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Brian Eno te dice por qué es mejor no hallar un trabajo

Arte

Por: pijamasurf - 05/09/2018

No busques un trabajo, mejor haz esto

Brian Eno es uno de los músicos y artistas más importantes de los últimos 30 años, no sólo por dotar al mundo de una versión popular y actualizada de la música culta o clásica -el ambient- sino por sus reflexiones en torno a la creación artística y sus colaboraciones con grandes artistas como David Byrne, Robert Fripp, Harold Budd, Jon Hopkins y muchos otros. Eno ha sido altamente prolífico en su carrera -como productor, artista conceptual, diseñador y demás- en gran medida porque ha sabido catalizar la escena, alimentarse de la colectividad. En este video (subtitulado) ensalza las virtudes de la colaboración, sugiriendo que la verdadera genialidad es un fenómeno que se nutre de la escena en la que se mueve. Y nos deja una provocadora reflexión sobre por qué no debemos encontrar un trabajo.

Traten de no encontrar un trabajo Eso no significa no hacer nada. Significa tratar de estar en una posición en la que puedes hacer lo que quieres hacer con tu tiempo. Y donde maximizas tus talentos. La mayoría de las personas no están en esa posición. Así que eso es lo que estoy buscando.

Eno se refiere obviamente a no encontrar un trabajo como se entiende típicamente, es decir, un trabajo en una corporación o haciendo algo solamente para subsistir, que no tiene que ver con tus más íntimos deseos creativos. Esto es un idilio y quizás habla en una posición de privilegio. Por ello, le llama la atención la idea de un ingreso básico universal (algo que, por cierto, no funcionó del todo bien en Finlandia). De cualquier manera, la afirmación es lógica e impecable: las personas son más felices y la vida tiene más sentido e incluso se ayuda más al mundo cuando uno logra dedicarse a lo que le gusta, le estimula y le hace imaginar y crear. Vivir sólo para ganar dinero o pasar el rato y dedicarle lo mejor de nuestra energía a un trabajo que no nos hace crear, imaginar o conectar de una manera significativa (no utilitaria), es el destino trágico y a la vez inane de la mayoría de las personas. Ciertamente algunas personas ni siquiera pueden darse el lujo de estas consideraciones, pues la realidad cotidiana y la dureza económica limitan su posibilidad de imaginar escenarios distintos. Lo que es verdaderamente lamentable son todas aquellas otras personas que sí tienen la posibilidad de elegir, de buscar hacer algo que llene su espíritu y desarrollar su talento más profundo y no lo hacen; mezquinamente, o por mera ambición económica, prefieren tener un trabajo y vivir un sueño prestado. Estos individuos, aunque puedan ser dueños de grandes fortunas materiales, son los verdaderamente pobres de este mundo. 

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Nietzsche sobre la creatividad como un estado de posesión divina

Arte

Por: pijamasurf - 05/09/2018

Uno de los pasajes que con mayor fuerza y claridad describen la inspiración o el influjo de la divinidad que crea a través del hombre

Es un debate añejo discutir si la inspiración tiene un origen divino o espiritual o es solamente el resultado del trabajo y la optimización mental. En realidad ambos puntos de vista no se contradicen necesariamente -pueden complementarse-, pero no intentaremos aquí hacer una teoría de la creatividad, sino solamente mostrar esta noción de que la creatividad puede experimentarse como un acto de posesión, un asalto del genio, un rapto. Esta idea era defendida por los griegos y el mismo Sócrates señala que la posesión (la manía) es superior a la mesura (a la sophrosyne), justamente porque la primera proviene de los dioses. En el Fedro, Platón habla sobre cuatro manías vinculadas a un dios diferente. Una de ellas, la teléstica, está vinculada a Dioniso; esta es la manía de los misterios religiosos, la manía del estado de trance. Dioniso es, como todos saben, el dios con el que Nietzsche se identificó y cuya actitud extática y desenfrenada buscaba rescatar, en oposición a lo apolíneo y lo cristiano, en lo que veía la mesura y la racionalidad. 

Hoy en día la manía es un término peyorativo, ligado a la psicopatología, lo cual nos muestra que estamos en una época racionalista. Sin embargo, a la sombra de la razón, la manía o los estados de posesión y rapto siguen fascinando a los individuos y siguen ocurriendo, aunque suelen ser rápidamente controlados por fuertes fármacos o suprimidos por el individuo por el temor a la marginación social. A la vez existe un creciente interés por conocer los mecanismos de la creatividad y crear protocolos para fomentarla, particularmente dentro de esquemas de productividad laboral (ya que no son muchas las personas que hoy en día ansíen verse arrastrados por las musas para escribir poemas místicos). De aquí que haya surgido el término "flow" en la psicología, para explicar estos estados de creatividad funcional y secular. Formas domesticadas y consistentes de las manías divinas. 

