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Menos sexo, pero más pornografía, masturbación y cibersexo: así se transforma la sexualidad en tiempos de la covid-19

Lógicamente, la pandemia ha afectado los hábitos sexuales de las personas. Para muchos simplemente ha hecho del sexo algo más remoto e inusual, para otros ha motivado el uso de la tecnología.

En un estudio reciente, incluido en la publicación Leisure Sciences, se investigaron las diferentes conductas de las personas en Gran Bretaña durante la pandemia y su propia evaluación de satisfacción sexual.

Si bien, según el estudio la satisfacción sexual ha bajado (aunque no mucho), lo que llama la atención e inquieta a futuro es que para mitigar de alguna manera la disminución de posibilidades de tener sexo, han aumentado las conductas de sexo solitario y la pornografía. Según la encuesta, se presentó una menor actividad sexual en general pero un incremento en consumo de pornografía, masturbación, cibersexo y otro tipo de actividades de sexo mediado por la tecnología.

En el estudio se observó que la iniciativa para iniciar nuevas conductas sexuales fue motivada por sentimientos de soledad, estrés y deseo sexual hacia la pareja. Los autores señalan que estos modos de respuesta ante la pandemia son maneras de lidiar con la situación, mecanismos para mitigar posibles perturbaciones psicológicas. Y aunque los autores destacan que uno de los mecanismos más positivos para paliar estos momentos ha sido probar nuevas posiciones sexuales, es evidente que lo que más ha sido probado es incorporar actividades basadas en la tecnología. En la misma investigación se encontró que cuando esto ocurre, no se obtiene el mismo índice de satisfacción.

Así pues, podemos imaginar un futuro un tanto distópico en el que las personas, cada vez más aisladas e insatisfechas, buscan sustitutos tecnológicos para relacionarse. Y, como estos no son capaces de entregar la misma satisfacción y bienestar, o se produce una forma de depresión y ansiedad o estas enfermedades mentales son reprimidas con conductas patológicas obsesivo-compulsivas. Se reemplaza la calidad por la cantidad, pero la cantidad tiene efectos dramáticos en otros rubros de la vida de los individuos. Pero a falta de calidad, la mejor estrategia podría ser simplemente intentar algo distinto al sexo, una actividad que pueda sublimar el deseo. Sin embargo, esto no es lo que es favorecido por la vida hiperestimulada de la información digital.

Se presenta un triste escenario donde no sólo los aspectos específicamente sexuales sino los aspectos relacionales, de convivencia humana empática, existen cada vez más sólo a través de plataformas tecnológicas.

A fin de cuentas, más allá de la covid-19, la vida es la covida, y nada puede sustituir la presencia humana.

 

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