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"Kidding", la nueva serie de Jim Carrey dirigida por Michel Gondry (VIDEO)

Arte

Por: pijamasurf - 09/10/2018

El anticipado regreso de Carrey

El dúo extravagante que nos dio Eternal Sunshine of the Spotless Mind está de regreso en una extraña y honesta serie sobre un titiritero y showman. En el transcurso entre dicha película y ahora, Jim Carrey ha vivido una especie de descenso al inframundo y despertar espiritual, una maduración como artista -que lo ha llevado a convertirse también en pintor- y como ser humano (aunque algunos creen que es, más bien, un delirio narcisista disfrazado de despertar espiritual). Después de un considerable hiatus, Carrey reapareció en el 2016 en un oscuro papel  como policía en un thriller polaco, y ahora regresa en un papel más natural, como Mr. Pickles, en una pieza biográfica basada en el programa de PBS: Mr. Pickles' Puppet Time.

Jeff Pickles era el personaje que durante 30 años personificó Jeff Piccirillo, una personalidad de la TV pública de Estados Unidos y quien conducía un popular show para niños, mientras su vida personal se desmoronaba. Después de la muerte de uno de sus hijos, y ya divorciado, Mr. Pickles empieza a tener problemas para adaptarse a la vida; mientras tanto, debe seguir poniendo cara risueña y alegre e interactuando con los niños. Mr. Pickles es una imagen del bien, la honestidad y la sabiduría en un mundo cruel. 

La serie ha recibido reseñas mixtas, aunque en general Jim Carrey ha recibido muchos elogios por su interpretación de Jeff Pickles. Sin duda, se trata de una excelente opción en un mundo en donde cada vez más las series son lo que domina el entretenimiento. La fabulosa imaginación de Michel Gondry, aunada a la maniática versatilidad de Carrey (y especialmente, su talento para encarnar lo mórbido), hacen que esta serie sea uno de los estrenos más atractivos del año.

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El poeta no crea, sintoniza la creación perpetua: sobre la poesía de Rilke (poemas de 'El libro de horas' traducidos)

Arte

Por: Alejandro Martínez Gallardo - 09/10/2018

"El libro de horas" marca el despertar de la percepción poética de Rilke y, como tal, es uno de los grandes acontecimientos en la historia de la poesía

El libro de horas es el libro en el que Rilke encontró su voz poética. Aunque escribió cosas antes, este libro bien puede considerarse su libro inaugural, y por lo tanto significa un acontecimiento mayúsculo en la historia de la poesía. Heidegger dijo de Hölderlin que "era el poeta del poeta", el hombre que era la más pura encarnación de la poesía. Rilke, quien aprendió de Hölderlin, es el poeta de la poesía, el poeta puro, último avatar de esta tradición de la luz que mantiene la antorcha del fuego-palabra, que regresa la poesía a su espíritu original: sintonizar la perpetuidad de la creación divina y alabarla en la palabra.

Rilke dedicó el libro a Lou Andreas-Salomé, quien fue su amante (y quien también fue amada por Nietzsche, aunque sin reciprocidad). Fue con ella que conoció Rusia y sus vastos cielos azules, y la hermosa fe religiosa de los campesinos. Después de este viaje escribió este libro (abajo he traducido una selección). En su diario, Rilke anotó sus impresiones. Podemos asistir exactamente en este recuerdo al amanecer del ars poetica que defiendo aquí con el poeta checo:

Lo que había visto hasta ahora no era más que una imagen de la tierra y el río y el mundo. Aquí, sin embargo, todo es su propio ser. Siento como si hubiera sido testigo de la creación; unas pocas palabras por todas las existencias, las cosas en la medida de Dios, el Padre.

(1900)

El énfasis es mío. Siento como si hubiera sido testigo de la creación. Este es el estado que define al verdadero poeta. El punto de partida -eje y omphalos- de la poesía. Recordemos que la palabra poiesis significa "creación". Pero el poeta no crea; es quien percibe la creación. Es quien desarrolla la percepción, el ritmo para sintonizar la creación. Descubre -como los místicos- que la creación no ocurrió en un ayer remoto, sino que es presencia perpetua. Cada instante resume la eternidad; como escribió Simone Weil, siguiendo a su maestro Platón: "el grano de mostaza, el instante, la imagen de la eternidad". Pero más aún, que la creación es instaurada a través de la palabra (que es la luz), por lo cual la palabra poética es una re-creación. Esta es la idea que me interesa desarrollar y la cual creo que es, simplemente, lo que constituye la más pura realidad poética: que es más una mirada, una transparencia a la continuidad del acto creativo, una porosidad de lo inmanente a lo trascendente, y no una innovación o una gestación individual.

