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¿Sólo un límite de consumo per cápita puede salvar a nuestra civilización?

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 11/23/2019

La solución del problema ecológico es económica, no tecnológica

A menudo se proponen ideas nuevas para paliar o reducir significativamente la crisis climática que vivimos. Generalmente se habla de energías más limpias, basadas en nueva tecnología. Incluso, y esta es una de las ideas dominantes entre los CEOs de las grandes compañías de tecnología, se propone como lo más prudente y excitante construir naves espaciales y desarrollar tecnología para habitar otro planeta. La solución siempre parece tener que ver con un invento, con el uso de cierta tecnología o energía que nos salve del problema en el cual la utilización de cierta tecnología nos ha colocado.

En realidad, el problema ecológico es un problema económico (en sentido estricto, economía y ecología son sinónimos). Pero antes que dejar de crecer económicamente, las grandes corporaciones que parecen dominar la actividad humana (tomando decisiones con base en estadísticas y algoritmos) prefieren abandonar el planeta y encontrar una forma de subsistencia extraplanetaria. Este es el caso, por ejemplo, de Jeff Bezos, el CEO de Amazon, que ve como más esencial para el ser humano la innovación y el crecimiento que, incluso, la propia Tierra. Muchos de estos CEOs quieren ser pioneros, no importa lo que cueste, y una de las grandes fronteras por cruzar, colonizar y capitalizar es el espacio sideral.

En gran medida, la solución al problema ecológico del planeta es simplemente dejar de crecer económicamente. En otras palabras, dejar de consumir de manera irracional. La gran fantasía de la modernidad es que el consumo de objetos materiales está ligado de alguna manera misteriosa con la felicidad. Evidentemente esto es falso y, más aún, peligroso. 

Sin duda, uno de los pensadores más lúcidos en lo que respecta a las ciencias ambientales es el profesor Vaclav Smil. Smil ha notado, sin medias tintas, que la innovación tecnológica simplemente no es capaz de proveer fuentes de energía al ritmo necesario para evitar la catástrofe ambiental. Es necesario y más importante que se reduzca el nivel de consumo en todo el planeta, pero particularmente en los países occidentales que crean la demanda de producción de todo tipo de cosas que no son indispensables (como, por ejemplo, tener frambuesas todo el año, o camionetas de lujo).

Así entonces, la dura realidad implica algo muy sencillo: es necesario reducir el consumo. Smil cree que podríamos sobrevivir este gran trance ecológico si implementáramos un sistema global en el cual tendríamos que consumir entre 30 y 50% menos de lo que consumimos actualmente. Esto en realidad no implicaría una gran pérdida en cuanto a la calidad de vida -quizá sólo respecto de la calidad de vida ilusoriamente percibida-. Y no requeriría ninguna invención. Más bien, tendría que ver con una frugalidad inteligente, e incluso se podría ahorrar dinero.

Seguramente sería prudente empezar a racionar el consumo, pero parece que el apego es más fuerte que la razón. Esto es algo que ya se ha hecho en numerosos países a lo largo de la historia y resulta completamente natural para la conservación de la sociedad. En teoría, según muchos economistas, ello produciría un desastre económico, pero lo que muchas personas no logran entender es que no hay más desastre económico que el que ya estamos viviendo, es decir, el desastre ecológico, la destrucción del hogar.

 

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Imagen de portada: Leanne Boulton