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Arenque, anchoas, pan y mucho vino. Esto y más es lo que comía Miguel Ángel.

Miguel Ángel Buonarroti, el artista inmortal detrás de la Capilla Sixtina y el David, no sólo dejó plasmó su talento en los grandes frescos y bloques de mármol. También supo impregnar de arte los aspectos más cotidianos de su vida, como lo demuestra un objeto muy curioso, es decir, una lista de compras ilustrada con su puño y letra.

En lugar de limitarse a anotar los víveres que necesitaba, Miguel Ángel optó por dibujarlos con precisión casi escultórica. No se trataba de un simple capricho estético, todo tiene una razón y es que el encargo iba destinado a un sirviente analfabeto, por lo que el artista decidió asegurarse de que no hubiera confusión alguna representando cada alimento con claridad visual. Así, en el reverso de una carta fechada el 18 de marzo de 1518, dejó constancia de sus necesidades culinarias. 

La lista, que se conserva y se exhibe actualmente en la muestra Miguel Ángel Público y Privado: Dibujos para la Capilla Sixtina y otros tesoros de la Casa Buonarroti en el Museo de Seattle, incluye elementos sencillos. 

Panes en distintas cantidades, un arenque, una ensalada, un plato de espinacas, cuatro anchoas y dos sopas de hinojo. Pero lo que más resalta, incluso por encima de la ausencia de carne —coherente con la abstinencia de la Cuaresma—, es la omnipresencia del vino. Tres grandes jarras y una más pequeña aparecen detalladas junto a la comida que acompañaba las comidas del artista. 

El objeto sobrevive como una rareza documental, no por tratarse de un gran tratado ni por desvelar secretos artísticos, sino precisamente por ofrecernos un atisbo de humanidad. Nos recuerda que incluso un genio universal, cuya obra ha sido venerada por siglos, vivía también en lo doméstico, en lo elemental, en lo que hoy llamaríamos simplemente “la despensa”. 

La elección de ilustrar la lista habla de su habilidad como dibujante, pero también de su sensibilidad frente a otra persona y del valor que concedía a la claridad, la precisión y, quizás, la belleza en todas las dimensiones de la vida. 


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