Infantino quiere ver dos partidos al día; el costo ambiental ya genera críticas
Ecosistemas
Por: Carolina De La Torre - 06/19/2026
Por: Carolina De La Torre - 06/19/2026
Mientras millones de personas siguen los partidos desde sus casas, los estadios o las pantallas de sus teléfonos, hay alguien que parece empeñado en vivir el Mundial desde el aire.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, planea asistir a dos partidos por día durante gran parte del torneo. Para lograrlo, cuenta con una herramienta que pocos tienen a su disposición: un jet privado proporcionado por Qatar Airways como parte de su acuerdo de patrocinio con la FIFA. Gracias a ello, ha podido desplazarse rápidamente entre las distintas sedes distribuidas en México, Estados Unidos y Canadá.
La logística de esta Copa del Mundo es muy distinta a la de Qatar 2022. Aquel torneo se desarrolló en un territorio relativamente pequeño, donde la distancia máxima entre estadios era de apenas 74 kilómetros. El Mundial de 2026, en cambio, se extiende por tres países, cuatro husos horarios y 16 estadios separados por miles de kilómetros.
Tras asistir al partido inaugural en Ciudad de México, Infantino voló a Guadalajara para presenciar el encuentro entre Corea del Sur y República Checa. Después viajó a Los Ángeles para ver el partido entre Estados Unidos y Paraguay; más tarde estuvo en San Francisco y Vancouver para seguir otros encuentros. Incluso tras encabezar una cumbre de la FIFA en Miami, regresó esa misma noche a Los Ángeles para asistir al duelo entre Irán y Nueva Zelanda.
Según fuentes cercanas al organismo, el dirigente suizo intentará mantener ese ritmo siempre que sea posible durante el resto de la competencia.
La noticia podría parecer una simple curiosidad sobre la agenda de uno de los hombres más poderosos del futbol mundial. Sin embargo, el contexto vuelve la situación mucho más relevante.
Diversos especialistas han advertido que esta Copa del Mundo podría convertirse en el evento deportivo más contaminante de la historia. El New Weather Institute estima que el torneo generará alrededor de 9 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente. De esa cifra, aproximadamente 7.7 millones estarían relacionadas con los viajes aéreos.
La magnitud del dato resulta difícil de imaginar, pero basta señalar que esa cantidad supera por más de cuatro veces el promedio de emisiones registrado por los Mundiales celebrados entre 2010 y 2022.
Gran parte del problema tiene que ver precisamente con las enormes distancias entre sedes. Equipos, personal técnico, patrocinadores, directivos, medios de comunicación y aficionados deben trasladarse constantemente entre ciudades separadas por miles de kilómetros. En ese escenario, los vuelos se vuelven una pieza central de la organización del torneo y, al mismo tiempo, una de sus principales fuentes de contaminación.
El caso de Infantino ha llamado la atención porque simboliza una contradicción cada vez más visible. Mientras gobiernos, empresas y ciudadanos reciben mensajes constantes sobre la necesidad de reducir emisiones, cambiar hábitos de consumo o limitar ciertos desplazamientos, quienes ocupan las posiciones de mayor poder económico continúan teniendo acceso a formas de transporte que generan una huella ambiental desproporcionadamente alta.
Los jets privados representan una de las maneras más contaminantes de viajar. Su impacto por pasajero suele ser muy superior al de los vuelos comerciales, precisamente porque transportan a pocas personas mientras consumen grandes cantidades de combustible.
Por eso, más allá de la agenda del presidente de la FIFA, la discusión apunta hacia una pregunta más amplia: quiénes cargan realmente con el costo ambiental de un modelo de movilidad global que sigue privilegiando la comodidad de unos cuantos.
El Mundial de 2026 busca presentarse como una celebración planetaria del futbol. Sin embargo, mientras los estadios se llenan y los partidos recorren el continente, también deja tras de sí una huella ambiental gigantesca. Y una vez más, esa huella parece crecer al mismo ritmo que los privilegios de quienes menos necesidad tienen de limitar sus desplazamientos.