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El nuevo álbum de Lykke Li: un viaje de melancolía pop hacia el sueño y la belleza

Arte

Por: pijamasurf - 06/13/2018

'So Sad So Sexy​', el nuevo álbum de la cantante y compositora Lykke Li, lanzando hace unos días, nos guía melancólicamente hacia regiones oscuras del espíritu para emerger de nuevo hacia el sueño y la belleza

La melancolía es una de las potencias más poderosas de la expresión creativa. En Pijama Surf hemos citado en otras ocasiones el famoso Problema XXX en donde Aristóteles (o un autor que firmó con su nombre, porque la autoría es discutida) se pregunta por qué la grandeza parece estar acompañada siempre del temperamento melancólico, y a continuación cita el caso de algunos guerreros, políticos, héroes, filósofos y poetas. 

Si esto es así o no, no parece sencillo de responder. Algo que sí puede decirse, sin embargo, es que la tristeza, la melancolía o algún otro ánimo afín son una manifestación de nuestra energía de vida, del mismo modo que el entusiasmo o la cólera. La diferencia es hacia dónde está dirigida la energía. En el caso del temperamento melancólico, como bien señaló Sigmund Freud, la melancolía es una especie de “inversión” energética, en los varios sentidos de esta palabra: el sujeto melancólico (triste, deprimido, etc.) casi siempre se distingue porque su energía vital y psíquica, su ánimo, sus emociones, su pulsión de vida, están orientados hacia el interior.

En parte eso explica, para seguir a Aristóteles, porque en algunos casos la genialidad está asociada con la melancolía, pues en ciertos ámbitos destacar en un campo de acción o de estudio requiere de una personalidad reflexiva, de la capacidad para navegar por el mundo interior, para distinguir cuándo es necesario participar del devenir del mundo y cuándo es mejor retirarse a la soledad de la contemplación. El temperamento melancólico está especialmente inclinado y preparado para esas exploraciones por las galerías y los sótanos del espíritu humano, de los cuales emerge después con la perla preciosa del conocimiento de sí, que al mismo tiempo es el conocimiento del mundo. 

Una imagen similar es posible aplicar a So Sad So Sexy​, el nuevo álbum de la cantante y compositora Lykke Li, de origen sueco pero quien luego de pasar por varios países del mundo, ha hecho su carrera sobre todo en estudios de Estados Unidos, cantando además en inglés. Lykke Li saltó a la fama especialmente a partir del remix que realizó el DJ belga The Magician de su canción “I Follow Rivers”, del 2011, si bien ya antes era conocida entre ciertos sectores del público de habla inglesa.

Con este álbum, sin embargo, la cantante ha dado un giro notorio en el ánimo que solía distinguir a sus producciones. Aunque en toda su discografía se percibe cierto tono “nórdico”, por llamarlo de alguna manera –cierta inclinación natural a emprender excursiones creativas en mañanas pálidas en las que el Sol no termina nunca de salir plenamente–, en este álbum ese temperamento que antes era sólo meditativo, curioso, casi infantil, ahora parece haber madurado hacia la exploración melancólica del mundo, hacia el amor y la decepción, pero también hacia el descubrimiento de nuevos horizontes: no por casualidad, el último track de este álbum lleva por nombre “Utopia”.

Después de todo, el tránsito por la melancolía es comparable a ese descenso a los infiernos que, como se ha enseñado (desde el mito de Perséfone hasta Dante, al menos), culmina en la primavera y el renacimiento, en la posibilidad de volver a soñar y volver a mirar la belleza que vive en el mundo.

 

 

También en Pijama Surf: Un día de 29 horas de luz: toda la discografía del maestro Brian Eno en un solo stream

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‘Rita, el documental’: un film sobre una figura emblemática del rock mexicano

Arte

Por: Alejandra Arrieta - 06/13/2018

El regreso de Rita no podría ser más oportuno; su arte sigue siendo vigente y sus mensajes, necesarios

El 2018 en México no ha sido todo elecciones electorales, aunque sea difícil de creer. Este año marca también un evento histórico para la cultura y el rock mexicano: el estreno de Rita, el documental, acerca de la fallecida actriz y cantante mexicana, Rita Guerrero.

Producida por el IMCINE y el CUEC, la ópera prima de Arturo Díaz Santana ha convocado a los miembros de toda una generación a reunirse, una vez más, alrededor del fuego que aún emana de esta chamana; para recordarla, revivirla y re-conocerla. Así sucedió en la Rambla Cataluña en el marco del Festival de Cine de Guadalajara; así en las funciones de Ambulante en la CDMX, donde los boletos se agotaron a los pocos días; así en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, donde cada uno de sus mil asientos estuvo ocupado por un espectador que se dejó tocar por la magia de Rita.

Lo que sucede en la sala cinematográfica es conmovedor por sí solo; el público, viéndose reflejado en la pantalla, corea las canciones que conforman el soundtrack de su otrora vida. Pasan del canto a las risas, a las lágrimas, en un lapso de casi 2 horas, que se sienten como la mitad. Después siguen las pláticas con el equipo del documental donde los fans relatan anécdotas en conciertos, momentos personales con Rita (quienes llegaron a conocerla, como maestra o amiga), y hasta menciones de hijos y casas que llevan el nombre de la vocalista de Santa Sabina.

Pero lo que realmente hace de ver Rita, el documental en el cine una experiencia estética particular es cómo todos estos comentarios, reacciones e interacciones con la película, cuestionan lo mismo que alguna vez cuestionó Rita: los límites entre estar y no estar.

El gran pensador Walter Benjamin teorizó ampliamente sobre esta misma oposición en la obra de arte: ¿qué hay de la reproducción? ¿qué queda y qué se pierde del original?

Yo, que nací el año en que se formó Santa Sabina, nunca pude ver a Rita Guerrero en vivo; claramente, no fui parte de esa generación. Sin embargo, estoy segura de que la experiencia mediada por la pantalla grande no es menos conmovedora, transgresora o impactante que la misma fuerza artística de Rita.

La musicalización, el ritmo y la estética del documental son sumamente elocuentes al transmitir el mensaje de Rita, por una sola razón: usan su mismo lenguaje, el arte como instrumento para alcanzar algo más elevado. De esta manera, Rita, el documental no sólo trasciende la mediación de la obra, sino que extiende el legado de la artista más allá de la muerte, a nuevas generaciones.

Ese es el gran logro arqueológico del documental; el sueño que Benjamin tenía para todo el arte cinematográfico: a partir de la realidad, se crea un imaginario que puede derramarse de regreso a la realidad. Rita, el documental no sólo arma una consecuencia de música e imágenes que releen las historias que nos contaron otros medios y formatos, sino que también recupera las emociones que estaban en la esencia de lo que hacía Rita y vuelve a propagarlas, haciendo uso de su infinito valor nutricional en un momento clave para México. El regreso de Rita no podría ser más oportuno; su arte sigue siendo vigente y sus mensajes, necesarios.