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'Can't Get You Out of My Head', lo nuevo de Adam Curtis, el más grande documentalista de nuestra era

Arte

Por: Joaquín C. Bretel - 04/16/2021

En su nuevo documental, Adam Curtis narra una "historia emocional de la modernidad" y explora la tensión entre la creación del individuo y las fuerzas de control de la sociedad y el poder

Adam Curtis es el documentalista que mejor ha entendido nuestra época. Se ha dicho que es el primer "ensayista de YouTube" (aunque Curtis usa material de la BBC). Curtis lleva décadas ya, como todos los genios, persiguiendo sólo un par de ideas y creando variaciones sobre su tema, haciendo derroche formal (pues su estilo es quizá hasta más importante que su contenido). Ese tema es la encrucijada entre el individuo y el poder, y cómo hemos llegado al punto actual en el que el poder está rebasado y el ser humano ha abdicado en favor de las máquinas y los algoritmos.

La idea esencial del mundo moderno, según Curtis, es la libertad individual. Sin embargo, existe una permanente tensión entre el individuo que se asume un ente autónomo y libre que goza de la autoexpresión (y esto es lo que le da sentido a su vida) y las fuerzas sociales y políticas que impulsan y controlan, a veces subrepticiamente, los deseos, actitudes y estados de ánimo del "individuo". De hecho, una de las ideas que Curtis explora es la noción que ha ganado cada vez más tracción en la ciencia sobre si realmente existe tal cosa como un sí mismo (un self), si el ser humano es determinado por su propia conciencia y voluntad o si, más bien, es movido por procesos ocultos e inconscientes. Y esta es la paradoja esencial: que la política y la sociedad de consumo están predicadas en este individuo que vota y compra y ejerce sus derechos pero al mismo tiempo científicos, programadores, agentes de inteligencias y demás han avanzado y explotado ideas de manipulación inconsciente. 

Curtis explica que su serie documental, dividida en seis capítulos, es una "historia emocional del mundo moderno". Esto es, no sólo los eventos históricos, sino las ideas que movieron esos eventos y, sobre todo, lo que estaban sintiendo las personas que fueron sus protagonistas (y esos somos todos en cierta medida). Pero también es una historia emocional por su estilo de edición, que se inclina a momentos oníricos, catárticos y profundamente emotivos, con base en una virtuosa selección musical, afecta al ambiente y a viejos clásicos de la música popular, incluyendo música rusa, china, francesa, etc. Curtis cuenta además con una especie de carte blanche para un documentalista, pues hace uso del archivo de la BBC, la cadena británica que extrañamente produce y exhibe estos documentales, los cuales son sin duda lo más radical que ofrece y prueba, al menos, de que es sensible a la calidad (aunque, por supuesto, muchos darán entrada a paranoicas teorías de la conspiración). Curtis, en suma, está creando una especie de historia visual de la vida moderna, del siglo XX y XXI, pero es una historia basada en las correspondencias ocultas y en el origen secreto u olvidado de las ideas que han movido al mundo.

El método de Curtis es siempre enfocarse en individuos emblemáticos y paradigmáticos y de ahí explorar las ideas que los mueven y regresar a ellos, en un brillante juego de reflejos y evocaciones. Por ejemplo, la historia de cómo China se convirtió en una sociedad en la que lo único importante es el dinero, habiendo abandonado las ideas de la revolución y sin poder creer en el capitalismo y la democracia al estilo americano, es enarbolada por Jiang Qing, la esposa de Mao, que inició su vida como actriz y que logró posicionarse en el partido a través de un férreo individualismo al estilo de Ayn Rand. Jian Qing fue siempre una figura incómoda en el Partido Comunista, una mujer poderosa que se asumió como una "unidad de una sola persona" sin otra ley que su propia voluntad. 

Otro de los personajes del documental de Curtis es Kerry Thornley, el creador, junto con Greg Hill, del movimiento discordiano y de la Operación Mindfuck. Thornley era básicamente un anarquista que en un principio creía que las teorías de la conspiración eran absurdas y distraían a las personas de los verdaderos problemas políticos. La manera en la que desarrolló este argumento fue creando y difundiendo (sembrando sus ideas en lugares como Playboy) una serie de estrambóticas teorías conspiratorias, entre ellas la idea de que los Illuminati, una sociedad secreta bávara del siglo XVIII, seguía viva y controlaba monolíticamente a la sociedad estadounidense. Algunas décadas después lo que fue una disparatada teoría de conspiración sigue alimentando la mente de millones de los internautas, mezclándose con conspiraciones verdaderas, creando un grumo confuso. Y extrañamente, el mismo Thornley llegó a creer que él mismo podía haber sido usado por el FBI para difundir estas extrañas teorías, pues, como Curtis narra en el documental, Thornley vivió una serie de extrañas coincidencias que dieron rienda suelta a su veta paranoica. Entre ellas, el hecho de que había sido amigo de Lee Harvey Oswald, de quien había escrito una novela, antes de que este se convirtiera en el asesino de Kennedy. Y luego Thornley tuvo diversos encuentros con Jim Garrison, el fiscal responsable de difundir la teoría de conspiración de la muerte de JFK. Ahora bien, lo que le interesa a Curtis es hacernos entender la historia de movimientos como Q-Anon o las teorías de que Britney Spears y Lady Gaga (entre otras) son títeres controlados mentalmente por Disney, la CIA y los Illuminati, y hacernos ver lo extraño que es el mundo actualmente, si bien esa extrañeza la hemos construido nosotros mismos en la manera en la que nos relacionamos con el poder. 

Uno de los puntos más complicados de la actualidad es que el individuo ha dejado de creer en el involucramiento político y social, pensando que para mantener su individualidad debe mantenerse al margen y simplemente expresar su propio ser libremente. Si bien uno de los logros de la modernidad es este individuo, la transformación social es imposible sin la formación de comunidades, involucramiento colectivo. La visión de una mejora colectiva, que es tan importante supuestamente para los individuos libres, requiere siempre de que el individuo sacrifique algunas de las comodidades de su propia individualidad. Al mismo tiempo, el ser humano moderno ya no cree en los políticos o en las ideas religiosas y, no obstante, es sólo haciendo política y siguiendo ciertos principios que el mundo puede cambiar. El mundo, sugiere Curtis, no es de ninguna forma en realidad, está vacío, y podría ser de cualquier otra manera. Es el ser humano con ideas y actitudes el que le da forma. 

Aunque Curtis acaba con una nota positiva, precisamente observando que muchas de las teorías científicas que supuestamente muestran que el ser humano es similar a una máquina que puede ser programada y condicionada para que actúe de la forma que se quiere, como creía el psicólogo B. F. Skinner, no han logrado ser replicadas. Somos más complejos y poderosos de lo que pensamos, pero el mundo está sumido en un pesimismo antihumanista. Creemos que el mundo es demasiado complejo para la inteligencia humana y hemos progresivamente depositado el poder de decisión en los algoritmos, suponiendo que las computadoras son capaces de percibir los patrones ocultos del mundo y a través de ellos dar orden y permitir que el sistema permanezca estable. Esta parece ser ya la única función del poder, intentar a toda costa que el sistema, que la economía, puedan seguir a flote como están. Pero lo que se necesita es la imaginación humana para crear una nueva visión de lo que puede ser el mundo.

 

Ve aquí Can't Get You Out of My Head

 

Imagen: Flickr - CC