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Krishnamurti explica por qué crees que amas pero en realidad no lo haces

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/17/2018

J. Krishnamurti sobre la gran ilusión de nuestra época, de que realmente amamos

Por todos lados la sociedad y la cultura exaltan al amor como el máximo valor, el estado más alto de la existencia e incluso la razón y propósito de ésta; pese a que puede haber un exceso retórico o un abuso discursivo del término "amor", muy pocos se atreverían a cuestionar esto, pues es bastante incontrovertible. Actualmente -a partir del nihilismo moderno y el relativismo posmoderno- existe un serio cuestionamiento sobre la existencia de Dios e incluso sobre la existencia de tal cosa como la verdad, pero casi ninguno de estos discursos que se basan en una ontología del poder extiende su crítica o su suspicacia al amor -ya sea como eros o como caridad o compasión-. Más allá de toda gimnasia intelectual, el ser humano sabe que el amor es la expresión esencial de su misma humanidad, el summum bonum de la vida en la Tierra, el estado capaz de hacer frente a la realidad de sufrimiento del mundo. Pero una cosa es saber esto y otra es vivirlo. Y una cosa es ver que el amor se exalta en todos lados y que en todos lados se ofrece como el meta-producto (aquello por lo cual todos los demás productos se consumen teleológicamente) y otra cosa es amar, tener amor y dar amor. La diferencia es enorme y, de hecho, describe en gran medida nuestra condición moderna.

El filósofo indio Jiddu Krishnamurti, quien sin duda fue uno de los hombres más comprometidos con una visión éticamente rigurosa, sin hacer concesiones ni a los viejos sistemas de pensamiento ni a las seducciones de la vida moderna, habló sobre esto en una charla pública en Benarés en 1964. Las palabras de Krishnamurti son duras y pueden parecer controversiales, pero nos parece que son verdaderas, especialmente a la luz de la evidencia. Krishnamurti no dice que el amor no exista o que las personas no lleguen a amar sino que hace énfasis en que las personas no aman como parte de su cotidianidad, de su estado base; y en consecuencia, el amor se convierte en una especie de estado extraordinario, en una especie de "high" que no persiste, probablemente sólo una infatuación o limerencia. Si en realidad amáramos, ¿acaso habría tanta violencia, injusticia y miedo en el mundo? Krishnamurti incluso pone en duda el amor de las madres y los padres, que en nuestra sociedad es considerado como algo sagrado e incuestionable. El filósofo entiende el amor como un estado que genera unidad, paz y armonía y por lo tanto, si los padres amaran consistentemente a sus hijos, el mundo hablaría por ellos reflejando paz. Así que en general no, no tenemos amor. 

¿Saben?, realmente no tenemos amor, darse cuenta de ello es terrible. En realidad, no tenemos amor; tenemos sentimientos, tenemos emociones, sensualidad, sexualidad; tenemos recuerdos de eso que pensamos que es amor. Pero la cruda realidad es que no tenemos amor. Porque el amor significa ausencia de violencia, miedo, competición, ambición. Si tuvieran amor, nunca dirían: "Esta es mi familia". Puede que tengan una familia y que le den lo mejor que tengan pero no es "su familia", lo cual se opone al mundo. Si uno ama, si hay amor, hay paz. Si amaran, no sólo educarían a sus hijos a que tuvieran una formación para un trabajo o se ocuparan de sus pequeños asuntos, educarían a sus hijos a no ser nacionalistas. No habría divisiones religiosas si amaran. Pero estas cosas existen, no como teoría sino como una cruda realidad, en este mundo tan feo, y eso nos muestra que no tienen amor. Incluso el amor de una madre por su hijo no es amor. Si las madres de verdad amaran a sus hijos, ¿creen que el mundo sería como es? Se asegurarían de que tuvieran la comida adecuada, la educación correcta, de que fueran sensibles, de que apreciaran la belleza, de que no fueran ambiciosos, envidiosos o codiciosos. Así pues, la madre, por mucho que piense que ama a su hijo, no ama a su hijo. De modo que no tenemos ese amor.  

