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La feroz crítica a la sociedad del hombre que fue criado por lobos: "El hombre lo ha echado todo a perder"

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/07/2018

El extraordinario caso de Marco Rodríguez Pantoja, el hombre que vivió 12 años de su infancia en la naturaleza con una manada de lobos y que ahora, después de ser obligado a vivir en el mundo civilizado, critica severa pero lúcidamente el mundo de los hombres

Marco Rodríguez Pantoja tiene ahora 71 años de edad y se encuentra sumamente decepcionado por el mundo de los hombres. De los 7 a los 19 años vivió con una manada lobos. En una entrevista con El País cuenta que un día una loba le dio de comer, y que ella fue lo más parecido a una madre que tuvo. Aprendió de los lobos qué alimentos eran buenos para sobrevivir y vivió como uno más de la manada. Antes de quedarse sólo a los 7 años, un anciano cabrero le había enseñado a hacer fuego, lo cual fue vital. Había conocido al anciano luego de que fuera abandonado en la Sierra Morena; su madre había muerto cuando tenía 3 años. Vivió solo en el monte durante 12 años hasta que fue descubierto por la Guardia Civil, que lo separó de su idilio con la naturaleza y lo llevó a vivir al mundo de los humanos.

Notablemente, Rodríguez cuenta que entre los humanos pasa frío, mientras que en la montaña se vestía con pieles y andaba descalzo, sólo se envolvía los pies cuando había nieve -pero no sufría como ahora-. Tenía callos tan grandes que podía darle una patada a una piedra como si fuera "una pelota". (Actualmente, un colectivo recauda fondos para comprarle un caldero). Cuando lo encontró la Guardia Civil, andaba en cuatro patas como los lobos. En el mundo de los humanos ha sufrido abusos y engaños; ha intentado trabajar en la hostelería y en la albañilería, pero nunca con satisfacción. Lo mejor que hace es dar charlas para niños, con el fin de inspirarles amor a los animales. Dice que los adultos no deberían contarles historias para atemorizarlos -como la historia del lobo feroz-. 

Es lapidario en su visión del mundo. Dice que "El hombre lo ha echado todo a perder", que "La ciudad desprende porquería y todo el mundo va a morir", y agrega que "el monte ya no es como era". Ya no puede encontrar el seno reconfortante de la naturaleza; lo modernidad todo lo devora y lo destruye. Alguna vez intentó regresar a su cueva pero se encontró cortijos y portalones eléctricos, y los árboles habían muerto. Ha explorado zonas donde hay lobos, pero éstos ya no se le acercan:

Notas que están ahí al lado, los oyes jadear, y se te ponen los pelos de punta... pero no es tan fácil verlos. Si hay lobos y los llamo, me van a contestar, pero no van a venir a mí... porque no me lavo con barro ni me visto con pieles. Huelo a las cosas de las personas, y me echo colonia.

Rodriguez Pantoja, a quien apodaban "Mowgli", y quien es uno de los pocos casos documentados de personas que crecieron con animales, vive en la alienación. Dice que no le interesan el futbol ni la política; no conecta con las personas. Su caso es un tanto radical, pero acaso ¿no nos está ocurriendo un poco a todos esta alienación, sólo que nosotros nos distraemos de esta terrible realidad que yace en el fondo? Nosotros también hemos perdido, más que él seguramente, la conexión con la naturaleza, con una existencia en armonía con el entorno. Y tal vez esto sea una enfermedad espiritual que logramos apenas paliar al tratar constantemente los síntomas de nuestra angustia existencial, pero nunca las causas. 

 

Foto: Óscar Corral

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¿Deberíamos dejar de usar la palabra "mariguana", ya que aparentemente tiene connotaciones racistas?

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/07/2018

“Son estas comunidades –no los que hacen el negocio y lo comercializan– quienes tienen la autoridad moral para decidir si 'mariguana' es una palabra racista que debería ser evitada, o si debería ser utilizada como un recordatorio indispensable de algo más que un pasado racista”

Cuando en el 2016, el aquel entonces senador y actual fiscal general de los EEUU, Jeff Sessions, sentenció que “las personas buenas no fuman mariguana”, reflejó una premisa colectiva que existe en una gran parte de dicho país: una que divide y separa, que jerarquiza y privilegia a unos sobre otros, que promueve y perpetúa el racismo, clasicismo y la heternormatividad. Sin embargo, ¿qué tiene que ver la mariguana con todo eso?

