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4 poderosas razones para usar el surf como terapia en Punta Conejo, Oaxaca

Buena Vida

Por: Redacción - 07/01/2018

¿Por qué deberías considerar al surf como una alternativa?

Los especialistas del Reino Unido han comenzado a usarlo en su sistema de salud, e incluso han empezado a crear proyectos piloto y clases de surf para los jóvenes con problemas o trastornos mentales.

Este deporte está creciendo como recomendación de terapia para el manejo del estrés, ansiedad y depresión, y en México tenemos una gran cantidad de playas hermosas donde se puede realizar sin complicaciones.

¿Cuáles son los beneficios que te proporciona? Aquí hay cuatro poderosas razones para empezar a buscar clases o conseguirte tu propia tabla. Sobre todo, debes practicar surf en una de las playas con el mejor oleaje para este deporte: Punta Conejo, Oaxaca, que está a 10km de Salina Cruz.

 

1. Coordinación y equilibrio

Las olas suaves de Punta Conejo te permiten practicar tu coordinación y equilibrio. Dicen que ahí las olas se rompen hacia la derecha y como su duración es un poco más extensa que las demás, termina siendo una experiencia retadora. Parte importante de estos dos beneficios es que, con la práctica, logres estabilizarte frente al mar y no te caigas a los pocos segundos.  

Si deseas hacer ejercicios antes de ir a la playa con tu tabla, puedes practicar en casa parándote sobre un pie y manteniéndote firme, o ponle un poco de dificultad y hazlo sobre una almohada. También se recomienda hacerlo con un pie y los ojos cerrados, o lanzando una pelota hacia la pared.

 

2. Relajación y concentración

Estar en medio de la nada es un gran momento para concentrarte y relajarte, cuando escuchas el oleaje y sientes el agua recorrer tu cuerpo. Cada vez que intentas mantenerte arriba o no ser derribado por las olas liberas serotonina y endorfinas, las hormonas que se encargan de la felicidad. Fíjate metas cada que tomes tu tabla y te enfrentes al mar. Ve de lo más sencillo a lo más difícil; todo toma su tiempo y lo lograrás paso a paso.

 

3. Fuerza

En mente y cuerpo. La parte que más trabajas durante este ejercicio son los hombros, el pecho, el cuello y la espalda. Y además cargas tu fuerza interior, al sentirte capaz de romper los retos que llegan con cada ola. Como en todo ejercicio: ¡no olvides calentar! Realiza estiramientos antes y después; hazlo en gran parte en los hombros y torso, aunque no olvides que el cuello, la espalda, la pierna y los glúteos también deben trabajarse.

 

4. Constancia

Empiezas una y otra vez, caes y te levantas. Regresar no será fácil, pero así entrenas a tu mente a empezar de nuevo; ser constante es un gran aprendizaje. Practicar es una parte importante de cualquier deporte. Debes concentrarte en mejorar y en trabajar las partes que sientes que son más débiles. Ten en cuenta que muchos ejercicios se pueden practicar también fuera del agua; mentalízate y encontrarás que hasta el yoga puede ayudarte a desempeñarte mucho mejor.

 

Y si te gusta el surf pero no enfrentarte a las olas y quieres hacer una actividad sobre el agua, éntrale al Paddle Surf (también con tabla, pero con remo), que también puedes realizar en las tranquilas playas de Oaxaca, lo que lo convertirá en una experiencia mental, física y de descubrimiento.

 

¿Qué otra playa de México recomendarías para este deporte? ¡Déjalo en los comentarios!

 

 

Fuente: visitmexico.com

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Buena Vida

Por: pijamasurf - 07/01/2018

La vida busca manifestarse y fluir; no hay necesidad de frustrar su camino

En nuestra época es más o menos común escuchar que una persona se siente “estancada” en su vida, una expresión coloquial que posee sus variaciones (hay quien se considera “atorado”, “hundido”, “en un bache”, etc.) pero que, en todos los casos, da cuenta de ese sentimiento de frustración, de cierta parálisis indeseada y, a fin de cuentas, de la impresión de permanecer en un mismo lugar existencial, del que parece no haber salida y al respecto del cual no se mira en el horizonte ningún cambio. 