(Obras completas, tomo XV, Benarés, 5ª charla pública, 28 de noviembre de 1964)

Lo anterior nos sirve para cuestionar nuestros motivos, intenciones, integridad y constancia. Lo que define al amor es trascender el propio ego, un estado que va más allá de la importancia y el beneficio personal; por supuesto, el amor no está en conflicto con el placer y con el bien personal, pero este placer y este bien del amor se encuentran siempre en el otro, en un extenderse al otro, en un desear la felicidad del prójimo. Y es el deleite de la realidad el hecho de que amar y hacer feliz a otro nos hace felices también a nosotros. Cabe preguntarse, entonces, si no estamos anteponiendo nuestros deseos egoístas y llamando amor a algo que en realidad es una forma de ocultar nuestro miedo e inseguridad o de buscar placer para nosotros mismos, sin tomar en cuenta los verdaderos deseos de los otros. Es triste pero, si Krishnamurti tiene razón, la mayoría de las veces lo que pensamos que es amor no lo es. Hablamos con demasiada facilidad del amor, y no notamos que debemos ser libres para poder amar. Para Krishnamurti, y para la mayoría de las tradiciones espirituales, la libertad no consiste en poder elegir cualquier cosa según un libre albedrío, sino en la facultad de expresar libre y auténticamente el propio ser, ser quien realmente eres. Para ello es necesario ser consciente de los condicionamientos de la sociedad, observar la propia mente y enfrentar los miedos que nos impiden expresarnos plenamente. No es que el amor sea algo que debamos producir o crear a través de un arduo proceso; el amor es el estado esencial del ser humano, pero debido a los condicionamientos socioculturales, este estado nos parece ajeno. Justamente, debemos liberarnos de estos condicionamientos; como si fuere, limpiar el espejo para que pueda reflejar el Sol. Un amor sin libertad será solamente la sombra del amor.

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La piedra filosofal, la conjunción de los opuestos y otros principios de la alquimia (entrevista con Álvaro Remiro)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 09/17/2018

Hablamos con el alquimista Álvaro Remiro sobre la piedra filosofal, la conjunción de los opuestos, el solve et coagula, el mercurio y el sulphur, la vocación de los seres hacia la perfección y otros temas

La palabra "alquimia" es una de las más abusadas, más malentendidas y a veces vilipendiadas en la actualidad. Proliferan las aplicaciones y las apropiaciones superficiales, pérfidas o simplemente erróneas del término, a veces incluso entre académicos y supuestos expertos. En el interés de salvaguardar esta antigua tradición ligada al hermetismo entrevistamos al hakim Álvaro Remiro, un alquimista, espagirista y astrólogo que fue iniciado a la alquimia por el doctor Yabir Abu Omar, quien durante 12 años le reveló los misterios de la alquimia de Al-Andalus y la preparación de remedios vegetales. 

A continuación, presentamos el audio de la entrevista y una transcripción de algunos de los puntos salientes de nuestro diálogo. Hemos editado levemente la transcripción para ajustar el lenguaje a la palabra escrita. De cualquier manera, reiteramos que la totalidad de la entrevista no fue transcrita aquí. 

La visión espiritual de la alquimia y la visión materialista de la ciencia

La alquimia no tiene nada que ver con la química, si bien es cierto que la química tiene su nacimiento en cercanía a autores alquímicos, ya que al investigar los misterios de la vida en la materia se produjo también un interés por ciertas reacciones químicas y se realizaron ciertos experimentos que se fueron enfocando a lo meramente material. La química trabaja con la materia, pero la alquimia trabaja con el espíritu o los espíritus, que son los que ordenan la materia. La diferencia es clave, pues los fundamentos de la ciencia actual y los de la alquimia son totalmente distintos. No se podría llegar a la comprensión total de la alquimia desde la química a no ser que en el camino se haga un cambio de conciencia o de planteamientos básicos... Lo importante es lo que no se ve, lo imperceptible, lo que no se puede medir o pesar; esa es la parte importante, la sustancia primera, que va modulando la materia, ese fuego universal que va transformado esa única materia en las distintas modalidades que hoy conocemos como los elementos químicos.
La ciencia se ha ido alejando del espíritu intentado explicar las cosas desde el análisis, desde la observación de los principios de las materias con las que trabaja, alejándose de la inteligencia del Logos, de la conciencia que está antes de la materia, que es previa a la aparición de la materia, una inteligencia que ordena la materia y que participa de todo ordenamiento universal... Los científicos consideran la materia como algo inerte; de hecho, todavía no hay un a explicación convincente para lo que llamamos vida, y menos aún para la vida consciente. Si nos atenemos a la la ortodoxia pura del método científico, la conciencia no existe, pues no podemos demostrarla en un laboratorio, no se puede hacer un experimento que explique la conciencia. Desde esta ortodoxia ni siquiera la conciencia del propio científico puede comprobarse, lo cual es paradójico.