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En El libro de horas presenciamos, somos los invitados al proceso mismo del nacimiento de la percepción poética, lo que Blake describió como la apertura de las puertas de la percepción -la admisión a la realidad y su infinitud-. Presenciamos en Rilke el tormentoso nacimiento de la percepción poética, en la cual ya está la voz, como lo está en Dios su verbo, eternamente diciéndose. Rilke siente la dicha de participar en la obra divina, de ser la parte culminante, pues la obra necesita ser percibida para cobrar sentido. En el primer poema del libro habla de un momento en el que la luz se posa sobre él y lo envuelve como un anillo. Todo vibra y ocurre una transformación: puede sentir que participa en la vida y que el mundo es maleable, elástico, traslúcido. Como Adán en el Edén, las cosas vienen a él y se revelan, la naturaleza se vuelve responsiva como una novia que se acerca infinitamente; se celebra una especie de hieros gamos entre el poeta y el mundo.

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La creación no está completa hasta que no es vista con los ojos del poeta. Es decir, con los ojos mismos del creador. Como escribió Meister Eckhart: "los ojos con los que veo a Dios son los ojos con los que Dios me ve a mí". Este es el secreto de todo verdadero poeta, el secreta secretorum, el sine qua non de la poesía. Lo descubre Rilke en su hora, cuando el cielo se inclina hacia él: son los ojos del primer día, los ojos adánicos. El poeta es su mirada, su percepción depurada. Al permitir que la percepción poética se arraigue, el poeta descubre que la creación está ocurriendo en su interior, que el dios oscuro, de las raíces sedientas, está surgiendo y revelándose. Hay temor y silencio, "belleza y terror", una veneración natural en la que participa, pero no obstante lo que suceda, "ningún sentimiento es un error". Es el poder de un auténtico poeta, que nos hace descubrir en sus palabras nuestros sentimientos más profundos y reconciliarnos con ellos a través de la belleza. La palabra como resonancia curativa. 

...El parto de la luz en la oscuridad de la tierra. La divinidad se revela a través de lo que podemos sentir, en su más profunda acepción. En un poema, Rilke recuerda las palabras dichas por Dios a sus criaturas durante la creación, motivándolas a experimentar el más variado espectro, ir hasta el límite de los sentidos, bebiendo de la fuente inagotable que es la vida misma; un maná, siempre presente. Ninguna sensación o sentimiento es final, nada que podamos sentir es concluyente, pero cada sentimiento contiene la totalidad, cada uno bebe de esta fuente infinita. Y cuando confiamos en esto, entonces Dios camina con nosotros, nos toma de la mano, como se dice que caminó en el Paraíso con el hombre, en el fresco de la mañana, recorriendo su vasta creación y nombrándola.  

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El poeta es quien siente, es el que aguza los sentidos, el que socava el instante como si contuviera, en su sensación, una perla de gran precio. ¿Pero qué es lo que es tan extraordinario de sentir? Todos sentimos, es cierto. Pero el poeta tiene el aliciente y, más aún, la responsabilidad de sentir no sólo lo que aparece sino la luz en la que las cosas aparecen, el fondo que sostiene toda percepción -donde "un fuego crece cuya sombra cubre el mundo"-. Al sentir, el poeta descubre que lo que siente no tiene límites, que es capaz de absorber y abarcar el mundo. Que la abundancia no deja de ser abundante cuando se bebe abundantemente de ella. Podríamos especular que esto implica que la sensación es el porqué del mundo: Dios quiere ser sentido en nosotros, como dice un poema posterior de Rilke. Es sentido en nosotros: nosotros sentimos el mundo y eso que sentimos es Dios, pero Dios es también nuestro sentido: nuestros sentidos y nuestro sendero, un camino hacia sí mismo. Esto lo refleja perfectamente el sánscrito, donde el dios Indra y los sentidos (indriya) tienen la misma raíz. En una de las Upanishad se dice que los sentidos son "los sementales de Indra", los que llevan el carro del Supremo. A través de los sentidos, la divinidad pasea por el mundo y goza de su propia obra. Una obra que no escatima, y su gloria es tanto la belleza como el terror, la luz y la sombra. 

Como todos los grandes poetas después del Cantar de los Cantares, Rilke en su último poema nota que el amor promete, en la intensidad de su deleite, la posibilidad de la existencia más allá de la muerte, una especie de fuego que el agua no apaga, un existir ilimitado que es el fruto del acto esencial de la libertad, que es el amor. Al leer la frase "concede la muerte que viene de esa vida en la que conocimos el amor", me viene a la mente San Juan de la Cruz: "En el atardecer de la vida, seremos examinados en el amor".

 

Libro de las horas (1905)

 

En este momento la hora se inclina y me toca

con su lúcido anillo metálico

mis sentidos vibran. Se forma el sentimiento:

Yo puedo- y palpo el día elástico. 

 

Nada estaba completo antes de ser visto por mí,

todo ir y venir ahora yace quieto.

Mis ojos están maduros y todo lo que desean

se acerca como una novia.

 

Nada es demasiado pequeño: contra un fondo de oro

lo pinto grande y amoroso

y lo sostengo en alto, nunca sabré

de quién es el alma que puede liberar.

 

*

 

Estoy en el extremo del siglo,

Uno puede sentir el viento de una gran página-

que Dios y tú y yo hemos llenado de escritura-

girando por lo alto en manos extrañas ahora.