Cada persona, por otro lado, puede referir dicho “estancamiento” a distintos ámbitos. Habrá quien lo relacione más con su trabajo, por ejemplo, que acaso ya no le satisface; otros con su vida profesional, en sentido amplio; algunos con la relación de pareja que viven, o acaso con su familia, etcétera. 

En cierto sentido, la sensación no es extraña al ser humano, y hasta podría decirse que forma parte de su condición. Más allá de las explicaciones históricas, sociológicas o filosóficas que pueden ofrecerse (Byung-Chul Han ha escrito lúcidamente al respecto, explicando la “sociedad del cansancio” y ese estado permanente de fatiga en que se vive ahora), es posible argüir también un elemento propio de la naturaleza humana: la dificultad del sujeto para manifestar su propio impulso de vida. 

En la medida en que el ser humano pasa buena parte de su formación al cuidado de otros, sin darse cuenta “aprende” a reprimir sus propios impulsos, su deseo, su espontaneidad, sus ganas de hacer algo, etc. Y si bien este mecanismo es hasta cierto punto necesario para la vida en común con los demás, cuando se le permite operar sin control puede devenir justamente en el fenómeno del cual estamos hablando. La vida, que está hecha para correr libremente, para florecer, para dar lugar a más vida, se frustra, su curso se interrumpe, no tiene más hacia dónde manar.

¿Cómo salir de ese estancamiento?

A continuación presentamos algunos puntos que pueden ser útiles a este respecto. No se trata de una guía definitiva ni infalible, pero nos parece que puede motivar a la reflexión personal necesaria para resolver dicha situación.

 

Acepta tus circunstancias

Por principio de cuentas, acepta el momento en que te encuentras. A veces, por una inclinación hasta cierto punto “natural” o comprensible, evadimos las sensaciones y pensamientos de frustración que tenemos, por distintos motivos.

Sin embargo, si quieres salir de ahí, antes es necesario que aceptes la realidad en la que vives y, sobre todo, el malestar en tu vida. Intenta mirarlo de frente, sin temor pero también sin juicios. Pondera tu trabajo, tu pareja, tu situación económica, la adicción que está perturbando tu vida, tu situación profesional, etc. ¿Qué encuentras ahí? ¿Qué te molesta? ¿Piensas con frecuencia que te parece insatisfactoria? ¿Es para ti fuente de infelicidad? ¿No te gusta pero “te aguantas”? ¿No te gusta pero piensas que “es lo que hay”? ¿Es justo para ti que te conformes con eso?

 

Prepárate para decidir

“Locura es hacer lo mismo siempre y esperar cada vez resultados distintos”. Más allá del autor de esta frase (que algunos atribuyen a Albert Einstein, al parecer equivocadamente), el mensaje es preciso: si quieres un cambio en tu vida, necesitas emprender las acciones necesarias para generarlo. 

Sabemos, en efecto, que no siempre es sencillo tomar una decisión. Cuando tus ingresos económicos dependen de un trabajo, no parece fácil renunciar a éste de un día a otro. Si en tu interior tienes un miedo profundo (y acaso todavía desconocido) a la sensación de soledad, quizá no te sea sencillo terminar una relación de pareja, no importa lo mal que te sientas en ella. Quieres mudarte pero no tienes el dinero suficiente para afrontar ese gasto, etcétera.

Sin embargo, sí es posible desde ahora ponerte en el camino de dicho cambio. En otras palabras: tomar otras decisiones preparatorias o paralelas que, en su momento, habrán servido para dar el salto mayor. 

Examina tus circunstancias y reflexiona sobre aquello que sí puedes hacer ahora para salir de esa frustración en la que te sientes. ¿Ahorrar? ¿Preguntar entre tus amigos si alguien sabe de algún trabajo? ¿Hablar francamente con tu pareja? Salvo situaciones muy extremas, siempre habrá algo que puedas hacer, una decisión que puedas tomar.