Si se quiere entender estos procesos de creatividad o inspiración, sin duda uno debe voltear a Nietzsche, quien en la década de 1880 vivió un período efervescente de productividad, uno de los más notables en la historia de la filosofía y de la literatura., caracterizado por lapsos de intensa creatividad, escribiendo libros en semanas, literalmente a la manera de "revelaciones". 

En Ecce Homo, el texto que es una especie de autobiografía, escrita poco antes de su colapso mental, Nietzsche narra cómo escribió Así habló Zaratustra, en un período en el que salía a caminar a la montaña cerca de la bahía de Rapallo. Fue en una de estas caminatas, en una encrucijada, que primero Zaratustra lo emboscó, literalmente, porque Nietzsche habla de cómo lo que era uno se convirtió en dos, es decir, su personalidad se desdobló. Así, escribió las tres primeras partes de este texto en ráfagas de 10 días. A este estado de posesión creativa -que en términos de la psicología de Jung es claramente una posesión del inconsciente arquetípico- lo llamó también la "gran salud" (paradójicamente, puesto que se encontraba ya afectado por problemas de salud, y al final acabaría en un hospital mental). Una gran salud que es la aceptación voluntaria de la tragedia de la vida -una tragedia que se percibe como un destino-. El siguiente pasaje es una de las manifestaciones más límpidas y poderosas que existen para entender el fenómeno de la inspiración. Vemos plasmada esta noción que ha distinguido a profetas y poetas por igual y que parece dotar a la vida creativa de una cualidad inexorable, de ser una especie de destino superior. El hombre se revela como un instrumento de una fuerza numinosa. El poeta Rumi había expresado lo mismo comparándose con una pluma que no sabe lo que la mano va a escribir; así él y la divinidad. Y Nietzsche: Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da; como un rayo refulge un pensamiento.

¿Tiene alguien, a finales del siglo XIX, un concepto claro de lo que los poetas de épocas poderosas denominaron Inspiración? En caso contrario, voy a describirlo: Si se conserva un mínimo residuo de superstición, resultaría difícil rechazar de hecho la idea de ser mera encarnación, mero instrumento sonoro, mero médium de fuerzas poderosísimas. El concepto de revelación, en el sentido de que de repente, con indecible seguridad y finura, se deja ver, se deja oír algo, algo que le conmueve y trastorna a uno en lo más hondo, describe sencillamente la realidad de los hechos. Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da; como un rayo refulge un pensamiento, con necesidad, sin vacilación en la forma -yo no he tenido jamás que elegir-. Un éxtasis cuya enorme tensión se desata a veces en un torrente de lágrimas, un éxtasis en el cual unas veces el paso se precipita involuntariamente y otras se torna lento; un completo estar-fuera-de-sí, con la clarísima consciencia de un sinnúmero de delicados temores y estremecimientos que llegan hasta los dedos de los pies; un abismo de felicidad, en que lo más doloroso y sombrío no actúa como antítesis, sino como algo condicionado, exigido, como un color necesario en medio de tal sobreabundancia de luz, un instinto de relaciones rítmicas, que abarca amplios espacios de formas -la longitud, la necesidad de un ritmo amplio son casi la medida de la violencia de la inspiración, una especie de contrapeso a su presión y a su tensión-... Todo acontece de manera sumamente involuntaria, pero como en una tormenta de sentimiento de libertad, de incondicionalidad, de poder, de divinidad... La involuntariedad de la imagen, del símbolo, es lo más digno de atención; no se tiene ya concepto alguno; lo que es imagen, lo que es símbolo, todo se ofrece como la expresión más cercana, más exacta, más sencilla. Parece en realidad, para recordar una frase de Zaratustra, como si las cosas mismas se acercasen y se ofreciesen para símbolo («Aquí todas las cosas acuden acariciadoras a tu discurso y te halagan: pues quieren cabalgar sobre tu espalda. Sobre todos los símbolos cabalgas tú aquí hacía todas las verdades... Aquí se me abren de golpe todas las palabras y los armarios de palabras del ser: todo ser quiere hacerse aquí palabra, todo devenir quiere aquí aprender a hablar de mí»).

(Ecce Homo, Alianza Editorial, Madrid, 1981. Trad. Andrés Sánchez Pascual)