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Hombre demanda a sus padres por tirar a la basura su colección de pornografía

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/15/2019

Un nuevo incidente en el que una relación entre padres e hijos termina en los tribunales

Un hombre de 40 años ha alcanzado los titulares de los periódicos luego de entablar una demanda judicial contra sus padres por un motivo especialmente llamativo: que éstos tiraron a la basura una colección de material pornográfico que el susodicho nutría y atesoraba desde hace un tiempo.

La historia comenzó en 2016, cuando el sujeto en cuestión se divorció de su esposa y, como resultado de dicho proceso terminó viviendo de vuelta con sus padres en Michigan, Estados Unidos.

Luego de 10 meses, el hombre volvió a salir del hogar familiar y se mudó a la ciudad de Muncie, en Indiana. Como parte de este traslado, le pidió a sus padres que enviaran por paquetería algunas de sus pertenencias. Para su sorpresa, cuando éstas llegaron a su nuevo lugar de residencia, descubrió un faltante para él inadmisible: 12 cajas que contenían revistas y películas pornográficas. 

Al preguntar por la omisión, su padre le respondió, claramente: "Te hice un gran favor al deshacerme de todo eso", según reporta el diario inglés The Guardian.

Es de suponerse que el hijo montó entonces en cólera, pues de inmediato pensó en emprender una acción judicial contra sus padres. Según él, su colección pornográfica tenía un valor estimado de 29 mil dólares, por lo que ahora en su demanda pide una reparación financiera de hasta 87 mil dólares por los daños provocados.

El incidente se suma a otros ocurridos recientemente en los que las instituciones judiciales se ven obligadas a intervenir en una relación entre padres e hijos. Hace un par de meses, un hijo pretendió demandar a su padres porque éstos lo hicieron nacer sin su consentimiento (una acusación oscilante entre el absurdo y la filosofía nihilista). En otra ocasión, una pareja recurrió a la justicia para que su hijo de 30 años de edad dejara por fin el hogar familiar.

Más allá del carácter anecdótico de estos casos, sin duda podríamos ver en ellos también cierta dificultad para hacer evolucionar un vínculo de afecto tan singular como el que existe entre padres e hijos, que si bien se funda inicialmente en la protección y el cuidado, a lo largo de la vida también tiene que cambiar y ajustarse hacia una relación madura y sensata, pues tanto padres como hijos somos, a fin de cuentas, seres humanos.

 

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Vecinos de esta calle de París prohibirán el paso a personas que usen Instagram

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/15/2019

Cansados de las perturbaciones a su vida cotidiana, los habitantes de esta calle parisina buscan imponer medidas extremas a personas que sólo acuden para tomarse una fotografía

Por si alguien no lo ha notado, una de las grandes epidemias de nuestra época es la pérdida cada vez más preocupante de la capacidad para vivir una experiencia sin necesidad de "consignarla" en redes sociales. Como bien sabemos, parte de la "forma de ser" de nuestro tiempo implica acompañar invariablemente un suceso de su publicación correspondiente en alguno de los varios brazos sociales de Internet, sobre todo Facebook e Instagram.

Ante esta especie de obsesión colectiva, un grupo de vecinos de la rue Crémieux, en París, han pensado seriamente en prohibir el paso a toda persona que acuda a la calle que habitan con el solo propósito de tomar una foto para Instagram o, en otro caso, a los "influencers" de todas partes del mundo que llegan ahí, sin ningún tipo de solicitud, para grabar videos.

Situada en el XIIe arrondissement, cerca de la Gare de Lyon, la calle se ha convertido en un spot favorito de los adictos a las redes sociales por su aspecto pintoresco: un sitio con evocaciones campiranas anclado en el corazón de París, como si se tratase de un punto olvidado por el paso del tiempo.

La calle alberga edificios donde habitan cerca de 150 personas, quienes en los últimos 5 años han notado con pavor el incremento desmedido de turistas que acuden exclusivamente para tomarse una foto pero que, por su cantidad, cada vez son menos respetuosos de la vida cotidiana del lugar, sus vecinos o su mobiliario. Sus habitantes se quejan, por ejemplo, del rodaje de videos que en ocasiones dura hasta 2 horas, el cual suele estar acompañado de música reproducida a alto volumen. Algunas personas han sugerido cobrar el uso del espacio público, a razón de hasta 135€ por fotografía.

Cabe mencionar, sin embargo, que otros vecinos son más tolerantes y aseguran que en la mayoría de los casos basta con hablar con los visitantes espontáneos para permitir que el flujo normal del ritmo de la calle se restituya.

¿Llegará el día en que las leyes regulen los comportamientos relacionados con la esfera virtual? Por más descabellado que esto pueda sonar hoy, quizá no estemos muy lejos de ello.

 

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