 

Haz consciente tu miedo

El miedo es una emoción inscrita en nuestra naturaleza más profunda. En cierto modo, es consustancial a la vida, pues en buena medida es la respuesta frente a aquello que la amenaza. No obstante, en el ser humano el miedo tiene también un cariz existencial, pues además del miedo que podemos sentir ante situaciones de verdadero peligro (una caída potencial, un ataque físico, etc.), a veces desarrollamos también miedo a otras que aunque son en ese sentido inofensivas, nos atemorizan. Miedo a fallar, por ejemplo; a la incertidumbre, al rechazo, quizá incluso al triunfo, etcétera.

En todo caso, haz el esfuerzo de experimentar conscientemente tu miedo. No te decimos que lo evites, sino justo lo contrario. Vívelo tal y como llega. Estas preguntas pueden ayudarte a hacer consciente dicha emoción:

¿Qué pasa con tu cuerpo? ¿Sudas? ¿Tiemblas? ¿Comienza a dolerte la cabeza? 
¿Qué pensamientos se presentan en tu mente? 
¿Qué te dan ganas de hacer cuando tienes miedo? ¿Salir corriendo? ¿Comer? ¿Fumar? ¿Beber alcohol?
¿Qué sientes cuando tienes miedo?

Conforme tengas más clara tu propia manera de experimentar el miedo, puedes tomar un momento de más calma para examinar tu historia personal y preguntarte a qué se deben dichas sensaciones, por qué en ciertas situaciones experimentas ese miedo y en otras no, qué de tu formación subjetiva puede explicar los pensamientos que cruzan por tu cabeza cuando tienes miedo, etcétera.

 

Conócete y valora lo que posees

En ocasiones, la frustración en la vida surge cuando una persona ha dejado que otros conduzcan su vida durante mucho tiempo, lo cual da como resultado, por un lado, que uno llegue a lugares donde en realidad no deseaba estar y, por otro, que el sujeto sea definido por el exterior y no por un proceso de definición interior consciente. Dicho de otro modo: el sujeto piensa lo que es en función de lo que otros piensan de él (o de ella), de modo tal que se vuelve un desconocido de sí mismo, que no sabe lo que posee, que no conoce su valor como persona, el valor de sus habilidades, sus conocimientos y sus recursos, etcétera.

Si sientes que este es tu caso, intenta mirarte desde otra perspectiva. Aquí algunas preguntas para comenzar esa reflexión:

¿Qué sabes hacer? Hasta ahora, ¿qué de lo que haces te genera algún tipo de pago económico? ¿Qué tan bueno te consideras en tu trabajo? ¿Y con respecto a tus compañeros (presentes o anteriores)? ¿Y con respecto a otros colegas de profesión? ¿Tienes otras habilidades? ¿Quién valora lo que haces? ¿Quién esperas que valore lo que haces? ¿Qué formas del reconocimiento estás habituado a buscar? ¿Recibes otros reconocimientos de los que no te das cuenta?

 

Sé espontáneo

En El miedo a la libertad, Erich Fromm dedica varios párrafos a definir y elogiar la espontaneidad del ser humano como reflejo de su impulso de vida, esa fuerza que muchos de nosotros experimentamos en la niñez, en la cual intención y acción se encuentran fundidas: pensamos en hacer algo y lo hacemos, sin titubeos ni retrasos. No obstante, con el tiempo dicha espontaneidad se hace cada vez menos espontánea, por así decirlo, pues las reglas, los códigos sociales, la educación y otros factores interrumpen su libre curso. 

Sin embargo, no desaparece. De hecho, todos somos capaces de reconocerla. Cuando se nos “antoja” hacer algo, cuando nace de nuestro interior un comentario ingenioso, cuando sentimos ganas de cantar o de bailar, de sonreír, de escribir, en suma, cuando un deseo auténtico se presenta, éste es fruto de dicho impulso de vida. Tanto como sea posible, escucha ese deseo y realízalo, sin ningún otro propósito más que satisfacerlo. 

De esa manera, poco a poco te darás cuenta de que la vida busca manifestarse siempre. 

 

¿Qué te parece? Si tienes alguna sugerencia, no dudes en compartirla con nosotros a través de la sección de comentarios de esta nota o en nuestras redes sociales.

 

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Imagen de portada: Ben Bauchau