Ese Logos o espíritu sutil, el principio del Logos universal, ese orden e inteligencia que abarca todo el universo, eso sería a lo cual la alquimia busca acceder. Por eso se llamaba el "trabajo de lo oculto", pues lo que buscamos no es evidente, está oculto, sólo podemos ver sus efectos en la materia... Para los alquimistas la forma pertenece al espíritu y no a la materia, la materia es caótica e informe y es el espíritu el que la ordena.

[El alquimista debe] Reconocer que sólo hay una materia y sólo hay un espíritu. Todas las purificaciones, rectificaciones e investigaciones se hacen buscando ese espíritu universal, ese espíritu puro que es el que ordena, es lo que podríamos llamar el Padre o la semilla  que hace que todas las formas sean posibles.

 

El origen de la alquimia

La alquimia es un paradigma muy antiguo pero que se adapta a múltiples paradigmas, musulmanes, cristianos, judíos, paganos, hindúes y otros,  y cada uno de estos, con sus propios paradigmas, encuentra una verdad en la alquimia. Es aceptada por todas estas culturas, pero es también perseguida por todas ellas... Es un conocimiento eterno que se cree que se origina en Egipto, y que que va transitando a través de la historia entre diferentes culturas, siendo aceptada por los sabios de casi todos los siglos. Es una verdad arquetípica, la más simple, y es por eso que se ajusta lo mismo a un patrón cristiano, con la muerte y la resurrección de Cristo, o a un patrón musulmán, desde una visión más matemática y de trabajo místico. Esa unión de la alquimia con la mística es lo que ha llevado a muchas confusiones y a muchos autores a decir que la alquimia no es un proceso material sino un desarrollo místico o espiritual, cuando en realidad trabaja los dos frentes, trabaja en el espíritu y en la materia; trabaja en el laboratorio y en el propio espíritu del operador.

 

La ley de la analogía: como es arriba, es abajo

La alquimia está basada en el principio fundamental de la relación analógica entre el macrocosmos y el microcosmos, es la ley de "como es arriba es abajo"; como se señala en la Tabla Esmeralda, todo está en todo, todo parte del uno, todo es información compartida, diversos aspectos de lo mismo. Es fundamental trabajar desde esta visión... el operador, al mismo tiempo que hace la transformación en su materia, la debe hacer en su propia materia espiritual. Como se dice en las Instrucciones de un padre a su hijo acerca del árbol solar: "Hijo mío, adhiere tu corazón a Dios antes que al arte", es decir, no consideres la alquimia como una técnica, como si lo importante fuera la materia. Lo importante es la conexión que establece el operador con el espíritu y esa ascesis que se busca a través de la alquimia para llegar a la comprensión de la creación y, por lo tanto, a la conexión con Dios.

 

Conciencia vs materialismo

[Para la labor alquímica] es necesario entrar en un marco filosófico adecuado para entender las escrituras alquímicas... Tu percepción de la realidad cambia: todo tiene un espíritu, ya sea un mineral, una planta, un animal: todo tiene conciencia. La conciencia es ese orden que recibe la materia. [Por ejemplo,] un cuarzo tiene conciencia de ser cuarzo, pues tiene esa forma, esa apariencia y no otra; por lo tanto, hay un principio ordenador que hace que nos presente esa forma.

Vivimos en una sociedad descreída y decepcionada, que ha perdido sus propios valores. Hay algo que parece una crisis materialista, pero no es una crisis. Al vivir en un paradigma materialista sólo existe la materia, todo lo que se puede mostrar científicamente no es más que materia. [Así entonces,] es lógico que se organice el mundo en torno a la materia, ya que no hay fe en el espíritu. Hay desolación en la gente.

 

La vocación hacia el oro

Este desarrollo de la vocatio parte del principio alquímico que enseña que todo en el universo tiene un nacimiento y un fin al que tiende y una capacidad de desarrollo y evolución que es su vocación. Al igual que todos los metales nacen con una tendencia o vocación hacia su perfección, que es el el oro, cada ser nace con una tendencia hacia la realización perfecta del espíritu esencial que lo ha conformado.

