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En 2021 se conmemoran 100 años del fallecimiento de Ramón López Velarde, a quien hasta hace unas décadas se le intentó encasillar como un poeta "nacional"

En el contexto cultural mexicano, la obra y la figura de Ramón López Velarde generan evocaciones que pueden considerarse contradictorias. 

Por un lado, aun en nuestra época en que estas cosas han dejado tener la importancia o la atención que quizá antaño sí tenían, pueden encontrarse resabios de una cierta valorización de la obra y sobre todo la figura de López Velarde como una especie de “poeta nacional”. En parte, esta perspectiva es herencia de la ideología nacionalista que dominó el discurso público gubernamental en México (caracterizado a su vez por la hegemonía de una sola fuerza política) durante buena parte del siglo XX, desde los primeros gobiernos emanados de la Revolución Mexicana hasta al menos la década de 1980 y el paso hacia la “modernización” neoliberal de la administración pública. 

En los años incipientes de la consolidación de ciertas ideas muy específicas sobre lo mexicano y lo nacional, López Velarde publicó, en 1921, el que a la postre se convirtió en su poema más conocido, "La suave Patria". Su popularidad puede explicarse porque más tarde, en algunos momentos de la construcción oficialista del nacionalismo, el poema fue tomado, expuesto y difundido como una de las obras que mejor expresaban algunos de los valores nacionales que el régimen estaba interesado en difundir. Entre otros, la evocación nostálgica de un pasado prehispánico pretendidamente glorioso, el elogio de la provincia mexicana con tintes bucólicos, la caracterización del territorio como un suelo fértil y abundante, etcétera.

Por supuesto, esta lectura de "La suave Patria" es susceptible de ser discutida, pues parte de la premisa de una intención política e ideológica muy específica. La sola idea de que "La suave Patria" sea un poema “nacional” (que celebra a la nación y sus valores) podría considerarse limitada e incluso imprecisa. Lo primero, porque leerlo desde esa perspectiva puede opacar la riqueza poética del texto y en particular las síntesis de elementos a las que López Velarde llegó en su poema, fundiendo en sus versos alusiones a la cultura y las prácticas populares de su época, hallazgos geniales en el idioma español y ecos de Baudelaire, favorito de López Velarde. Este tipo de síntesis es un rasgo característico de la poesía de López Velarde, y si por algo ha merecido formar parte del canon de la literatura mexicana, es más por su talento poético que por la factura de un poema de tema nacional. 

Los siguientes versos, por ejemplo, podrían bastar para echar por tierra la lectura sólo nacionalista del poema:

Como la sota moza, Patria mía, 
en piso de metal, vives al día, 
de milagros, como la lotería. 

De ahí que dicha interpretación sea también imprecisa, no sólo para "La suave Patria" sino para la pretensión de ver en López Velarde a un poeta adscrito a una cultura “nacional” o “mexicana”. En un artículo escrito en 1971 ("López Velarde, Tablada, González Martínez: Hoy es siempre todavía"), en ocasión del cincuentenario de la muerte del poeta, José Emilio Pacheco señaló los motivos de esa imprecisión nacionalista:  

Es elogiable que en los pasillos del poder lo admiren [a López Velarde] por sus cualidades líricas. Pero si el entusiasmo se basa en razones políticas hay que insistir en que "La suave Patria" no es el poema épico de la Revolución sino el poema lírico que le sirvió a López Velarde precisamente para despedirse del México que esa misma Revolución había hecho imposible.

No es ni será nunca un "poeta popular". Entre los nuestros es el que exige mayor colaboración del lector y conocimiento previo del lenguaje poético. Sus ideas atentan contra la propagación de los mexicanos y contra la familia, a la que juzgó "taller de sufrimiento, fuente de desgracia, vivero de infortunio". Si algo celebran son el erotismo –el uso no biológico de la sexualidad– y la necrofilia, cosas que jamás veremos exaltadas en los discursos presidenciales.

Hoy en día, estos párrafos de Pacheco suenan un tanto proféticos no por razones esotéricas sino porque, con el correr de los años, el desarrollo de ciertos aspectos de lo que implica la vida en México (sociales, culturales, educativos, etc.) ha llevado a perder los requisitos que Pacheco señaló como necesarios para leer a López Velarde. No es sólo que a los gobiernos les haya dejado de interesar el uso político e ideológico de la cultura. También podría hablarse de una mengua generalizada en el interés por estas cosas.

¿Deberíamos lamentarnos como hacen algunos cuando hablan del "retroceso" cultural o civilizatorio que supuestamente se observa en nuestra época? ¿Sería mejor leer a López Velarde desde el nacionalismo que no leerlo? ¿Sólo quienes hayan leído a Baudelaire y guarden memoria de sus versos pueden acercarse a la obra de López Velarde? 

Es difícil lanzar una sola respuesta a estas preguntas. Cabe la posibilidad de decir que cuando la obra de un poeta (y una obra artística en general) se libera de la atención pública y los sentidos que se le llegan a atribuir, vive quizá sí un tanto olvidada, pero también más libre. El lector puede acercarse a ella del mismo modo: sin ambiciones, sin pretender encontrar ciertos significados, sin lecturas impuestas por otros. Acercarse, más bien, con la disposición de que la obra hable y lo interrogue. Así, sencillamente.

Si eso es posible, ¿qué mejor lectura –y qué mejor destino– podría tener la obra poética de López Velarde?

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ADDENDA

Para conocer más sobre la obra de López Velarde recomendamos los siguientes títulos:

 

Twitter del autor: @juanpablocahz


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Imagen de portada: Anónimo, dominio público.