáneos durante años posteriores a la explosión, un efecto que evidenció el alcance de la radiación sobre la salud reproductiva.

El impacto también se heredó a los hijos de mujeres expuestas a la radiación quienes presentaron mayores índices de discapacidad intelectual y un riesgo más alto de desarrollar cáncer.

Gonichi Kimura / Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima

Los hibakusha son, hasta hoy, el recordatorio más directo de que las armas nucleares no terminan su labor destructiva con la explosión, sino que la extienden durante generaciones enteras.


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