[La materia y el operador deben ponerse a prueba] Esa [es la] lucha del dragón celeste y el dragón terrestre, entre el espíritu y la materia, porque el espíritu necesita de la materia para poder aparecer, existir en la vida material... El espíritu debe luchar con la burda materia... para alcanzar su perfecta forma, la perfección con la que ha sido creado. Todo es parte de un germen, de una semilla, de un continente de posibilidades y de una fuerza que le hace tender a su máxima expresión -en el ser humano cada uno tiene esa tendencia, nacemos de un germen, tenemos unas cualidades que nos son propias, unas como individuos, otras como seres humanos-. El desarrollo de la perfección de la conciencia es llegar a una comunión con el universo. Pero a un nivel más simple, esto es el desarrollo de la felicidad. Mi maestro siempre decía que la vocación del ser humano es ser feliz; por lo menos podemos decir que cuando el ser humano está desarrollando correctamente su vocación, el resultado sería un estado de gozo y paz.

La alquimia es un trabajo que pasa del elemento material, tierra, al agua, al aire y hasta el fuego [el elemento más espiritual]... En los seres humanos se trabaja con las emociones para elevarse a la mente, y luego llegar al espíritu. En ese recorrido cada uno puede encontrarse a sí mismo, y al encontrarse a sí mismo puede encontrar la plenitud. 

 

La astrología

La astrología nos habla de acompasar al ser humano con esos ritmos del cosmos, con esos conocimientos de los arquetipos de cada una de las esferas. Ayuda a desarrollar la plenitud del ser, a ver el potencial del individuo, el proceso evolutivo y el fin al que tiende.



Solve et coagula 

Todo lo que está en el universo se está disolviendo o coagulando, va tendiendo a uno de los dos polos. Igualmente los seres humanos. Podemos decir que a una persona. cuando está en crisis. se le ha disuelto la personalidad. La idea que tiene de sí misma, de repente se disuelve. Entra en crisis para renacer en una personalidad que sea una expresión más pura del ser, más cercana al espíritu, y por lo tanto ese nacer y morir se está dando constantemente en nuestras vidas y ese renacer, como el ave fénix, igualmente ocurre con la naturaleza que está naciendo [y muriendo] y de la misma putrefacción nace toda la vida. Son paradojas básicas para comprender no sólo la alquimia, sino para comprendernos a nosotros mismos...

 

Sulphur y mercurio

Eso que diferencia, lo que da características especiales, es lo que llamamos sulphur. Y eso que lo une, que lo funde todo, es lo que llamamos mercurio, lo que lo lleva todo al estado indiferenciado. Esto es una constancia universal para que puedan manifestarse los seres.

 

La conjunción de los opuestos

En realidad la fusión de la conciencia sería la completitud, el frío y el calor juntos, lo masculino y lo femenino juntos. En un inicio el ser humano no tiene sexo, el Adam Kadmon es la completitud, el rebis, la sustancia que tiene las dos naturalezas. Cuando nos liberamos de los opuestos llegamos a la unidad, pero en realidad no nos liberamos de ellos sino que los congregamos en uno, y los congregamos en nosotros mismos en un acto trascendente y hasta mágico.

 

La piedra filosofal 

La piedra filosofal lleva todo a su perfección y, por lo tanto, es una medicina... Lo único que hace es quitarle los impedimentos al metal para poder ser oro, quitarle las dificultades. El alquimista, cuando ve el plomo ve oro, ve oro en estado inmaduro o poco evolucionado o imperfecto. Cualquier ser o materia a la que aplicamos esa piedra filosofal lo lleva a su perfección. Podríamos decir, quita los impedimentos psicofísicos que impiden al ser desarrollar todo su potencial. Por un lado curaría el cuerpo, y por otro lado, llevaría a su perfección máxima a la conciencia.

 

Las trampas del oro y del ego

Ninguno de nosotros va salvar al planeta; en todo caso, será la naturaleza la que nos salve a nosotros. Es una cuestión de percepción. Mi maestro decía que la trampa está en el oro: el oro representa la perfección, el espíritu en su grado máximo, pero también representa el poder, el ego, la ambición y el poder que se adquiere a través de la materia... Lo importante no es que sobreviva la materia; es que sobreviva el espíritu.

Debe ser una paradoja, pues cuando llegas a la piedra, [debes estar] en un nivel de conciencia en el que ya no necesitas la piedra, en el que ya no necesitas la materia, pues ya estás en el espíritu.

 

Álvaro Remiro estará impartiendo un diplomado de alquimia en México el 15 y 16 de septiembre. 

 

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