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Proponen nueva ley que exige un 'sí' explícito de la mujer o, si no, es abuso sexual (por qué esto es un desastre en ciernes)

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/14/2018

Una nueva ley propuesta por Carmen Calvo en España radicalizaría el consentimiento sexual, exigiendo que la mujer exprese el 'sí' de manera explícita; de otra forma, podrá considerarse como abuso sexual

A la luz de los escándalos de abuso sexual, especialmente los señalados por el movimiento #MeToo, muchos países han empezado a cambiar su legislación para proteger a las mujeres. Países como Suecia, Bélgica, el Reino Unido y demás han creado leyes en las que se señala que debe haber un consentimiento claro, el cual puede expresarse en palabras, hechos o demás; de lo contrario, se puede hablar de abuso o agresión sexual, diferenciando si existe violencia o no.

Recientemente España ha seguido este tren de reformas con la propuesta más radical hasta la fecha, la cual está siendo embanderada por la la vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo, quien es también Ministra de Igualdad. Calvo propone reformar el Código Penal para que la falta de consentimiento expreso por parte de una mujer sea considerada un delito sexual; esto significa que si no hay un "sí" explícito, todo lo demás significa "no", una negativa al consentimiento.

Las penas que contempla el código actual en España son de hasta 15 años de prisión cuando hay violencia e intimidación, y hasta 12 años aunque no exista violencia e intimidación. Calvo señaló que se revisarán las leyes actuales, con un grupo de juristas "feministas" expertas en "violencia de género". Tal reacción ha sido motivada por un fallo en contra de un grupo de cinco hombres, conocidos como "La Manada", los cuales fueron sentenciados a 9 años por abuso sexual con prevalimiento pero no por violación, ya que en el caso se documentó que no hubo un "no" explícito.

No es de extrañar que la propuesta genere una enorme polémica, pues supone que si la persona no ha dicho "sí", por default es "no". Así que, en teoría, un hombre que tiene sexo con una mujer que no le ha expresado en voz alta que sí quiere tener sexo, la ha agredido sexualmente. El País explica lo que significaría esta ley:

La afirmación de la ministra implicaría literalmente que ya no sólo se entendería como crimen cualquier relación sexual que se mantenga sin el consentimiento de la víctima, sino que, además, éste se produciría siempre que ella no haya declarado explícitamente su voluntad de tenerla.

A lo cual comenta razonablemente Margarita Martínez Escamilla, catedrática de derecho penal de la Universidad Complutense de Madrid: "Me parece un poco fuerte entender que si no hay un "sí" expreso entonces es que no hay consentimiento". "Poco fuerte" se queda muy corto. No porque no sea importante tipificar todo acto sexual que se dé en contra de la voluntad de una de las partes, sino porque esta medida crea una enorme laguna legal y marca una nueva pauta en lo que ya es una fuerte tendencia hacia el puritanismo y el revisionismo del sexo como un contrato sexual -es decir, como lo menos "sexy" y espontáneo-.

El problema con esta propuesta es que la realidad es que el consentimiento suele ser implícito, exactamente lo opuesto a lo que esta ley pretende. Ocurre a través de intimaciones, complicidades, acercamientos, sutilezas, gestos, advinaciones y comunicación no verbal. Esto es parte esencial de lo que hace a la seducción atractiva y parte no sólo de la cultura, sino de la evolución humana y animal. De la misma manera que un pavo real ha evolucionado para tener preciosos colores en su cola, el ser humano ha evolucionado para poder seducir a una potencial pareja de maneras aún más sofisticadas, las cuales no pueden reducirse a un sí o no. Por supuesto, se puede tomar la decisión de que podemos prescindir de todo este lenguaje sutil del sexo y firmar un contrato para que luego no haya problemas. Una nueva app permite a los usuarios formar un contrato sexual para relaciones casuales en el que se especifica a lo que se consiente, y así se evitan pleitos. Lo que hace 1 año sonaba desaforado y hasta en tono de broma, hoy en día no parece tan lejano, y a este ritmo en unos meses podríamos ver países en los que sea una práctica común celebrar dichos contratos. 

Es posible que detrás de esta guerra política haya una fobia al amor y a la vulnerabilidad que éste representa y requiere para consagrarse. Por supuesto existen violadores, abusadores sexuales, la inmensa mayoría hombres, a los cuales se debe castigar, y se debe crear mecanismos para poder hacerlo de manera eficaz. Pero otra cosa es que por esta minoría -ya que, en realidad, son sólo un pequeño porcentaje de hombres los que cometen crímenes sexuales- deban ser castigados tanto hombres como mujeres y, en general, la relación entre los sexos y el sexo mismo. Asimismo, sería importante analizar si realmente las propias mujeres quieren estas leyes tan rígidas, o si son sólo un grupo de personas las que consideran que representan a la mayoría, cuando no es así. Este tipo de medidas van en el mismo sentido que esas nuevas políticas educativas que prohiben que los niños forcejeen entre sí y tengan conductas amistosas en las que hay cierta agresividad (pues esto genera "masculinidad tóxica"), que salgan solos, que se ensucien y se expongan a la naturaleza en general. A fin de cuentas, lo que se pierde es mucho mayor que lo que se protege.

