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Un estudio en Reviews of Geophysics documenta cómo la demanda global de hormigón erosiona riberas y ecosistemas fluviales en Asia, la misma región golpeada hoy por una inundación mortal en Nepal y el Tíbet.

Un alud provocado por un sismo bloqueó el cauce del río Bhote Koshi, en la frontera entre Nepal y el Tíbet. La represa improvisada cedió horas después y desató una inundación repentina que deja decenas de muertos y cientos de desaparecidos en el distrito de Rasuwa. Aldeas, carreteras, puentes e hidroeléctricas quedaron sepultados bajo el lodo.

El origen inmediato fue geológico, pero la tragedia vuelve a poner en el centro una pregunta incómoda: qué tan preparados están los sistemas fluviales de Asia para absorber este tipo de choques.

Una sed de concreto que drena los ríos

Un estudio publicado en Reviews of Geophysics documenta que la demanda mundial de arena y grava —insumos esenciales del hormigón— se ha más que duplicado desde el año 2000. Solo en 2024, la construcción de ciudades e infraestructura consumió 28 mil millones de toneladas de estos materiales, extraídos en su mayoría de ríos de Asia y África.

Más del 80% de esa demanda proviene de Asia, impulsada por el crecimiento urbano de China e India. Los autores advierten que la extracción suele superar por mucho la velocidad con la que los ríos reponen sus sedimentos, lo que debilita las riberas, reduce el nivel freático y facilita la intrusión de agua salada en zonas costeras.

Ningún dato vincula directamente la extracción de arena con lo ocurrido hoy en Rasuwa. Pero una aproximación inmediata, nos puede llevar a pensar que los mismos ríos que sostienen a millones de personas en el Himalaya y sus alrededores enfrentan una presión doble, la de un clima cada vez más errático y la de una industria que los explota sin pausa.

Los investigadores proponen monitorear la extracción con imágenes satelitales y reducir la demanda con materiales alternativos, como residuos de construcción procesados o vidrio reciclado.


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Imagen de portada: Cambio 16