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Un grupo de biologicistas pragmáticos considera que los neurobiologicistas de plantas han fallado en el estudio de la conciencia de las plantas

En los últimos años se ha popularizado la idea de que las plantas, como los seres humanos y los animales, tienen conciencia motivaciones y emociones. Sin embargo, cada vez más biologicistas más pragmáticos señalan que sus mecanismos de defensa (como enrollar sus hojas al tacto de un objeto, o la manera y la rapidez con la que crecen cuando tienen compañía) no se traducen en una conciencia similar a la de los humanos. 

Científicos de EEUU, el Reino Unido y Alemania han comenzado a objetar esta idea sobre la conciencia de las plantas. Desde su punto de vista, las plantas son empáticas pero no conscientes, ya que sus mecanismos de defensa son reacciones y no tanto acciones tomadas desde un raciocinio como el del ser humano. En otras palabras, las plantas tienen centros de comando en sus raíces que garantizan su supervivencia pero que no proveen lo que el psiquiatra Antonio Damasio define como “el sentimiento de lo que sucede”.

Para Lincoln Taiz, botanista de la Universidad de California, Santa Cruz, que trabajó en este tema junto con otros siete colegas: “no existe evidencia científica de que las plantas requieren de facultades mentales con una cantidad de energía significativa, tales como conciencia, emociones, intencionalidades”. Incluso agrega que la crítica a los neurobiologicistas, quienes sí consideran que las plantas tienen conciencia, es que “han fallado en considerar la importancia de la organización del cerebro, tanto complejidad como la especialización para el fenómeno de la conciencia”.

 

La crisis ambiental fue lo que dio a luz a la neurobiología de las plantas

En un artículo para The Guardian, Taiz expresó que el surgimiento de esta rama fue el resultado de la crisis ambiental que cada vez más pone en riesgo la vida en la Tierra. Para él, el objetivo de los neurobiólogos de las plantas en un principio era incrementar la toma de conciencia de los humanos en relación con las plantas como organismos con vida haciendo uso de las emociones y la empatía; sin embargo, sus premisas parecen “nublar su objetividad; tienen que estar preparados para el hecho de que las plantas quizá no tengan conciencia”. 

De hecho, Taiz continúa con su aseveración: “Es una ciencia mala. Toma a toda la empresa científica y reduce su credibilidad”. Para él y el equipo de colaboradores que se encuentran en desacuerdo con la neurobiología de las plantas, se trata de un poco de necedad: 

Si creemos que ya sabemos cómo son las cosas y fracasamos constantemente en cuestionar nuestras propias asunciones, pero construimos nuestras declaraciones en un sistema de creencias muy vinculadas entre sí, entonces nos metemos en un problema grave y perdemos la oportunidad de que ocurra un verdadero hallazgo científico.

De modo que, ¿las plantas tienen conciencia porque alteran su corporalidad cuando se les habla? Taiz responde: “Estaría muy intrigado si [las plantas] respondieran a cuando se les habla”.

Pero más allá de la crítica de Taiz queda el enorme problema de definir qué es la conciencia, pues la frase “conciencia como el ser humano”, no tiene sentido si no se entiende primero qué queremos decir con conciencia. Y este es el llamado “problema duro de la ciencia”, el cual ha sido discutido sin llegar a ningún acuerdo por científicos y filósofos. Pero merece notarse que una importante corriente en la ciencia considera que es probable que la conciencia no sea un fenómeno único ni particular en la naturaleza, sino que sea algo ubicuo, de ahí que se hable de “panpsiquismo”. Y entonces, por supuesto, cada cosa tendría conciencia desde su propia particularidad, pero incluso cada individuo tiene una forma de conciencia única y particular.

 

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