 

Uno puede sentir el resplandor de esta hoja nueva,

en la que todo puede inscribirse aún.

 

Las fuerzas silentes ponen a prueba su rango

y se miran entre sí oscuramente.

 

*

 

Tu primera palabra fue Luz:

y el tiempo comenzó.

Tu segunda palabra fue el Hombre y el miedo se esparció

(todavía nos ensombrecemos ante su sonido)

antes de que tu rostro retomara su creación.

 

Y por ello temo tu tercera.

 

Seguido rezo en la noche: sé el mudo,

el que crece firme en gestos

y es movido por el espíritu en los sueños

a inscribir la onerosa suma del silencio

en lo alto de las montañas y en las frentes humanas.

 

Sé el refugio de la ira

que expulsó lo inefable.

La noche cayó en el Paraíso:

sé el pastor cuyo cuerno suena una sola vez-

pero sólo como cuentan nuestra antiguas historias.

 

*

 

Si hubiera crecido en otra tierra,

una con días más ligeros y horas más sutiles,

habría hecho para ti una fiesta singular

y mis manos no te habrían sostenido

con temor y  tensión,

como suelen hacerlo. 

 

Habría sido valiente y te habría consentido,

a ti Ahora ilimitado.

Te habría lanzado como una bola

hacia todo deleite ondulatorio,

para que alguien te pudiera atrapar y saltara

con las manos en alto para contener tu caída,

tú   cosa de todas las cosas.

 

Te habría hecho brillar y surcar por el aire

como un sable.

Habría hecho que tu fuego se renovara

en un gran anillo dorado. 

y habría hecho que se sostuviera

en la más blanca mano. 

 

Te habría pintado: no en la pared

sino en el cielo, de extremo a extremo,

y te habría esculpido, de la forma en que un gigante

te esculpiría: el pico de una montaña, un fuego radiante,

un simún irrumpiendo en la arena del desierto-

 

o

en verdad tal vez te encontré

una vez...

                      Mis amigos de la infancia están lejos;

apenas puedo seguir escuchando sus risas 

y tú: te has caído del nido

eres una joven ave y tienes garras amarillas

y ojos grandes y atraviesas mi corazón.

(Mis manos deben parecer gigantes.)

Y la punta de mi dedo eleva una gota del pozo

y escucho, escucho, algún sonido de tu sed

escucho tu corazón y el mío

palpitando de temor.

 

*

 

Vivo mi vida en círculos crecientes

que se esparcen por todo lo que me rodea.

Quizá no logré el verdadero final

pero eso será mi meta.

 

Circulo a Dios, rodeando la antigua torre,

llevo dando vueltas un eón,

y todavía no lo sé: ¿soy un águila, una tormenta

o una soberana canción?

 

*

 

Tengo muchos hermanos que usan sotanas ligeras

en el sur, donde hay laureles en los claustros.

Sé cuan humanas hacen sus madonnas,

y sueño seguido con jóvenes Tizianos

entre los cuales Dios se mueve 

como una flama pura.

 

Pero aquí, donde los instintos se vuelcan hacia dentro:

Mi dios es oscuro y como una red

de raíces intrincadas todas bebiendo en silencio.

Que de este sediento calor yo emerjo

es lo único que sé: pues mis ramas

mantienen la calma perfectamente

y sólo se mecen en el viento.

 

*

 

Yo soy, tú el ansioso. ¿No me escuchas

volcándome sobre ti con todos mis sentidos?

Mis sentimientos, que han hallado alas, dan vueltas

como aves blancas alrededor de tu rostro.

Y mi alma -¿no puedes verla ahí

erigida frente a ti en una túnica de silencio?

¿Acaso mi plegaria de primavera

no madura en tus ojos como en un árbol?

 

Si tú eres el soñador, yo soy tu sueño.

Pero si eliges estar despierto, yo soy tu voluntad

y me convierto en el maestro de toda la majestad

y redondeo la perfecta quietud como una estrella

que brilla encima de la remota ciudad del tiempo.

 

*

Dios nos habla a cada uno de nosotros al crearnos,

y luego camina con nosotros en silencio fuera de la noche.

Pero las palabras, que nos fueron dichas antes de empezar,

esas palabras son las siguientes:

 

Impulsado hacia delante por tus sentidos,

ve hasta el límite de tu deseo;

invísteme.

 

En el fondo de las cosas crece un fuego,

para que sus sombras, alargadas,

me cubran por siempre, completamente..

 

Deja que todo te ocurra a ti: belleza y terror.

Sólo sigue adelante: ningún sentimiento es un error.

No dejes que te corten de mi fuente.

Cerca está el país

llamado Vida.

 

Lo reconocerás

por su gravedad.

 

Dame tu mano.

 

Oh Señor, danos a cada uno nuestra propia muerte. Concede

la muerte que viene de esa vida en la que conocimos el amor,

cuando encontramos sentido, y sentimos necesidad.  

 

Traducido por Alejandro Martínez Gallardo (@alepholo), con base en la versión inglesa de Edward Snow. Este artículo primero fue publicado en Cadena Áurea.