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El fascinante hallazgo de la dentadura de lapislázuli de una monja medieval

La iluminación de manuscritos en la época medieval y en el Renacimiento fue algo hermoso y fascinante, de donde se desprenden cosas como los manuales alquímicos o una monja con dientes de lapislázuli. 

Un grupo de científicas examinó el sarro acumulado en los dientes de una monja que vivía en un pequeño convento en el siglo XI y halló una notable cantidad de lapislázuli, la piedra preciosa usada también como pigmento. El lapislázuli fue el pigmento más valioso de esa época, pues generaba el azul de ultramar con el que se hermoseaban tablas, frescos y manuscritos. Hasta que se descubrió América, la única fuente de este pigmento era Afganistán, lo cual lo hacía sumamente caro.

Los hallazgos muestran que las mujeres también fueron parte de ese oficio preciosista que era iluminar manuscritos. Las investigadoras del Instituto Max Planck creen que el caro azul del lapislázuli llegó a los dientes de la monja debido a que ésta tenía que afinar sus pinceles metiéndoselos a la boca. Se encontraron hasta 100 partículas de lazurita en el sarro en tan sólo un diente, con un tamaño medio de 10 micras, según informa El País

Otra teoría sugiere que el lapislázuli en los dientes podría tener como causa la llamada "osculación devocional", la costumbre de besar los textos sagrados, algo que llegó a estar de moda en la Edad Media y que quizá debería de volverse a poner de moda.

Sólo queda imaginar la sonrisa de lapislázuli de aquella monja ilustradora, o ¿acaso un beso azul sagrado?

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Sociedad

Por: pijamasurf - 01/11/2019

El colmo del absurdo de la opulencia

Una de las muestras más llamativas del poder y lo absurdamente ostensible del narcotráfico, una cultura de la no cultura, es la reciente tendencia entre capos de la droga de hacerse tumbas con aire acondicionado, vidrios blindados y hasta TV con cable. Ni en la muerte se vale sufrir vejaciones. Tumbas de dos pisos con columnas, escaleras, vitrales y salas para dolientes han aparecido en los últimos años en cementerios como el de Jardines del Humaya, en Culiacán. Otras tumbas cuentan con sistemas de alarma e iluminación nocturna.

Aparentemente, los narcos buscan dejar así sus testimonios de poder y supuesta respetabilidad. Incluso algunos, quizá queriendo ser algo así como nuevos faraones, podrían estar buscando confort y lujo aun después de la muerte. Otros tal vez han sido elevados a cuasi santos de una religión confusa, como el famoso Jesús Malverde. Lo que queda claro es que se llevan su estilo de vida hasta la tumba. Vana esperanza, sin duda, creer que sus posesiones materiales pueden hacer algo por ellos.