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El debate entre Slavoj Zizek y Jordan Peterson será sobre la felicidad

Filosofía

Por: pijamasurf - 03/02/2019

Zizek y Peterson: dos de los intelectuales más célebres de nuestra época, representantes de 2 formas muy distintas de entender la realidad y la vida

Dos de los intelectuales que mayor notoriedad mundial han tenido en los últimos años, Slavoj Zizek y Jordan Peterson, protagonizarán próximamente un debate que para algunos ha sido largamente esperado, pues enfrentará dos visiones de mundo radicalmente distintas.

En efecto, Zizek, que comenzó a ganar fama como analista cultural a finales de los años 90, posee una inclinación por el marxismo y el psicoanálisis, bajo cuyos conceptos suele leer la realidad con un punto de vista crítico.

Por el contrario, Peterson, quien ha sido calificado de conservador y aun de ideólogo de la derecha política, es un profesor de psicología de la Universidad de Toronto que a partir de su fama en YouTube se convirtió en uno de los autores más leídos a nivel internacional, un conferencista sumamente escuchado y en general una figura pública de notable influencia.

Pero si algún punto en común puede señalarse en ambos personajes es que su fama mundial se debe, circunstancialmente, al auge del Internet y las formas de comunicación nacidas con este medio, pero sobre todo a la honestidad y la claridad con que ambos expresan sus opiniones, incluso cuando éstas puedan parecer excéntricas, fuera de lugar y aun impopulares. Tanto Zizek como Peterson comenzaron a ganarse un lugar en distintos foros públicos justamente por esa forma de sinceridad, que de inicio es una sinceridad hacia sí mismos y sus principios ideológicos. Podemos o no estar de acuerdo con ellos, pero a ninguno de los dos se les puede negar que sus opiniones se encuentran sustentadas en argumentos firmes y racionales.

Quizá por ello el debate que protagonizarán suscita cierto interés, pues en ambos casos nos encontramos frente a personajes formados para el intercambio de puntos de vista, la discusión, la defensa de las ideas y, es de suponerse, la búsqueda de la verdad. 

Ello sin mencionar un aspecto quizá más mundano pero igualmente importante: cada uno representa formas radicales de entender el mundo. Zizek pertenece al bando de quienes creen que para que el ser humano realice su potencial es necesario transformar radicalmente el sistema en el que vivimos; Peterson es más bien de la opinión de que el cambio es imposible, que las estructuras en las que vivimos son tan antiguas como el tiempo y la evolución y que lo mejor es entender pronto esto y sacarle provecho de la mejor manera.

Sin embargo, cabría hacer notar una diferencia sustancial, que quizá lleve el debate a un callejón sin salida: la formación de Zizek es más bien humanista, a medio camino entre el filósofo y el historiador de las ideas. Peterson, en cambio, está firmemente convencido de que la ciencia, su método y sus resultados son la única manera de “comprobar” una verdad, y es muy difícil hacerle ver que también la ciencia se equivoca y está influida por la ideología dominante de la época en que se desarrolla. En ese aspecto, Zizek ve más lejos que Peterson, pero dada la hegemonía del discurso científico heredada de la modernidad, el punto de vista del psicólogo suele ser mejor o más fácilmente escuchado.

“Felicidad: Capitalismo vs. Marxismo” es el tema y título del debate que se celebrará el próximo 19 de abril en el Sony Centre de Toronto, Canadá. Un tema sumamente adecuado para todos: tanto para los protagonistas del debate como para los espectadores, además de para el suceso en sí, que puede culminar en un intercambio interesante de ideas en torno a dicha noción que tanto importa al ser humano. Cabe mencionar asimismo que en los últimos meses Zizek calificó a Peterson como su “enemigo”, a lo cual el profesor canadiense replicó que lo esperaría en cualquier momento y lugar.

Conforme se acerque la fecha estaremos atentos, en caso de que exista algún tipo de transmisión que sea posible compartir en línea.

