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Si su potencial amante humano la toca de manera inapropiada, Samantha puede negar su consentimiento y entrar en modo no responsivo

Sergi Santos es uno de los pioneros mundiales en el diseño de robots sexuales. Santos incluso los programa con una cuasi inteligencia artificial, que ha llamado la atención de clientes y medios de comunicación.

Respondiendo a los signos de los tiempos -posiblemente al movimientos feminista- y a una propuesta de su esposa, Santos ha programado a la muñeca robótica Samantha para que pueda negar su consentimiento al acto sexual. Samantha puede apagarse si sus sensores detectan que está siendo tocada de manera agresiva e irrespetuosa. Este modo no responsivo también puede iniciarse si se aburre con los avances de su potencial amante.

Según el Daily Mail, la idea de Santos, de la cual habló en el Life Science Center de Newcastle, es enseñar de alguna manera a sus clientes a tratar bien a las mujeres. Sobra decir que todo este argumento de entrada es problemático y difícilmente satisfacerá los criterios feministas, de entrada simplemente por la idea de fabricar un robot sexual femenino -aunque es cierto que también existen robots sexuales masculinos, y el mismo Santos está en el proceso de producción de unos-. 

El problema más notable, como advierten varios sitios británicos, es que los dueños de los robots, si estos entran en modo no responsivo, de todas maneras pueden tener sexo con ellos. El hecho de que el robot haya entrado en un modo negativo hace que lo que antes sería solamente sexo con un robot se convierta en sexo forzado con un robot, en una simulación de sexo. El modo no responsivo podría ser descrito como "modo violación"; una violación que, debe decirse, es más bien tener sexo con un cuerpo inerte, lo cual es aún más perturbador.

Santos dice que los robots sexuales, los cuales llegan a costar hasta casi 5 mil dólares, salvaron su matrimonio, y los recomienda para parejas que tienen diferentes libidos. Así que si un hombre o una mujer tienen mucho más deseo que su pareja, puedan saciarse sexualmente con uno de estos robots y así evitar desfogarse por otro lado.

Diversos analistas creen que la industria de los robots sexuales podría convertirse en un negocio multimillonario en los siguientes años, debido a los avances en el ámbito de la inteligencia artificial. Los llamados chatbots se unirán con los robots sexuales y, por supuesto, podrían incorporar la realidad virtual, como ocurre en la segunda parte de la película Blade Runner. Por otro lado, otras personas creen que es tiempo de empezar a prohibir este tipo de robots o muñecas sexuales, antes de que sea demasiado tarde.

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El apetito casi infinito del hombre por las distracciones parece haber vencido a las búsquedas trascendentes de la verdad y la libertad

Un cómic-infográfico que compartimos hace tiempo en Pijama Surf muestra la comparación entre las visiones distópicas de George Orwell y Aldous Huxley, sin duda dos de los autores que mejor vislumbraron el futuro que aguardaba a la humanidad, especialmente en su organización social, que al parecer existiría ya solamente a la sombra de un poder totalitario.

Con respecto a la información, en ese cómic se dice que mientras que Orwell, en 1984, pensó que el Gran Hermano haría todo lo posible por ocultar “la verdad”, Huxley fue en cambio más suspicaz y ominoso y pensó que en el futuro no sería necesario esconder los hechos, sino que bastaría con ahogarlos en un mar de irrelevancia.

Al mirar nuestra realidad contemporánea podemos comprobar que, tristemente, Huxley tuvo razón. El “apetito casi infinito del hombre por las distracciones” parece haber vencido a las búsquedas trascendentes de la verdad y la libertad y, paradójicamente, en la era en la que existen más recursos para la información y el conocimiento, son la desinformación y la ignorancia las que han convertido esa tierra promisoria que parecía Internet en un pantano de trivialidad.

¿Es posible revertir este proceso? Sí. Después de todo, los medios de comunicación y de información son herramientas para conocer la realidad, pero no son la realidad misma. Con dicho propósito compartimos a continuación estos seis puntos, tomados inicialmente del blog Ultraculture y desarrollados a nuestra manera.

 

1. Decide qué te importa saber y qué no

En nuestra época es sumamente sencillo dejarse arrastrar por la marea de “información” banal, intrascendente y a veces francamente inútil. Un momento leíamos un artículo al que quizá entramos por verdadero interés y al instante siguiente estamos ya siguiendo la discusión visceral de dos personas a quienes ni siquiera conocemos. No pierdas conciencia de la información que entra a tu sistema; después de todo, es con ese conocimiento con el que se está formando tu idea de la realidad que habitas.

