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Un incendio amenaza uno de los símbolos más emblemáticos de la cultura francesa

Este lunes 15 de abril, lunes de la llamada Semana Santa, la célebre catedral de Notre-Dame, en pleno corazón de París, comenzó a incendiarse, cerca de las 18:50, hora local. El siniestro tomó por sorpresa a las miles de personas que se encontraban en el lugar, el cual es uno de los monumentos más visitados de la capital francesa, con un promedio de 30 mil visitantes por día.

Hasta ahora se desconocen las causas del incidente, pero una de las hipótesis que se manejan en los medios ha hecho alusión a los trabajos de restauración que se realizan en el edificio desde hace algunos meses. Los equipos de rescate trabajan ya para controlar y apagar el incendio.

Las imágenes que comienzan a circular son impresionantes, no sólo por la magnitud del incendio (que sin duda parece amenazador), sino también por el simbolismo de la catedral, cuya arquitectura gótica contrasta enormemente con el poder destructor del fuego. 

La flèche (aguja) de Notre-Dame, hecha de roble y plomo, al momento de colapsar. Cabe mencionar que se trataba de una réplica diseñada y construida en el siglo XIX (imagen: AFP/Getty).

Video: BFMTV

Cabe destacar que el accidente ocurrió pocos minutos antes de que Emmanuel Macron, presidente de Francia, iba a dirigir un mensaje en respuesta a las manifestaciones de los "chalecos amarillos" que han tenido lugar en el país desde hace varios meses.

Los medios franceses, por otro lado, han hecho eco del testimonio de autoridades y ciudadanos que se encuentran preocupados y conmovidos por los daños que el incendio está causando en uno de los emblemas de su cultura nacional y cuya construcción duró de 1163 a 1345.

 

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Hombre demanda a sus padres por tirar a la basura su colección de pornografía

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/15/2019

Un nuevo incidente en el que una relación entre padres e hijos termina en los tribunales

Un hombre de 40 años ha alcanzado los titulares de los periódicos luego de entablar una demanda judicial contra sus padres por un motivo especialmente llamativo: que éstos tiraron a la basura una colección de material pornográfico que el susodicho nutría y atesoraba desde hace un tiempo.

La historia comenzó en 2016, cuando el sujeto en cuestión se divorció de su esposa y, como resultado de dicho proceso terminó viviendo de vuelta con sus padres en Michigan, Estados Unidos.

Luego de 10 meses, el hombre volvió a salir del hogar familiar y se mudó a la ciudad de Muncie, en Indiana. Como parte de este traslado, le pidió a sus padres que enviaran por paquetería algunas de sus pertenencias. Para su sorpresa, cuando éstas llegaron a su nuevo lugar de residencia, descubrió un faltante para él inadmisible: 12 cajas que contenían revistas y películas pornográficas. 

Al preguntar por la omisión, su padre le respondió, claramente: "Te hice un gran favor al deshacerme de todo eso", según reporta el diario inglés The Guardian.

Es de suponerse que el hijo montó entonces en cólera, pues de inmediato pensó en emprender una acción judicial contra sus padres. Según él, su colección pornográfica tenía un valor estimado de 29 mil dólares, por lo que ahora en su demanda pide una reparación financiera de hasta 87 mil dólares por los daños provocados.

El incidente se suma a otros ocurridos recientemente en los que las instituciones judiciales se ven obligadas a intervenir en una relación entre padres e hijos. Hace un par de meses, un hijo pretendió demandar a su padres porque éstos lo hicieron nacer sin su consentimiento (una acusación oscilante entre el absurdo y la filosofía nihilista). En otra ocasión, una pareja recurrió a la justicia para que su hijo de 30 años de edad dejara por fin el hogar familiar.

Más allá del carácter anecdótico de estos casos, sin duda podríamos ver en ellos también cierta dificultad para hacer evolucionar un vínculo de afecto tan singular como el que existe entre padres e hijos, que si bien se funda inicialmente en la protección y el cuidado, a lo largo de la vida también tiene que cambiar y ajustarse hacia una relación madura y sensata, pues tanto padres como hijos somos, a fin de cuentas, seres humanos.

 

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