ALAMAR: filosofía, memoria y sensibilidad en la voz de Ana Carla Maza
Arte
Por: Yael Zárate Quezada - 05/12/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 05/12/2026
Desde algún punto del Mediterráneo europeo, frente al mar y con un piano a sus espaldas, Ana Carla Maza habla con calma y sensibilidad. Mientras prepara una nueva obra sinfónica y continúa la gira de ALAMAR, su más reciente disco, la artista cubana reflexiona sobre el exilio, la música como refugio emocional y la necesidad de crear lejos de la velocidad que domina a la industria actual.
“Mucha sensibilidad, naturaleza, conexión, tranquilidad, serenidad y mucha música”, dice sobre el lugar donde se encuentra. No parece una frase improvisada. En realidad, resume la manera en que entiende la composición: como una exploración interior.
Para Ana Carla, la música encuentra su nido en la memoria, el silencio y las emociones. Quizá por eso en su discurso aparecen constantemente conceptos poco comunes dentro del circuito comercial contemporáneo, pero muy relevantes para el día a día: contemplación, filosofía, duelo, serenidad. Maza reconoce una influencia directa del estoicismo en su obra y menciona a Marco Aurelio, Epicteto y Séneca como acompañantes permanentes de su vida cotidiana.
“Cuando vivo un duelo, un desamor o una herida en el corazón, la filosofía me ayuda a pasarla y la música me ayuda a dejarlo plasmado en una obra”, comenta.

Recuerda que desde niña podía pasar ocho horas diarias estudiando el violonchelo mientras el tiempo avanzaba y esto no es casualidad, pues creció en una familia donde la música era el núcleo absoluto de la vida.
“En nuestra familia, si alguien quiere ser abogado o médico, primero tiene que ser músico profesional”, cuenta a Pijama Surf mientras sonríe y reflexiona que en otras familias la condición suele ser al revés.
Ese vínculo íntimo con el arte atraviesa ALAMAR, un disco profundamente autobiográfico. El álbum toma su nombre del barrio habanero donde nació y donde también se asentó parte de su historia familiar. Su abuela chilena llegó exiliada a Cuba junto a sus hijos después de pasar por Francia. La memoria migrante y latinoamericana atraviesa todo el proyecto.
“ALAMAR habla de raíces, de exilio, de identidad y memoria. También habla de nuestra historia como latinoamericanos: dejar el país, emigrar, buscar otro futuro”.
En el disco se encuentran sones cubanos, rumba, jazz, música clásica y ritmos afrocubanos. Pero detrás de esa mezcla también existe una postura clara frente a la industria musical y es que Ana Carla decidió mantenerse como artista independiente, lejos de las grandes disqueras y de las dinámicas dominadas por algoritmos y métricas digitales.
“Hoy todo se mide por números, por ‘streamings’. Yo prefiero medir el éxito por el impacto humano real” y en ese contexto que la violonchelista reconoce que abrirse camino con un instrumento como el suyo no ha sido sencillo en una industria cada vez más homogénea. Sin embargo, encontró en esa mezcla entre música académica y sonidos latinoamericanos una identidad propia. Después de estudiar en París y recorrer escenarios de más de 25 países, comprendió que el violonchelo podía convertirse también en una voz latinoamericana.
Durante la charla también aparece un tema necesario: el papel del arte en tiempos convulsos. Ana Carla evita posicionarse desde un discurso político directo, pero sí reivindica la responsabilidad humana del artista frente al caos contemporáneo.
“El arte tiene la responsabilidad de abrir espacios de conciencia, emoción y reflexión. Los seres humanos buscamos respuestas ante la vida y el arte puede acompañarnos en esa búsqueda”.
Su mirada sobre el público también cambia según el territorio. En América Latina percibe una conexión más inmediata y corporal con la música; en Europa, una escucha más silenciosa y contemplativa. Pero al final, dice, la emoción siempre termina apareciendo.
“He visto públicos completamente quietos y llorando. Y también conciertos en Londres donde mil personas saltaban al mismo tiempo con un violonchelo sobre el escenario”.
Actualmente, Ana Carla trabaja en una versión sinfónica de ALAMAR que presentará en Italia. El proyecto tendrá un carácter cinematográfico y orquestal. Después espera regresar a México, un país con el que mantiene una relación afectiva particular.
Antes de terminar la conversación, la compositora vuelve al punto central de toda su obra: proteger la sinceridad.
“Se necesita música que hable de emociones sinceras y experiencias reales de la vida”.