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Los lugares más tristes del mundo (y ninguno es el corazón humano)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/01/2018

La tristeza forma parte del mundo, también en un sentido geográfico

Como su etimología lo anuncia, la toponimia es la disciplina especializada es los nombres de los lugares (de τόπος, tópos, «lugar» y ὄνομα, ónoma, «nombre»). Como materia su historia es relativamente reciente, pues hasta el siglo XIX pocos se habían ocupado de reunir y estudiar los apelativos con que se designaban ciertos lugares, al menos no sistemáticamente, pues hasta entonces dicha curiosidad había quedado en manos de algunos cuantos curiosos o historiadores que, ocupados en otros temas, retomaban tangencialmente el nombre de un sitio (así, por ejemplo, Pausanias, en su Descripción de Grecia).

En general, la toponimia puede considerarse una reunión de conocimientos que oscila entre la anécdota y la memoria. Si bien no se dirá que sea ésta una disciplina que cambie el mundo, su valor puede encontrarse en el rescate que hace de la historia que rodea algo aparentemente tan sencillo como el nombre de un lugar. 

En alguna página Borges relata con admiración que cuando comenzó a estudiar el inglés antiguo, el idioma de sus ancestros más remotos, se asombró junto con sus alumnos de que la solemnidad que rodea ahora al nombre de Oxford haya sido en su origen una denominación más bien banal: “vado para los bueyes”. Y en otro sentido, George Steiner, en su conferencia Una idea de Europa, compara la memoria viva que suele haber en las calles y plazas públicas de las ciudades europeas (donde los nombres de las personas que formaron un país suelen usarse para la nomenclatura) con la simpleza que en ese ámbito se vive en los Estados Unidos, donde a lo largo y ancho del país se multiplican las calles de los olmos (elm) y los robles (oak).

Si hablamos ahora de esto es para presentar una colección de lugares que poseen una cualidad toponímica en común que quizá sea una de las más peculiares: todos ellos tienes nombres inesperadamente relacionados con la tristeza.

Las “Islas del pesar”, el “Camino todo solo”, la “Avenida del deseo del corazón” o la “Isla solitaria” son algunos de los sitios poco alentadores compilados en el perfil de Instagram Sad Topographies: todos ellos reales, todos ellos nombrados así por alguna casualidad de la historia.

 

Miserable Island, Banner Township U.S #miserable

Una publicación compartida por @ sadtopographies el

 

 

Sadness street, Menzel Jemil, Tunisia #sadness

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Failure Canyon, Utah U.S #failure

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Agony Island, Marshall Islands #agony

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Más allá de las características de estos sitios, esta colección nos muestra que posiblemente la virtud más importante la toponimia es la evocación. Como bien hizo notar Marcel Proust, los nombres de los lugares son capaces de evocar en nosotros emociones, expectativas, deseos de conocer y acaso también de evitarlos pues, seres de lenguaje como somos, las palabras construyen para nosotros una buena parte de la realidad que habitamos.

 

También en Pijama Surf: Boleto sin retorno: Mihara, el volcán de los suicidios amorosos en Japón

 

Imagen de portada: Cementiri de Montjuïc (Barcelona)

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Anthony Bourdain participó en un ritual de la muerte en Bután meses antes de morir (VIDEO)

Buena Vida

Por: Pijamasurf - 08/01/2018

En el último episodio de su programa "Parts Unknown", Bourdian viajó al reino tántrico de Bután, junto con Darren Aronofsky

El último episodio de la serie de Anthony Bourdain, Parts Unknown, tiene, a la luz de su muerte, un tono ominoso y algo melancólico. El programa acaba de ser transmitido por CNN y, sin duda, se trata de un documento sumamente interesante. Bourdain es acompañado por el director de Black Swan, Darren Aronofsky, en un breve viaje para conocer la cultura de Bután, uno de los pocos lugares que mantienen más o menos intacta su cultura tradicional, que en este caso se trata fundamentalmente de un reino budista tántrico.

Aronofsky escribió un artículo recordando el viaje, donde señala: "Parece irónico que en nuestro último día grabando realizamos un ritual butanés de la muerte. Y debatimos el destino del país y del mundo". Al final Bourdain y Aronofsky, frente a un lugar místico llamado "el Lago de Fuego", reflexionan sobre si la gente de Bután podrá mantener sus tradiciones con la llegada "de las pantallas planas, las pop stars y el materialismo" que parece inevitable. 

Durante el episodio, ambos personajes escuchan y aprenden sobre la filosofía vajrayana (el budismo tántrico) que predomina en Bután, el movimiento ambiental y el "índice de felicidad" que es parte importante de la política pública de este reino que se encuentra en el este de los Himalayas. Escuchan también historias de Drukpa Kunley, el yogui tántrico que trajo el vajrayana a Bután, famoso por sus conductas extravagantes, pues de alguna manera instauró el culto al falo o a su "flamante relámpago de sabiduría" (lo cual no es sólo el falo, sino que simboliza el principio de sabiduría indestructible que es igual al espacio y a la dicha eterna dentro de las prácticas tántricas), y un famoso palacio fálico. Drukpa Kunley es parte de una tradición de santos, poetas y maestros iluminados que no se ajustan a las normas sociales sino que viven en la pura espontaneidad -crazy wisdom es el término que utilizó Chögyam Trungpa para hablar de ellos-.

En una escena, Bourdain recibe la explicación de un tipo de meditación muy importante en el budismo y especialmente practicada en Bután, la cual consiste en recordar constantemente la muerte. Un hombre explica que "no se debe tomar las cosas demasiado en serio", ya que el mundo es "una ilusión". Bourdain contesta: "La vida es sólo un sueño". Y después narra al público, en medio de las majestuosas montañas: "Se considera iluminante y terapéutico pensar en la muerte algunos minutos todos los días".

Hay ago poético y misterioso en pensar que este fue el último episodio que grabó, cerca de la cima del mundo, meditando sobre la muerte, las antiguas tradiciones y la belleza de la naturaleza.