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Pan(bol) y circo: sobre cómo el fútbol distrae de cosas más importantes

Sociedad

Por: pijamasurf - 07/14/2018

Fanatismo y distracción: el fútbol como una forma de evadir lo realmente importante

Es difícil pensar en algo, sin tener que recurrir a lo catastrófico y hasta apocalíptico, que mueva tanto a las masas como el fútbol. La pasada Copa del Mundo sumó más de 3 mil millones de personas de audiencia, y aunque la cifra es acumulada, hay que recordar que el planeta tiene 7.6 mil millones de personas. Se espera que esta cifra sea ampliamente superada en el 2018 -y no podría ser de otra forma, bajo el esquema de la economía global de crecimiento infinito-. Todo tiene que ser más grande, más espectacular y dejar mayores ganancias.

El escritor italiano Roberto Calasso ha comparado a las estrellas de cine con los antiguos dioses del Olimpo, "las stars son astros, al igual que Andrómeda y las Pléyades y muchas otras figuras de la mitología clásica". Sin duda, los futbolistas ocupan ese espacio de los héroes arquetípicos que nunca puede extinguirse del todo en el inconsciente colectivo, sólo sustituirse. Cristiano Ronaldo -que ciertamente tiene algo de Narciso y quizás de Aquiles- es la persona que más seguidores tiene en Instagram, sólo superado por Selena Gomez. Los futbolistas son nuestros modelos. 

La mezcla del deporte universal -el panbol- con el nacionalismo y el espectáculo de la TV (que en México llega a proporciones circenses, incluyendo comediantes, payasos, vedettes y demás elementos extrafubolísticos en las transmisiones) hace el cóctel perfecto para cautivar a las audiencias. El Mundial se convierte en una montaña rusa de emociones en la que las cadenas de televisión mezclan la historia de una selección nacional y sus resultados con los rasgos constitutivos de la psicología colectiva de un país: la identidad también está en juego, el país busca un nuevo mito para salir adelante, para soñar y crear un mejor futuro. Las grandes marcas que patrocinan el Mundial y las transmisiones de TV se esmeran para incluir al público, hacerlo sentir que es parte del equipo, como si su destino estuviera realmente entrelazado con el de la selección nacional. 

El exfutbolista Jorge Valdano alguna vez dijo que "el fútbol es lo más importante de lo menos importante", y sin embargo, se toma como algo mucho más importante que cosas realmente significativas, como la política, el arte, la religión. De hecho, podemos decir que la importancia y la fuerza que ha cobrado el fútbol tiene que ver con la depreciación y decadencia del arte y la religión. El fútbol, se dice, es como una religión. E incluso, una religión fanática. El ser humano no puede vivir sin significado; antes el sentido de la vida se encontraba en la religión y en el arte, pero en la sociedad materialista secular, se debe buscar en otro lado. Generalmente se encuentra en lo que ha sido llamado política de identidades, en ser parte de un grupo activista, de una tribu social, en ser fanático de una banda o un equipo de fútbol. Obviamente, estos nodos de significado no son muy satisfactorios, y en muchos casos, reducen el sentido de la existencia al entretenimiento. Para millones de personas, no hay nada que genere tanto interés y anticipación como la Copa del Mundo o el estreno de la nueva temporada de su serie favorita. 

El domingo pasado, el fútbol literalmente hizo temblar a México. Una euforia colectiva llenó las calles y las redes sociales -las nuevas plazas donde se moldea la conciencia colectiva-. Se decía que por fin los mexicanos tenían algo que festejar y se apelaba a la fuerza del fútbol para unir a las personas y reconciliarlas; se decía que el fútbol es un bálsamo social, una especie de consolación de la dura realidad que viven los mexicanos y, sobre todo, una distracción (que tanto necesitamos para no ahogarnos en nuestras penas). Y este es el tema de fondo: una sociedad distraída es una sociedad ignorante. Es un lugar común, pero no deja de ser cierto, que el pueblo recibe pan y circo. La vieja táctica romana sigue activa. Pero no se trata de un plan maligno orquestado por oscuros potentados -más allá de que puedan existir algunos políticos que sigan las viejas usanzas-, sino que dicha táctica ha sido ya absorbida y aceptada como parte de la dinámica existencial moderna. La gente necesita entretenerse y distraerse, es su derecho inalienable (paradójicamente, un derecho a la alienación), y es que al final, ¿acaso hay algo realmente sagrado y verdadero en la vida? Si no lo hay, entonces no hay nada que trascienda el mero entretenimiento y el Mundial bien puede ser la cúspide de la existencia. Y las distracciones, la cereza en el pastel de la vida. 

Lo que más le llamaba la atención a Borges del fútbol era que "interesa menos como deporte que como generador de fanatismo". Fanatiza la existencia. Sirve como parte de una maquinaria de creación de fanáticos y consumidores. Genera lo que el psicólogo Carl Jung llamó "la mente de masa", una especie de posesión que sufre el individuo disuelto en la masa, que es similar a una psicosis, un estado de enajenación y vulnerabilidad a la manipulación, caracterizado por la falta de pensamiento crítico e independiente. Ocurre en cierta forma lo que Freud veía en la religión, una forma socialmente aceptada de psicosis. Es cierto que siempre ha sido necesaria la existencia de fiestas religiosas para liberar tensiones e incluso sublimarlas, y el fútbol cumple con esta función. Pero el mito en el que está basado el espectáculo del fútbol es un mito sin profundidad, con un contenido simbólico empobrecido y supeditado a un poder económico que ha hecho del entretenimiento el non plus ultra de la existencia.