 

2. Aprovecha las herramientas a tu favor

Si de verdad te interesa un tema, infórmate lo mejor que puedas. No te limites a lo que te muestran los algoritmos de las redes sociales, ni tampoco consultes una sola fuente de información. Para lo primero, puedes recurrir al servicio de Alertas de Google o suscribirte al lector RSS que aún conservan varios sitios de Internet. Para lo segundo puedes recurrir a fuentes primeras de información (como las agencias de noticias) pero, igualmente, leer con ojo crítico sitios alternativos que pueden ofrecer otras versiones del mismo hecho o incluso cubrir sucesos que los grandes medios prefieren no tomar en cuenta.

 

3. Mira más allá de tus circunstancias

La tendencia del ser humano a creer que la realidad es igual a la realidad que él experimenta se ha agudizado en años recientes gracias al modelo de negocios que capturó Internet. Con frecuencia pensamos que nuestra forma de vivir, de pensar, nuestros hábitos y nuestras ideas son la norma, pero aunque parezca increíble… no es así. La realidad es tan vasta y compleja que si la viéramos de un solo vistazo en su totalidad, seguramente enloqueceríamos. De ahí la importancia de dejar de mirarse el ombligo y atisbar un poco el horizonte. Deja de lado tus prejuicios por un instante, atrévete a poner en duda las ideas que crees más propias, sal de tu zona de confort material y mental; quizá así comiences a ver que el mundo es mucho más ancho de lo que parece a primera vista.

 

4. Lee libros

Escribir un artículo de opinión toma algunos cuantos minutos. Algunos reportajes pueden tomar días o semanas. Los libros suelen requerir más tiempo, más trabajo, más investigación. Por fortuna, los libros siguen siendo cosa seria. De nuevo, si un tema te interesa, no te quedes con lo que lees en Internet o en las redes sociales. Investiga la bibliografía sobre la materia, encuentra quiénes han escrito sobre eso y si acaso hay algún autor más informado que otros. Visita tu biblioteca más cercana, o una librería si te es posible; pregunta a tus amigos, quizá alguno tiene en casa juntando polvo ese libro que te ayudará a profundizar sobre el tema. 

 

5. Ejercita tu sentido crítico

En los medios, la objetividad no existe. Quizá tus maestros en la escuela y otras personas “autorizadas” te dirán lo contrario, pero no existe un solo medio que sea totalmente objetivo, porque el ser humano en sí mismo pocas veces lo es. Periódicos, portales, agencias de noticias: todos tienen, en el mejor de los casos, puntos de vista o líneas editoriales que cumplen y siguen; y en el peor, intereses francos detrás de su manera de “informar”. Aprende a distinguir esos “sesgos” de la información, por más sutiles que puedan ser. ¿Cómo es su información? ¿Qué noticias cubre? ¿Qué palabras usa un medio para informar? Al relatar un hecho, ¿desde qué punto de vista lo hace? ¿Da voz y espacio a ciertas personas en particular? ¿Permite el derecho de réplica? ¿El medio pertenece a un grupo o consorcio? Si es así, ¿ese consorcio posee conexiones con otras empresas? ¿Qué anunciantes se encuentran entre sus páginas? Después de responder estas preguntas, quizá la información que recibas de ese medio ya no te parecerá la misma.

 

6. Vive conscientemente

Buena parte de los problemas del ser humano se derivan de su dificultad para vivir conscientemente. La mayoría de nosotros, por motivos justificados, vivimos presos de patrones de pensamiento y conducta que dirigen nuestra vida y que pocas veces cuestionamos porque crecemos creyendo que “la vida es así”. Sólo que no es así; esto no es cierto. Existe una gran diferencia entre vivir dominados por dichas formas de conducta y, en cambio, hacernos conscientes de lo que pensamos, decimos y hacemos, tomar el control pleno de la nave y dejar atrás el piloto automático que hasta ahora hemos permitido que conduzca nuestra existencia. Medita, acude a una terapia psicoanalítica, escribe, lee a Nietzsche, pregúntate por qué piensas lo que piensas y por qué no te atreves a pensar de otro modo, sal con personas distintas a aquellas con las que te sientes a gusto, escucha a una persona sin juzgar lo que dice y sin ceder al impulso de responder de inmediato desde tus propias creencias, escúchate a ti mismo(a), busca en el diccionario las palabras que no conozcas y en una enciclopedia los términos que no entiendas, externa tus dudas, ayuna un día, debate con quienes no comparten tus posturas, no hagas hoy una sola cosa de esas que haces todos los días, haz algo que sabes que siempre has querido pero nunca te has permitido hacer. Hazlo o no, pero siempre en conciencia plena.

 

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