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Suprema Corte de EEUU determina en favor de pastelero que se rehusó a hacer pastel para boda gay

Política

Por: pijamasurf - 06/04/2018

Pastelero que no quizo hacer pastel a una pareja gay (argumentando que su religión está en contra del matrimonio gay) gana caso en Colorado

Un controversial dictamen de la Suprema Corte de Estados Unidos ha decidido a favor de un panadero que era acusado de discriminación por rehusarse a hacer un pastel para la boda de una pareja gay. 

El pastelero Jack Phillips argumentó que su negativa se debió a sus creencias religiosas y a la libertad de expresión de las mismas. La pareja conformada por Charlie Craig y David Mullins había argumentado que la ley sostiene que una persona no debe ser discriminada por su sexo, preferencia sexual, religión y demás, a la hora de recibir un servicio. Inicialmente la Comisión de Derechos Civiles de Colorado había decidido a favor de la pareja, pero hoy la Suprema Corte reviró la decisión, con base en la Primera Enmienda (que garantiza el derecho de libertad de expresión).

El caso se sostuvo en la noción, no sin controversia, de que no vender un pastel para una boda gay es un acto de libre expresión religiosa, ya que la religión de Phillips está en contra del matrimonio gay. Otros argumentan que hacer el pastel no significaba un acto de apoyo político o moral del matrimonio gay, sino simplemente cumplir con un servicio. 

La corte sólo dictaminó en torno a este caso específico y no abordó el tema general sobre si un negocio puede rehusarse servir a una pareja homosexual bajo el fundamento de la libertad de credo. El juez Anthony Kennedy señaló que la Comisión de Derechos Civiles había llegado a una resolución hostil con respecto a las creencias religiosas de Phillips, al obligarlo en su dictamen a enrolarse en un curso de entrenamiento antidiscriminatorio:

Las leyes y la Constitución pueden, y en varias instancias deben, proteger a las personas y a las parejas gay en el ejercicio de sus derechos civiles, pero las objeciones religiosas y filosóficas al matrimonio gay son perspectivas que también están protegidas y pueden ser formas de expresión protegidas [por la ley].

El tema más profundo aquí yace en hasta qué punto, en casos futuros, las leyes antidiscriminatorias deben ser superordinales a las creencias religiosas.

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Noam Chomsky sobre la causa detrás de la era de la posverdad y las fake news

Política

Por: pijamasurf - 06/04/2018

Las causas políticas del estado de desencanto, alienación y animadversión modernos

A sus 90 años, Noam Chomsky sigue teniendo una enorme lucidez y una notable energía que le permite ser un feroz crítico de Donald Trump y el neoliberalismo. En una reciente entrevista para El País, Chomsky explicó cómo el neoliberalismo ha creado las condiciones del desencanto y la polarización que producen las fake news y permiten que personajes como Trump pongan en riesgo las estructuras de la democracia:

Hace ya 40 años que el neoliberalismo, de la mano de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, asaltó el mundo. Y eso ha tenido un efecto. La concentración aguda de riqueza en manos privadas ha venido acompañada de una pérdida del poder de la población general. La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es descrédito de las instituciones.

Lo cual crea el estado actual de desconfianza, propio de la era de la posverdad:

La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie.

Chomsky agrega una idea antinómica: el neoliberalismo sólo existe para los pobres y las corporaciones se benefician de políticas de corte marxista. Es un mundo al revés: 

El neoliberalismo existe, pero sólo para los pobres. El mercado libre es para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege. Las grandes industrias energéticas reciben subvenciones de cientos de millones de dólares, la economía high-tech se beneficia de las investigaciones públicas de décadas anteriores, las entidades financieras logran ayudas masivas tras hundirse… Todos ellos viven con un seguro: se les considera demasiado grandes para caer y se los rescata si tienen problemas. Al final, los impuestos sirven para subvencionar a estas entidades y con ellas a los ricos y poderosos. Pero además se le dice a la población que el Estado es el problema y se reduce su campo de acción. ¿Y qué ocurre? Su espacio es ocupado por el poder privado y la tiranía de las grandes entidades resulta cada vez mayor.

La distopía moderna ya no es la censura, sino la desinformación y la distracción masiva:

Hasta Orwell estaría asombrado. Vivimos la ficción de que el mercado es maravilloso porque nos dicen que está compuesto por consumidores informados que adoptan decisiones racionales. Pero basta con poner la televisión y ver los anuncios: ¿Buscan informar al consumidor y que tome decisiones racionales? ¿O buscan engañar? Pensemos, por ejemplo, en los anuncios de coches. ¿Ofrecen datos sobre sus características? ¿Presentan informes realizados por entidades independientes? Porque eso sí que generaría consumidores informados capaces de tomar decisiones racionales. En cambio, lo que vemos es un coche volando, pilotado por un actor famoso. Tratan de socavar al mercado. Los negocios no quieren mercados libres, quieren mercados cautivos. De otro modo, colapsarían.

Y, a diferencia de otras épocas, el individuo se siente aislado y sin optimismo gregario:

Se tenía la idea de que juntos se podía vencer a la crisis. Y eso se ha perdido. Ahora vivimos la sensación de que estamos solos, de que no hay nada que hacer, de que el Estado está contra nosotros…

 

Lee la entrevista completa en El País