 

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Filosofía

Por: pijamasurf - 03/02/2019

Una actitud que los filósofos han distinguido como un modo sublime de sortear las vicisitudes de la existencia

Es obvio que el ser humano no controla su destino. Puede aspirar a ser mejor, puede modificar sus hábitos, puede crecer y aprender y su vida será en cierta medida más digna y más pacífica. Pero no puede vencer a la muerte, no puede imponerse a las contingencias del tiempo y de la naturaleza o, si acaso, de los dioses. Su rango de acción e influencia es mínimo en un sentido cósmico.

Ante esta situación existencial, sin embargo, tiene la libertad de responder con la actitud que juzgue mejor. Puede aceptar o resistirse a lo que sucede. La filosofía estoica, que goza de una suerte de renacimiento en nuestra época, tiene como uno de sus preceptos básicos justamente la aceptación de todo lo que sucede. No se trata de una amarga resignación patética e impotente, sino de recibir con los brazos abiertos aquello que Dios o el universo nos presenta, con una ecuanimidad que no debe confundirse con mera impasibilidad, sino que por momentos incluso puede llegar a ser una serena celebración del misterio y el destino. Esta aceptación, por otro lado, no significa que la persona se retira del mundo en un quietismo impávido, pues como vemos en el caso de Séneca o del emperador Marco Aurelio, los estoicos fueron en cierta forma hombres de acción. Significa más bien que se actúa cuando se debe actuar, con conciencia de las limitaciones individuales, pero uno no se resiste ni se rebela contra los resultados de los actos. Los toma como sagrados, como manifestaciones de un orden universal superior a la propia voluntad. Escribe Séneca en Cuestiones naturales:

¿Cuál es la mejor consolación para el infortunio y la tristeza? [...] Es que el hombre acepte todo como si lo hubiera deseado y lo hubiera pedido; puesto que lo habrías deseado, si hubieras sabido que todo pasa por voluntad de Dios, en su voluntad y por su voluntad.

Y en una de sus cartas a Lucilo: "Padre y Señor de los cielos, estoy listo para todo lo que es tu voluntad; dame la voluntad para querer en concordancia con tu voluntad".

Esta idea, aunque tiene un sabor altamente estoico, se encuentra en numerosas tradiciones religiosas. El místico alemán cristiano Meister Eckhart incluso comenta estas citas del "filósofo pagano" dentro de la visión eminentemente cristiana de la autonegación. Y por supuesto esto es a lo que se refiere el Padre Nuestro: "Hágase Señor tu voluntad en la tierra como en el cielo". Esta idea la podemos encontrar también, obviamente, en el islam y en el bhakti hindú. Pero curiosamente aparece, en su versión atea, en Nietzsche. Escribe Nietzsche, en la sección 10 de Ecce homo:

Mi fórmula para expresar la grandeza en el hombre es amor fati [amor al destino]: el no querer que nada sea distinto ni en el pasado ni en el futuro ni por toda la eternidad. No sólo soportar lo necesario, y aún menos disimularlo ―todo idealismo es mendacidad frente a lo necesario― sino amarlo.

Nietzsche da una "fórmula" para la felicidad o para la realización del ser humano muy similar a la de Séneca y en alguna medida a la del cristianismo (algo que es curioso, pues Nietzsche es quizá el más grande crítico que ha tenido esta religión). Claro que Nietzsche no considera que los sucesos que se presentan tengan un origen divino o manifiesten una voluntad divina; su actitud es más bien trágica. Sin embargo, su "voluntad de poder", en los momentos extáticos y desmedidos de algunos de sus pasajes, parece cobrar una suerte de aura divina, pues aunque Nietzsche dice que no tiene sentido o propósito, y ciertamente no se trata de algo trascendente, sigue siendo una voluntad cósmica, "un monstruo de energía sin principio ni final", que permea todo. Una fuerza universal con la cual debemos bailar una danza circular, una pista que se repite por la eternidad. El caos como divinidad y la aceptación de su majestuosa brutalidad como el culto apropiado.

 

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