Para Alex Halperin, periodista de The Guardian, la palabra ‘mariguana’ necesita reinvidicarse y separarse de un concepto xenofóbico que ha sido promovido por líderes privilegiados por su heteronormatividad. Basta mencionar el ejemplo de Harry Anslinger (1892-1975), quien apoyó y promovió tanto la prohibición como la criminalización de las drogas –principalmente la cannabis– afirmando lo siguiente:

Hay 100 mil consumidores de mariguana en total en los EEUU, y la mayoría son negros, hispanos, filipinos y animadores. Su música satánica, jazz y swing resultan del consumo de mariguana. Esta mariguana causa que las mujeres blancas busquen relaciones sexuales con negros, animadores y otros.

Desde entonces, la palabra en sí se ha asociado con la idea de que la cannabis es peligrosa y una sustancia adictiva –no una hierba medicinal u holística–.

Si bien las palabras ‘cannabis’ y ‘mariguana’ suelen utilizarse sin mucha distinción, los contingentes vocales continúan prefiriendo la segunda opción para incrementar la desinformación y el miedo, y los científicos eligen la primera por practicidad –o carácter científico–. No obstante, Harborside se cuestiona: ¿sólo porque una minoría decida utilizar una palabra que, según ellos, presenta una rigurosidad científica, los demás deberían hacer lo mismo?

Retomando el origen de la palabra ‘mariguana’, los lingüistas encontraron que se creó en México. De hecho, en su libro Cannabis: A History, Martin Booth señala que la palabra pudo derivarse del náhuatl o incluso del slang de los soldados a la hora de referirse al “burdel” –María y Juana–. Es decir que la primera asociación de la palabra fue con algo malo, sucio, secreto; y ello se profundizó cuando la práctica de consumir mariguana trascendió las fronteras mexicanas en la segunda mitad del siglo XIX: los soldados y trabajadores de Latinoamérica que estaban llegando a EEUU fueron considerados como invasores que quitaban el empleo y el apoyo económico a los locales, que eran inferiores por provenir de tierras del ‘tercer mundo’ o ‘en desarrollo’, y se pensó que sus creencias culturales, políticas o religiosas eran sencillamente inferiores o que aumentaban el índice de criminalidad, entre otros. A partir de entonces la palabra ‘mariguana’ se expandió al grado de asociarla con los ilegales, inferiores, malos, sucios, otros.

De hecho, a pesar de la legalización del consumo terapéutico de la mariguana en diferentes estados de EEUU, los índices de detenciones por posesión de la hierba han aumentado, recayendo en los grupos minoritarios antes mencionados. En otras palabras, mientras que las compañías farmacéuticas ganan millones de dólares en la venta de cannabis, las minorías –como los latinos y afrodescendientes– son frecuentemente detenidas por “posesión ilegal” de la misma hierba. Tan sólo en el 2016 hubo 600 mil arrestos en EEUU relacionados con la mariguana –la mayoría de ellos en grupos minoritarios, por posesión de dosis pequeñas–; y de acuerdo con la American Civil Liberties Union, entre el 2001 y el 2010 la tasa de estadounidenses africanos arrestados por posesión de mariguana se incrementó hasta cuatro veces en comparación con la de las personas blancas.

Halperin explica que:

con la legalización, algunos estados y comunidades quieren ayudarles a limpiar su historial a aquellos que cargan consigo a los convictos por pequeñas dosis de cannabis. De hecho, algunas ciudades y estados están tratando de implementar programas de equidad para apoyar a entrepreneurs que fueron afectados por la lucha contra el narcotráfico y así prevenir que se integren a la industria.

No obstante, sin una toma de conciencia sobre el claro ejemplo de la jerarquía social y el uso adecuado del lenguaje –más igualitario, equitativo, justo y diverso–, la opresión hacia las minorías continuará imponiéndose como una poderosa tradición sobre las comunidades marginadas. Por ello es importante deconstruir la creencia alrededor de los estereotipos, cuestionar los privilegios de unos y aprender a escuchar a aquellas comunidades que han sido reprimidas:

Son estas comunidades –no los que hacen el negocio y lo comercializan– quienes tienen la autoridad moral para decidir si la mariguana es una palabra racista que debería ser evitada, o si debería ser utilizada como un recordatorio indispensable de algo más que un pasado racista.