Crimen organizado transforma Amazonas colombiano en corredor ilegal
Sociedad
Por: Yael Zárate Quezada - 12/31/2025
Por: Yael Zárate Quezada - 12/31/2025
El Amazonas colombiano se ha convertido en uno de los territorios más disputados por el crimen organizado en América Latina. De acuerdo con una investigación publicada por The Guardian, vastas zonas de selva están siendo transformadas en corredores estratégicos para economías ilegales como el narcotráfico, la minería ilegal de oro y la ganadería extensiva, actividades que avanzan de la mano de una acelerada deforestación.
Un informe de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), citado por el medio británico, documenta la construcción de más de 8 mil kilómetros de carreteras ilegales desde 2018 en el sur de Colombia. Estas vías no buscan conectar comunidades ni impulsar desarrollo, sino facilitar el transporte de cocaína, oro extraído ilegalmente y ganado hacia mercados nacionales e internacionales.
La expansión de esta infraestructura clandestina ha convertido a la Amazonía colombiana en la región con mayor densidad de carreteras ilegales en toda la cuenca amazónica, un fenómeno que ha acelerado la pérdida de bosque y ha fortalecido el control territorial de grupos armados y redes criminales. Según el reporte, estas rutas permiten mover mercancías ilícitas con rapidez, evadir controles estatales y consolidar economías ilegales a gran escala.
El informe, titulado Amazonía en disputa, señala que en cerca del 70 % de los municipios del noroccidente amazónico operan al menos 17 grupos ilegales. Entre ellos se encuentran disidencias de las antiguas FARC, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Clan del Golfo y otras estructuras criminales que compiten o colaboran según los intereses económicos en juego.
Uno de los hallazgos clave es que estas organizaciones no solo dependen del narcotráfico. La minería ilegal de oro y la ganadería han ganado peso como fuentes de ingresos, al tiempo que sirven como mecanismos para lavar dinero y apropiarse de tierras. Grandes extensiones de selva son taladas para convertirlas en pastizales, mientras el oro extraído de manera ilegal alimenta cadenas de suministro globales.
De acuerdo con Rodrigo Botero, director de la FCDS, la Amazonía está siendo integrada a la economía criminal global como una zona de extracción de recursos impulsada por la demanda internacional de drogas, metales preciosos y carne. Esta presión externa, señala, convierte al bosque en un activo explotable para redes que operan con total impunidad en regiones donde la presencia del Estado es limitada.
El reportaje también subraya que el escenario actual se agravó tras el acuerdo de paz de 2016 entre el gobierno colombiano y las FARC. La desmovilización de esa guerrilla dejó vacíos de poder que fueron rápidamente ocupados por otros grupos armados, muchos de ellos con estructuras más fragmentadas, pero igual de eficaces para controlar rutas, territorios y economías ilegales.
Las consecuencias no son solo ambientales. Comunidades indígenas y campesinas quedan atrapadas entre la violencia, el despojo territorial y la falta de alternativas económicas legales. La expansión de estas economías ilícitas ha generado conflictos sociales, desplazamientos y una creciente vulnerabilidad para quienes habitan una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta.
Organizaciones ambientales y expertos advierten que sin una estrategia integral que combine control territorial, persecución de las redes criminales y alternativas económicas sostenibles, la Amazonía colombiana seguirá siendo un frente abierto donde convergen crimen, destrucción ambiental y abandono estatal, con impactos que trascienden las fronteras del país.