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Selección japonesa vuelve a dar una clase de educación: limpian vestidor y dejan mensaje

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/02/2018

Ahora los jugadores japoneses dan una lección de limpieza y fair play

Derrotados in extremis en un partido que debió de haber roto el corazón de los japoneses, la selección japonesa todavía tuvo la clase para limpiar su vestidor y dejar un mensaje de agradecimiento, con lo cual demostró lo que es saber perder.

A diferencia de los típicos jugadores y entrenadores que, en el berrinche, culpan al arbitro, encuentran excusas o se niegan a hablar con la prensa, los japoneses se despidieron de sus fanáticos, hablaron con todos los periodistas y dejaron en el vestidor -el cual limpiaron antes- un mensaje de agradecimiento. ¡Y aún más: lo escribieron en cirílico! 

Antes ya habíamos hablado de la excelente costumbre de la afición nipona de limpiar las gradas después de los partidos, algo que hacen siempre los japoneses cuando van a eventos masivos. Ahora vemos que también los jugadores y el plantel lo hacen, con lo cual muestran que no sufren de "estrellitis" como muchos otros jugadores modernos que se sienten verdaderas deidades.

Esta sublime disciplina de los japoneses ya les había generado dividendos. Clasificaron a la segunda ronda, empatados en todo con Senegal, por tener menos tarjetas amarillas. 

Japón iba ganando 2 a 0 con un estupendo desempeño, anulando a una muy buena selección belga, la cual, sin embargo, demostró que tenía más calidad individual y acabó por darle la vuelta a los japoneses con una tercera diana en tiempo de compensación, seguramente causada por el hecho de que Japón siguió buscando la victoria hasta el último minuto. Japón se va triste, pero sin ningún remordimiento, habiendo dejado todo en la cancha y fuera de ella, dejando una lección de clase mundialista.

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El comportamiento de Maradona ensombrece el triunfo de Argentina

Aunque Argentina logró avanzar a la siguiente ronda en un dramático partido contra Nigeria en el Mundial de Fútbol Rusia 2018, los encabezados -al menos entre los neutrales- se los llevó Diego Maradona, el astro argentino cuya vida después de las canchas es casi tan deplorable como genial fue su carrera futbolística. 

Primero, Maradona estuvo en los reflectores luego de que apareció en la transmisión del encuentro celebrando el gol del triunfo de Argentina enseñando el dedo medio al equipo rival y gritando "putos". La misma palabra, pero esta vez con mucha más vehemencia, que dedican los aficionados mexicanos a los rivales y por la cual la Selección Mexicana ha sido multada. Esto ya le había granjeado la reprobación de numerosos comentaristas y aficionados, pues muestra una evidente falta de control.

Luego se empezaron a difundir imágenes de Maradona desplomándose al salir de la grada y entrar a un salón VIP. Antes ya se le había visto en un estado de intensidad frenética que oscilaba con un estado casi de desmayo, que hizo pensar a muchas personas que tal vez Maradona había consumido algún tipo de estupefaciente; aunque esto por supuesto es especulación, es difícil no pensar en ello, dado el historial de Maradona con la cocaína. 

Diversos medios argentinos informaron que Maradona tuvo que ser tratado por paramédicos, luego de que tuviera que ser casi cargado por sus acompañantes. Aparentemente, le revisaron la presión sanguínea y no pasó a mayores, aunque se veía intensamente frágil. La cadena TeleSur publicó una imagen de Maradona, ya recuperado, e informó que estaba a punto de viajar hacia Moscú. Se difundió información de que Maradona había tenido que ser llevado al hospital, algo que TeleSur, la cadena con la que trabaja, desmintió.

La montaña rusa emocional del partido, aunada a una condición no muy sana, parecieron hacer merma en el que algunos consideran el mejor jugador de la historia y quien ha criticado profusamente a la selección argentina actual, incluyendo a Messi, quien tal vez ocupará su lugar como el mejor jugador argentino de todos los tiempos. 

No hay duda de que este es un ejemplo de la pasión insana del fútbol. Maradona vive con una pasión insana su condición de aficionado de la selección de su país, y él mismo padeció insanamente la pasión de los aficionados. Como escribió Eduardo Galeano, el peso de tener que ser la deidad del estadio y cargar la pasión de millones de argentinos fue demasiado pesado para Maradona en los últimos años de su carrera.