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Videos que se reproducen automáticamente, páginas infinitas, recompensas al usuario: todo ello podría pronto ser regulado

Internet es ya para muchos de nosotros un medio indispensable en nuestra vida diaria, sea para estar en contacto con nuestros amigos y familiares, como recurso de trabajo o como medio de información. De hecho, así fue como nació la Web: su propósito inicial fue hacer accesible la información de manera pronta y eficiente.

Sin embargo, desde que dio el salto a su uso masivo, Internet fue pronto conquistado por el entretenimiento y la distracción. Como sucedió antes con la prensa, la radio o la televisión, en el caso del Internet también triunfó ese “apetito infinito por las distracciones” que Aldous Huxley señaló como uno de los rasgos fundamentales de la condición humana. 

Por razones que no es sencillo precisar, pareciera que el ser humano prefiere entretenerse con una y mil distracciones antes que cultivar y fortalecer su atención, y en nuestro mundo hay quienes toman ventaja de esa debilidad.

En el caso de Internet, los recursos que se han desarrollado para aprovecharse de la atención humana son simples pero al mismo tiempo notablemente sofisticados. Videos que se inician automáticamente, páginas que es imposible terminar de recorrer, “recompensas” que se le otorgan al usuario (como esas pequeñas dosis que mantienen cautivo al adicto, y más).

Hemos llegado al punto en que diversas voces se han alzado para cuestionar el efecto que el uso de Internet está teniendo en la percepción humana, en la manera de procesar la realidad y en general en nuestras capacidades cognitivas. Hay quien se pregunta incluso si la tecnología digital está volviendo estúpido al ser humano.

En ese contexto, Josh Hawley, senador republicano de Estados Unidos, impulsa una ley que busca regular o censurar algunas de las funcionalidades web que fomentan dicha distracción masiva, a saber:

-El “scroll infinito”, como el de Facebook o Twitter, con el cual el contenido de una página se recarga automáticamente, por lo cual ésta no tiene fin.

-La reproducción automática de videos (como ocurre en Facebook, Twitter y YouTube).

-Los “premios” que se dan a cambio de una interacción constante con determinada plataforma (como ocurre en Snapchat y Facebook).

-La funcionalidad por la cual se carga nuevo contenido en un sitio web una vez que el usuario llega al final de la página que visitó expresamente.

El senador Hawley ha propuesto una ley para la “Reducción de la tecnología de adicción a las redes sociales” (SMART, por sus siglas en inglés) para regular esos y otros recursos. A su parecer, “la industria tecnológica ha convertido la adicción en un modelo de negocio”. Hawley también considera que si bien las empresas asentadas en el famoso Silicon Valley de California son innovadoras, sus tecnologías hacen uso de “trucos psicológicos” para capturar la atención que son prácticamente imposibles de evitar.

Cabe mencionar que este no es el único proyecto legislativo que busca imponer un freno a los comportamientos adictivos asociados con Internet. Según informa The Guardian, el Parlamento del Reino Unido inició recientemente una investigación en torno a las “tecnologías adictivas”, que además de coincidir en las áreas aludidas en la ley de Hawley, también explora el efecto de los videojuegos sobre la vida psicológica y social de la población inglesa.

Por último, cabría aventurar la pregunta sobre si este no es quizá un intento más por imponer algún tipo de control sobre las empresas que tienen mayor presencia en la red. Como quizá saben nuestros lectores, en años recientes los gobiernos de países como Francia, el Reino Unido, Alemania y Estados Unidos (entre otros), han mirado con recelo el poder que potencial o realmente tienen firmas como Amazon, Facebook o Google y, al mismo tiempo, la dificultad para imponerles algún tipo de control debido en buena medida a la ubicuidad de los servicios que prestan. Quizá estos proyectos de ley sean una manera de encontrar una forma de, finalmente, limitar dicho poder.

 

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